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Jueves, 16 de julio de 2015

FUIMOS REYES, DE DEL MAZO Y PERANTUONO

Juego de tronos

Oscuro, informado, rico y flamante texto sobre Los Redondos.

 Por Javier Aguirre


Los catorce años que pasaron desde esa despedida no dicha que fue el último show de Los Redondos no parecen haber calmado ánimos entre las tres mitades de Patricio Rey. La pax ricotera ante el público (esa tregua verbal alcanzada tras la separación, con las carreras solistas) fue interrumpida este mes cuando Skay Beilinson sembró dudas sobre la enfermedad que, días antes, el Indio Solari reveló sufrir: “No sé si es verdad, él es un gran fabulador”, dijo el guitarrista al Diario de Cuyo. Y en esa desconfianza no sólo sugirió que no tiene el menor contacto con el Indio, sino también que ya no le cree ni siquiera la confesión que el cantante expresó en Vorterix, en la previa del estreno de su película: “Tengo una enfermedad que hay que tener en cuenta. Hay días que me quiero matar y días que ni se nota. Hay dolor, malhumor, es la vida... Es una cagada”.

Si las heridas entre Skay e Indio siguen abiertas es porque el mito ricotero sigue vivito y latiendo. Un mito de escalas desaforadas, que, como toda leyenda popular, dispara investigaciones y lecturas. La narración de los hechos y la interpretación del mito son parte del jugo de Fuimos reyes (Editorial Planeta), flamante libro de los periodistas Mariano del Mazo y Pablo Perantuono, que cuenta la aventura equinoccial de los Redonditos de Ricota en forma cronológica, desde los orígenes de bohemia violenta, vintage y sesentista hasta el monstruo de estadios, desangelado y federal de los noventa. Con cálida precisión para las buenas (discos, riffs, versos) y con fría crudeza para la más mala de las malas: la muerte del fan Walter Bulacio.

No hay monólogos envolventes, sino un centenar de entrevistas y fuentes: desde la sagrada trinidad Indio-Skay-Poly, hasta los músicos de la banda, técnicos y allegados. Tanto aporte conforma un coro multitudinario que resulta una sola identidad inmaterial... como Patricio Rey. Sin sobreentendidos y con la opinión de los autores como nexo entre los datos: muchos datos, lindos datos, desde los debates en la mezcla de Luzbelito hasta la noche en la que Indio habló tanto que le salieron ampollas en la boca.

Fuimos reyes es oscuro, informado, rico en links y en voces. Corre a un atrapante ritmo de documental. Y hasta tiene equilibrio: en la división de bienes afectivos, no resulta indiísta ni skaypolista, sino analíticamente ricotero. Una obra periodística... pero bien.

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