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Jueves, 10 de septiembre de 2015

MARIANA PäRAWAY Y JUAN ROMáN DIOSQUE

El cuento de la sirena y el delfín

Ella mendocina, él tucumano firmaron dos discos fabulosos, de los mejores de los últimos meses. Päraway hizo Hilario, donde la aridez de su tierra aliviana entre referencias acuosas, frases cíclicas y cantos de sirena. Diosque sacó Constante, con canciones montadas sobre música electrónica y una sensibilidad elemental, ancestral.

 Por Juan Barberis

* MARIANA PÄRAWAY TOCA EL JUEVES 10 EN LA APERTURA DEL FESTIVAL DE CINE LATINOAMERICANO DE LA PLATA (FESAALP), C.C. ISLAS MALVINAS, 19 Y 51, LA PLATA. A LAS 19. Foto: Cecilia Salas
* DIOSQUE TOCA EL VIERNES 11 EN NICETO CLUB, NICETO VEGA 5510. A LAS 21. Foto: Cecilia Salas

–Soy súper fan. Hace un montón de años que lo escucho, siempre me resultó algo rarito...

Imponentemente alta y de rasgos angulosos, Mariana Päraway se sienta en una mesa de café, en el lobby de un hotel de Puerto Madero, mientras habla de Juan Román Diosque, que está sentado justo enfrente suyo. Ambos artistas, provenientes del centro del país –ella mendocina, él tucumano– están presentando sus respectivos discos, Hilario y Constante, y coinciden en algo determinante: al comando de sus proyectos solistas lograron desarrollar una idea de canción propia, sensible y experimental, que conserva con recelo parte de sus paisajes y climas de procedencia, pero que al mismo tiempo se expande por el territorio latinoamericano con una extraña pregnancia, como adosados a una larga tradición. “Creo que mis canciones son las mismas que hizo el primer músico de la Humanidad”, dice Diosque. “Esa es la tradición: el sentimiento puro de la música, sin tonterías, sin sellos discográficos.”

Päraway, nacida como Mariana Porta hace 35 años en General Alvear, desde chica estudió guitarra y violonchelo y formó parte de las bandas de rock Prismales y Glamour, hasta que en 2011 se lanzó en solitario con la publicación de su debut, El tiempo. Ahora, mientras se desempeña como maestra de música para niños y lleva un interesante millaje a bordo de su proyecto, Päraway parece haber procesado en Hilario –su tercer disco, publicado vía Concepto Cero– esa sensibilidad algo naïf en canciones que condensan el folklore árido de su tierra con el efecto hipnótico de su voz de sirena, cálida y aterciopelada. “Hilario representa la unión, por eso la alusión a los hilos”, explica Mariana antes de embarcarse en una gira por Colombia. “Me pareció que no es casual que la gente se encuentre, hay algo que te une a las personas, y a veces es una mierda eso que te une y a veces está buenísimo, pero hay algo ahí, siempre.”

Por el lado de Diosque, el sendero fue similar. Nacido hace 33 años en Tucumán, tuvo bandas de rock hasta que a los 20 inició su carrera solista con I Can Cion, de 2007, en donde empezó pulir junto a una guitarra y una PC su perfil de artista cancionero-experimental. Ahora, con la aparición de Constante –también el tercer disco, publicado por el sello chileno Quema tu Cabeza–, Diosque se asoció con los integrantes de Michael Mike para llevar su música hacia un plano definitivamente electrónico, donde su guitarra se encuentra sepultada bajo capas de sintetizadores y teclados. “Me siento un músico electrónico, siempre lo he sido. Pero los instrumentos son sólo un medio entre los mensajes que queremos dar y la música resuelta”, dice Diosque, que está a punto de lanzar un simple con el tema Toca mis huesos, grabado con la mexicana Julieta Venegas.

¿El hecho de trabajar como solistas les dio más libertad para desarrollar una voz propia?

Diosque: A mí me vuelve loco la música desde que tengo uso de razón, y obviamente en la secundaria ya quería tener mi banda, era fan de Green Day, The Offspring, Nirvana. Tuve mi primera guitarra eléctrica, armé mis primeras banditas y esas cosas, pero cerca de los 20 me di cuenta de que tenía que seguir solo para siempre. Pensaba que éste era un camino muy difícil para estar acompañado de alguien que siempre esté con vos. Tengo mis convicciones, soy muy caprichoso trabajando en un estudio, me cuesta trabajar con otros. Por ese conocimiento previo decidí de entrada ser solista y rodearme de gente que admiro.

Päraway: Creo que depende de la historia de cada uno. Empecé a tocar la guitarra a los 16, por más que en mi casa siempre se escuchó mucha música y siempre quise tocar. Tuve una banda un montón de años y fue muy difícil la composición. A medida que íbamos creciendo se fue complicando, porque el primero que aprendía quería seguir sosteniendo todo el asunto y empezábamos a confrontarnos. Ser solista fue una buena decisión, de no querer más eso. Además empecé a hacer canciones que no pegaban con la banda, así que se dio medio natural y la decisión vino mucho después. Cuando estás solo, lo afrontás todo vos y está bueno.

Diosque: Los cuadros no se pintan solos, no hay un grupo de pintores que hayan hecho un Velázquez. No es que tenés que ser solista sí o sí, de hecho la música se toca de a muchos, pero un disco lo podés hacer solo.

¿Creen que en su música se condense algo específico del contexto en donde crecieron?

Diosque: Creo que mi música está dentro mío y yo hubiera sido el mismo en cualquier otro lugar. Seguro que el folklore y la cumbia me han influenciado, porque allá son fuertes, mucho más que acá, pero así también me influenció FKA Twigs, The Birthday Party... bandas que hubiera escuchado si hubiera sido japonés, italiano. Pero también aprovecho para apreciar las cosas que tuve la oportunidad de conocer, como el cerro, como Tafí del Valle, que me encanta y me parece lo máximo. Tengo canciones que hablan de la montaña como una Utopía, un sueño altísimo, al que solo pueden llegar los espíritus y los pájaros; me aprovecho de la geo-influencia, pero me parece que todo está dentro de uno.

Päraway: A mí me pasa un poco lo mismo. Ahora vivo en Mendoza, pero me he mudado bastante, entonces supongo que he ido recolectando información de un montón de lugares. Así como él le canta a la montaña como una Utopía, yo le he cantado al mar porque estoy totalmente alejada y porque allá la roca y todo eso es muy duro. Es difícil vivir en un lugar como Mendoza, que es desierto, que es tan seco, y eso sí influye en cómo son las personas ahí. En mi caso supongo que influirá en qué es lo que canto. Pero mi música tiene un montón de cuestiones del folklore que yo en mi vida he escuchado. En mi familia se escuchaban otras cosas, pero el folklore se ve que está dentro de uno.

Los dos vienen de experiencias de grabación que parecieron determinantes.

Diosque: Es la primera vez que hago algo tan conscientemente, tan planificado, como un crimen premeditado. Es la primera vez que dije: quiero trabajar con los chicos de Michael Mike sí o sí, me gustaría componer un poco con ellos, ir a un estudio, tener referencias de cómo me gustaría sonar. Esas cosas no las había hecho nunca y ahora me gustaría seguir trabajando así. Todavía compongo con la guitarra, pero decidí que en este disco tenía que estar bien atrás.

Päraway: Yo lo planifiqué un montón. El arte, las fotos, está todo unificado en un concepto o idea de trabajo. Se llama Hilario porque es como un diccionario de hilo, está todo entrelazado como las personas. Entonces empecé a utilizar frases de canciones en varios temas, empecé a unificar desde ese lugar y me gustó un montón trabajar así. Uno va aprendiendo un montón en el camino.

Diosque: Pero aunque esté más planeado o premeditado, siempre hay sorpresas. En algún momento siento que todos mis temas son iguales, pero eso ya no me importa: son iguales a mí. Y otra cosa con la que no tengo más prejuicios es con si una de mis canciones se parece a otra. Entre la inspiración y el plagio creo que no hay diferencia.

¿Existe esa inspiración divina o es sólo un estado en el que te entusiasman tus ideas?

Päraway: Yo creo que las dos. A veces es trabajo y trabajo, y otras algo que te llega de manera mágica. Está la inspiración divina y está la inspiración de escuchar cosas y que te llenen por dentro. En cada caso existe su proceso. En una canción de Hilario que se llama Oh My! estuve como cuatro años dando vueltas con un arpegio y de repente fue canción. Y con otras me tuve que levantar a las 3 de la mañana y las hice de un tirón.

Diosque: Si sos un compositor, un artista, y te dedicás a eso, podés estar semanas al pedo realmente desinspirado y con la cabeza en YouTube. Pero las movilizaciones internas fuertes son las que más te inspiran: que te deje un ser querido, que se muera, no tener plata, no dormir, un bajón de alcohol o cualquier otra droga... Te despertás mucho más sensible. Yo escribí las canciones que más me gustan en situaciones quebradísimas, de alegría y de pena; todavía estoy afectado por algunas cosas y hay canciones que me cuesta tocar. Estoy seguro de que los extremos en los artistas son inspiradores, cien por cien. Esas cosas te hacen escribir.

¿Tienen algún límite a la hora de exponerse?

Diosque: A mí muchas veces me doy vergüenza, ¿cómo llegué a escribir eso? En una canción o en el Fotolog. Pero no lo miro y sigo para adelante porque siempre voy a ser así. Pero al mismo tiempo decís: lo que te hace artista, lo que te termina de hacer artista, estoy seguro que es la vanidad. ¿Quién sos para pararte sobre un escenario y ponerte a cantar, que te tengan que mirar y encima pagarte una entrada? Más allá de que la gente se enamore de tu voz, como dicen los Decadentes, es una vanidad.

¿Se sienten comunicadores?

Päraway: No sé si es la palabra. A mí me parece que la música lo más importante que tiene que tener es que te movilice algo adentro.

Diosque: En un punto somos comunicadores, claro que sí. En realidad no me siento eso, pero la otra vez en Córdoba alguien me dijo que había escuchado a Michale Mike por mí, porque escuchó mi disco y yo había dicho que me gustaban, y se había enamorado locamente de ellos y ya no le gustaba yo, prácticamente. ¡Wow! La influencia que podés llegar a tener sobre un chabón. Eso es muy bueno. O que te lleguen a decir “Escuchá este tema, es re Diosque”. A mí me parece insólito, ¡no digas eso! Sin dudas somos comunicadores.

Päraway: A mí desde el lugar de la emoción me han escrito un montón de mamás embarazadas que me dicen que sus bebés se calman escuchando mi música. El otro día una me hizo llorar porque me dice: “Nació mi bebé y estábamos con mi novio como diciendo ‘Somos padres’ y él puso Sirena y nos pusimos a llorar”. Fue re loco eso. Más que la comunicación de datos, en mi caso ha ido más por ese lado. A mí la música me lleva a ese lugar, si algo no me hace efecto dentro no me gusta.

¿Cuál es la necesidad para hacer esto?

Päraway: Yo otra cosa no podría hacer. No podría no hacerlo, adentro mío hay algo que me empuja todo el tiempo. Aunque no tengas plata, laburás para esto porque hay algo dentro, que puede tener que ver con eso del ego. El ego es la parte buena que te impulsa a quererte, conocerte.

Diosque: Yo creo que el ego es algo muy positivo. Siempre está visto como algo malo, pero me parece movilizador y me parece que tiene que ver con el amor propio, que es algo que hace falta en este mundo. No es el egoísmo de hijo de puta, simplemente lo uso para hacer mi música y seguir adelante y que este fuego no se termine. En mi caso no podría hacer otra cosa, por más que yo tenga muchas veces otras cosas para vivir, voy a morirme de la música, estoy dispuesto a eso.

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