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Jueves, 6 de agosto de 2015

TEODORO CAMINOS HACE DISCOS AL ANDAR

Misterio estéreo

En Realización, el ex Atico destila un folk adherente y algo enigmático.

 Por Juan Barberis

A mediados de la década pasada, Atico era una de las bandas más personales y atractivas de La Plata. En medio de una escena post Cromañón encabezada por El mató a un policía motorizado, normA, Mostruo! y Villelisa, ese grupo de veinteañeros sutilmente histriónicos parecía seguir la tradición de Los Peligrosos Gorriones, trabajando su propia versión de la oscuridad, en canciones irregulares de guitarras incisivas. Sin embargo, en 2008, pocos meses después de lanzar Compañía, su disco debut, editado por Laptra y Mandarinas Records, el cuarteto que contaba con Agustín Spassoff en guitarra y teclados –hoy integrante estable de El Mató– y Teodoro Caminos en guitarra y voz, terminaba de forma repentina dejando un gran símbolo de interrogación con sabor agrio.

“Cuando terminamos con Atico me compré una guitarra acústica y me aboqué a eso”, dice ahora Teodoro, de 35 años, que durante un periodo considerable pareció recluirse como en un proceso de purga interno. “Nunca dejé de tocar, pero me sentía menos actualizado, participaba menos. Fue un valle en el que volví a escuchar otras cosas, como folklore y jazz, y pude dejar una impostación más del lado Bowie y sajón y bancarme los bifes de Spinetta.”

En medio de algunos proyectos ocasionales, Caminos se sumó a la banda de Javier Maldonado, con la que publicó dos discos y acumuló buen millaje en vivo, hasta que a principios de este año –junto al aporte en producción de Gastón Le, cantante y guitarrista de Un Planeta– terminó de darle forma a Realización, su primer disco solista.

Publicado por el flamante sello Dice Discos, este trabajo de seis canciones que rápidamente se posicionó como lo más atractivo de La Plata en el primer semestre del año, desanda la senda de un folk crepuscular, adherente y algo enigmático. “En primera instancia coqueteaba mucho más con la idea de hacer un disco caliente, en vivo, lo cual era contradictorio con mi situación porque no tenía un grupo”, detalla. “La idea era que fuera solamente guitarra acústica, batería, piano y contrabajo. Y al final, por cómo terminó dándose el proceso, me terminé encontrando con cosas nuevas.”

Las canciones de Realización cargan con un fuerte componente cinematográfico: son como pequeñas escenas en donde la voz algo autómata de Caminos dibuja situaciones sin tiempo aparente, sobre instrumentaciones cristalinas pero ligeras, sin demasiado espacio para la distorsión. “Supongo que fue un poco contestarle a Atico. Todavía dialogo con eso”, asume. “Pero me fui dando cuenta de que éramos cuatro, así que no iba a hacer algo ni mejor ni peor. Uno está atravesado por vectores históricos que la música reactiva, y nos sentimos nuevamente interpelados por vivencias y experiencias, pero ya no tengo que rendirle cuentas a nadie.”

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