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Jueves, 19 de mayo de 2016

PONER AL ROCK DE MODA

Turismo social

La película de Banda de Turistas registra con textura clásica su plan de acción sobre el hit moderno.

 Por Luis Paz

La apertura de Plastic Beach de Gorillaz de fondo y el Wild Horses stone en una acústica, goles en la Play y pavoneo bolichero sobre el escenario, tucas de Tucán y modo-Ringo ON para Coipo, una tormenta perfecta, el backstage de un show de Skay y una zapada disco funk. Todo es convivencia en Banda de Turistas, uno de los pocos combinados musicales sub-30 incorporados al sinuoso mainstream latinoamericano, y aún así un claustro de pendejos compositores e intérpretes dispuestos otra vez a su impulso under de hacerlo solos, como hace una década.

Poner al rock de moda, de Santiago Chiarrere, que estrenará el 19/5 en el Gaumont, es tan posmoderna como su objeto de estudio: registrada en Super 8, 16 mm y digital, adopta el collage como dispositivo narrativo y distrae de la lógica tiempo-espacio, interrumpida por ligeros cortes ficcionales (Luis Luque por siempre en el corazón de los pibes), saturada, de a ratos reflexiva y a veces voraz. Banda de Turistas es así también: un combo de pop cancionero y de rock volador que en su primera década publicó cuatro discos y completó mil misiones en el juego de rol del rock en español, una dotación de fierecillas indomables de la noche porteña pre-flogger que sintetizó una estética entre el revival del rock de garage pos-Y2K y el indómito pop sónico.

Diez años de rutas y aún así terribles enfants del pop vernáculo, a los Banda de Turistas se los ve acá en la diatriba: en México, podrían laburar muy bien; vía sello/productora podrían pegar alto productor; pero después de Química, su hit regional patrón a la fecha, esta congregación de abrigos envidiables y estribillos fabulosos decide hacerlo por las suyas -a posteriori con su cercano Tuta Torres- y no comparecer ante reclamos de oficinistas de la música.

Sin embargo, no es en los momentos en que repasan credenciales (inserts inevitables del rockumental como género, acá resueltos forzozamente con una enumeración en la propia voz de los músicos) ni en esos donde sobreponen el libre albedrío a “el Contrato” que Poner al rock de moda gana relieve, sino en pequeños momentos perdidos de tocata y fuga, de fumata y joda.

Es en esos chistes, yeites, gestos, flashes, fills y coros en que se desarma el andamiaje y quedan solos, hombro a hombro, como cinco amigos que siguen haciendo la suya, viviendo de una música alimentada con diez años de intimidad. De a ratos, las canciones parecen excusa para estar juntos. En otros, es al revés. Unidos y organizados, el documental los dispone en otra palestra: como si los pibes de Cuenta conmigo protagonizaran Casi famosos.

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