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Jueves, 5 de noviembre de 2015

EL LENGUAJE DE LOS TIEM-POS-MODERNOS

Posmopolitan

El escritor y agitador Agustín Pisani publicó un libro dinámico e intenso.

 Por Juan Ignacio Provéndola

Cuando (d)escribe su propia biografía, Agustín Pisani apunta su fecha de nacimiento e, inmediatamente después, aclara que “desde entonces no supo distinguir con claridad qué es la realidad”. Usa la tercera persona no como un ególatra que habla de sí sintiéndose otro, sino más bien como alguien que sabe que nada le pertenece. Ni siquiera las certezas más impuestas.

Pisani escribe cuentos y poesía, hace guiones para cine, teatro y videoclips, y produce a bandas como La Perla Irregular. Dice que necesita “moverse para saberse quieto”. Hombre de radio (está en la legendaria FM Atómika y también en las trasnoches de AM América), habla sin saber bien quién lo escucha. Por eso, asegura que Tiem-pos-modernos, su nuevo libro, “ha sido escrito para nunca ser leído ni oído”. Tal vez porque explota hasta lo insoportable la angustia de una existencia llena de preguntas sin respuestas. La duda es su combustible espiritual: “¿Hay origen o sólo repetición disfrazada de novedad?”, se interroga. Mejor no saberlo.

Los padres como símbolo de la autoridad universal, la fama, los libros, el yo y mi otro yo, la paciencia de las hormigas, la política y sus discursos, la fugacidad eterna de las estrellas, el conocimiento como patrimonio natural, los colores de una foto en blanco y negro y el hombre televisado las 24 horas (¿Dios es una cámara?). La existencia parece caber en esas 80 páginas de relatos breves, dinámicos, musicales, intensos. Pero, a la vez, irremediablemente incompletos: “La base de todo texto es la palabra. Y la palabra es limitante, porque ningún lenguaje basta para definirlo todo. Es, como mucho, una herramienta que nos encierra a construir una herramienta dentro de un cuarto sin herramientas. Un multiverso. Por eso, es necesario inventar otro lenguaje”.

En la búsqueda de ese nuevo código aparecen palabras resignificadas, como “cono-sí-miento”, “des-con-sola-da-mente” y “ademania” (el título de uno de los mejores relatos). Y, por supuesto, el nombre del libro: “Está inspirado en Tiempos modernos, de Chaplin, que fue un símbolo de la denuncia sobre la naturalización de paradigmas que se imponen”. Darío Sztajnszrajber aporta un exordio épico a modo de intro: “Lo cotidiano y lo existencial oscilan logrando que del relato más nimio nos elevemos para reflexionar sobre el Ser o sobre la Nada, que en definitiva es lo mismo”.

Pisani no se jacta de sus lecturas clásicas. Prefiere destacar a Mafalda y a Quino en general. “Me permitió vincularme con lo existencialista sin tanto prurito”, banca. Lo seduce el no—saber: “No hay que penar por ignorante, sino levantar la bandera que violente la razón. Quemar los argumentos, difamar la palabra”. El formato es galopante y matador. Por eso, hay que saber darle aire para sentir todas las texturas. Leer Tiem-pos-modernos es ir a la guerra. Contra uno mismo, sobre todo. Pero para eso, primero, hay que comprarlo: se consigue en la librería Guantes de Mimbre y Luz (Serrano 916) o con pedidos a [email protected]

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Imagen: Cecilia Salas
 
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