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Jueves, 10 de noviembre de 2016

AUTOSTOP #7: CASABLANCA

Alisado marroquí

La parábola del rey Mohamed IV: de detener músicos por “satanismo” a premiar a bandas nuevas.

 Por Juan Ignacio Provéndola

Desde Casablanca
H-KAYNE

Al término de la edición del 2003 del tradicional L’Boulevard de Casablanca (la ciudad más grande del país), el rey Mohamed IV ordenó la detención de catorce músicos por cargos que iban desde “satanismo e inmoralidad” hasta “lucir camisetas negras”. Una posterior campaña entre fanáticos y algunos periodistas logró la liberación de los imputados, lo que en Marruecos equivale a decir que zafaron del degüello. Y el festival se convirtió, con el tiempo, en el evento de cultura joven más importante de un país gobernado desde hace cinco siglos por una misma familia, la Alauí.

Poco antes de las revueltas conocidas como la Primavera Arabe, Fermín Muguruza recibió un dineral de la cadena Al Jazeera –”la corpo” del mundo árabe– para producir una serie sobre la música de la región. El músico vasco dedicó un año entero a recorrer países del Magreb, el Golfo Pérsico y Medio Oriente antes de trazar la cartografía sonora de una región amplia y compleja, sulfurada por rencillas étnicas, la guerra del petróleo, los paraísos fiscales y la carrera nuclear. Fueron entrevistadas casi cien personas de Egipto, Líbano, Túnez, Siria, Kuwait, Bahrein, Yemen y Sudán, aunque el protagonismo se lo llevó Marruecos, donde Muguruza cifró la vanguardia cultural del mundo árabe.

Las tomas –grabadas de manera clandestina porque la policía exigía los datos de los entrevistados para aleccionarlos previamente– permitieron dar a conocer a una interesante cantidad de artistas marroquíes jóvenes y emergentes. Durante dos horas se suceden la Orquesta Chékara de la capital Rabat, los pioneros del hip hop marroquí H-Kayne –que en berebere significa “¿qué pasa”? y son de Mekness–, el rapero Bigg que canta sobre rezar cinco veces al día apuntando a la Meca tanto en francés como en dariya (“el árabe de las calles”) o mismo Khadija, Marima y Oum, populares muchachas en Marrakech.

El rey Mohamed IV, que en su vida fue a un recital vio desde alguna de sus quince mansiones reales el documental de Al Jazeera y así descubrió la escena joven que bullía en su reino. Como buen monarca, no pudo tolerar algo que estuviera por fuera de su voluntad y ordenó –a modo de bendición divina– premiar en las sucesivas ediciones del festival L’Boulevard a las cuatro mejores bandas con 25 mil euros cada una. ¿El pretexto?: “Su contribución a mejorar la cultura de Marruecos”.

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