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Jueves, 20 de agosto de 2015

A VER A DDT, UNA FIESTA INTERMINABLE

“Los pibes ahora están medio vagonetas”

Antes de celebrar los 20 años de Sexcalextric, Sharly, el mejor autor de slogans de su generación, repasa su plan exquisito de ironía y distorsión.

Por Santiago Rial Ungaro

Apenas pasaron cinco minutos de la hora pactada para la entrevista y Sharly aparece con Cecilia, la fotógrafa del NO. El líder absoluto de DDT llegó unos minutos antes y aprovechó para hacerse las fotos. Frenético y expeditivo, así es él, y no le gusta perder el tiempo, aunque a veces busca recuperarlo: este fin de semana revivirá Sexcalextric, un disco de Demonios de Tasmania de hace 20 años que devino en clásico, pero no por inercia. Guitarrista, compositor, manager, albañil, productor, motoquero y fundador del Dandy Rock Club, Sharly es además protagonista casi excluyente de Underground Yuppies, libro escrito por Virginia Guerreg (fan e integrante de DDT), que da cuenta de su fascinante y activa trayectoria, y de las aventuras de un artista que puede mezclar en la misma oración a Pierre Bourdieu y a Ricky de Flema.

Genio del collage, este flaco de campera de cuero y pelo larguísimo quizá sea el mejor autor de slogans de su generación: nutriéndose de un anacrónico y proteico “asado con el parquet”, haciendo del rock una juguetería y del glamour un verbo, sus andanzas enseñan algo invalorable: no hace falta tener plata para ser una estrella de rock. Pero hay que apiolarse, claro. Y arremangarse. Sharly: “Ojo con DDT, que hace cinco años que hacemos 35 fechas anuales. Cuando arrancamos estuvimos un año y medio esperando a que salga el disco, por cuestiones contractuales. Pero ya aprendí. Los discos se venden, yo siempre facturo, aunque estaría bueno facturar más para poder invertir más”.

Instalado en una casa de campo en zona norte, en estas dos décadas Sharly creó decenas de hits que se animan a mezclar lo que se le ocurra: su urgencia punk y su astucia para el sampleo y la electrónica bailable (desde finales del siglo pasado, ya con DDT como nombre) se conjugan con su gusto por la moda y su erudición histórica en un cóctel único y sumamente personal. Silicon Blues, uno de sus nuevos temas, es un ejemplo de su capacidad para mezclar sus inquietudes estéticas con una actitud política que podría ser considerada situacionista.

A Sharly le sigue gustando la idea de patear grandes asientos y de cambiarles el sentido a los objetos que lo rodean. Lo hacía ya en la época en que lideraba Demonios de Tasmania, grupo que amagaba arrasar con todo y que se ahogó en su propio vendaval de sexo, drogas y rock & roll. Claro que del naufragio el hombre aprendió bastante: “Me acuerdo que Daniel Melingo, productor del Sexcalextric, me gastaba: ‘Vos no sos músico, ni me quiero imaginar lo que debe ser una partitura tuya’. Y eso me llevó a averiguar y aprender a escribir partituras, aunque sea para registrar temas en Sadaic”.

Hace un par de años, cuando construyó su casa, le pasó lo mismo: “Aprendí de los albañiles cuando hicieron las primeras paredes”. Ya sea cuando se gastó mil dólares en fabricar en Caseros el primer disco de DDT (DDTroniks) o cuando decidió reciclar la banda en formato electrónico (hoy en día DDT actúa en ambas versiones, la tecno y la rockera), en cada una de sus decisiones Sharly siempre apostó por el rock guerrillero digital, a sabiendas de que cuando no se tiene nada, cualquier recurso es posible: “Los pibes ahora están medio vagonetas, la otra vez leía que la primera gira de los Stones por UK la hicieron en tren y que Keith Richards llevaba al perro. El capital simbólico en el rock se mide mejor con el tiempo, por eso ahora aunque capaz aún hay gente que no me conoce, otros nos comparan con MC5 o Grateful Dead. En nuestras primeras fechas invitábamos a cantar a Marcelo Pocavida, y en esa época la banda del momento era la que tenían Tommy Dunster y Matías Camisani porque eran modelos y estaban en la tele”.

Y si Sexcalextric cotiza a 500 mangos en sitios de venta online es porque, a esta altura, funciona como fetiche: “Pablo Galetto, el bajista de DDT, se había ido a Inglaterra y durante un show de The Cramps, el cantante había tirado su guante al público y justo lo agarro él: ese pedazo de plástico para nosotros era un fetiche. Y te puedo asegurar que para nosotros valía más ese guante que la camioneta que le regalaron a Chano de Tan Biónica”.

* Viernes 21 en Furor Fest, C. C. Matienzo, Pringles 1249. Desde las 21 junto a Placer y Francisco Bochaton.

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Imagen: Cecilia Salas
 
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