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Jueves, 20 de agosto de 2015

LOLI MOLINA GRABO EL RUIDO DE ROTAS CADENAS

“En este negocio no importa si la gente es buena”

Rubí y la elección autogestiva de esta sirena virtuosa de la guitarra.

por Julia González

“El rubí es la piedra del corazón, es muy valiosa, como este disco que me llevó mucho trabajo y logré hacer de manera distinta a los anteriores. Es un tesoro que quise cuidar, y así lo entrego”, dice Loli Molina acerca de la concepción de su tercer disco, compuesto y producido de manera independiente. Dos años después de rescindir el contrato con Sony Music Argentina, Loli comprendió que tenía que ocuparse de Rubí desde otro lugar. Pulió su disco con talento y con esa gracia innata, compuso canciones de amor y desamor, y consiguió la piedra preciosa.

Loli, que hizo coros para Miss Bolivia y aún participa en La Grande junto a Santiago Vázquez, eligió nueve canciones homogéneas, tanto en el audio como en el concepto. La décima es Ludmila, de Spinetta. “Es un tema difícil y es muy claro que es una canción de amor que le canta un hombre a una mujer, era para mí un desafío. Sé que es un poco polémico, además del prejuicio que hay por ver quién versiona a Spinetta”, admite. Y confiada declara que hicieron un buen trabajo junto al productor Nacho De La Riega y la banda, conformada por Hernán Jacinto (teclados), Pablo Bendov (batería) y Hernán Segret (bajo). “Son los mejores músicos de la ciudad”, asegura.

El año pasado, Loli fue a México, invitada por Kinky, quienes buscaron sin suerte a la indicada en su país para grabar su Unplugged de MTV. Los mexicanos vieron videos de ella y supieron que tenía el don. “Ese día fue hermoso, conocí a mucha gente linda, como una familia”, cuenta la cantante. Después volvió para la gira en la que hizo 40 conciertos en 20 días, ya que abría los shows de Kinky y luego tocaba sola. Y así Rubí, que tendrá edición digital y también en tarjetas de descarga, saldrá también en México, por el sello Ropeadope Sur.

A los 20, y luego de ser descubierta por Juana Molina, Loli firmó contrato con Sony y en 2008 editó Los senderos amarillos. Tres años después, salió Sí o no, producido Tweety González. Al contrario de lo que pueden anhelar otros músicos, ella deseaba la independencia para cortar las cadenas que la limitaban, no sólo a cumplir las partes del acuerdo de un contrato, sino también a la clasificación de la mirada ajena. “Sufrí mucho el encasillamiento, no sólo de la música del folk y el pop, sino de la nena buena, la nena dulce. Son apreciaciones de los demás y está bien, porque la gente necesita encuadrar las cosas, pero yo era muy chica y no entendí por momentos cómo desidentificarme de eso, y me pesó”, expone y deja en laro que en el negocio de la música “no importa si la gente es buena”.

Los años trajeron madurez y aprendizaje a esta ex niña con voz de sirena. Y si bien Loli a los 20 ya era virtuosa con la guitarra clásica, nunca dejó de estudiar y de indagar a fin de dar con el autoconocimiento. “Siento que mi búsqueda es la de la integración. Están en mí Egberto Gismonti y Ricardo Iorio, la astrología, la guitarra clásica y el blues, todo eso: la oscuridad y la luz”, dice y atina. “Estamos muy acostumbrados a que la música es una cosa: el blues es triste, el metal es agresivo, el pop es tonto. Hay que buscar y expresar todo.”

* Jueves 20 en Sala Caras y Caretas 2037, Sarmiento 2037. A las 21.

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