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Jueves, 16 de agosto de 2007

AGUAS (RE) FUERTES

Noches

 Por Cristian Vitale

  • 11 pm. Es la noche más fría del año. En la tele, el tipo que da el tiempo muestra los colmillos y comunica una sensación térmica abismal: tres grados bajo cero. No nieva pero parece, porque el aguanieve hiela la sangre. Dos opciones: alquilar Pink Floyd en las ruinas de Pompeya (¿otra vez?) y vaciar el legui que mora desde el invierno pasado en la mesada, o esperar que el 128 modelo 75` –amotinado por el frío– arranque de una vez. Media hora de bombeo y el motor, histérico, al final dice que sí.

  • 1 am. Ya es domingo. En el borde entre Avellaneda y Lanús, Gerli City está sitiada por tribus suburbanas. Punkies bribones esperan por Topos en Falá; rockeritos con gorro de lana, por Bichos Raros; y Pancho Caribe, habitual a esa hora, está sitiado por viejos gateros en busca de una presa fácil. La mesera atiende en una tanga azul carcomida por los glúteos y el ojo semiótico y baboso de los habitués, se clava siempre ahí: en el ojo que mira al magma. Todo es demasiado previsible acá. Opción pirar.

  • 2.30 am. Makena. Palermo. Sitio calmo. Tocan Los Mojitos. Bolero eléctrico, ranchera mexicana, historias losers y mesas largas. Hay amigos, familiares y fans de la primera hora, pero en el acto se dice “mirá cuando digamos yo estuve ahí”. Tal vez sea un logro: Los Mojitos –futurología– darán que hablar.

  • 3 am. Niceto. Hay una banda sonando. Ni idea, pero está Javier Malosetti ¡en batería! El rubio gigante la toca muy bien, pero la gente espera el punchi-punchi étnico a la moda. Fin del show. Ronda de chicas rubias que no miran a nadie. Baile. Agua. Pastillas. Aburrimiento. Rutina; escape. 3.45 am. Teatro de Flores. Contraste con las dos noches en que Almafuerte presentó Toro y Pampa. Se llaman Fiestas Plop! Dos chicos, 20 años, se están comiendo a besos en la barra. Se tocan la cola, se acarician, pero nadie mira. Muchos nenes –pañuelo al cuello, ojos pintados– sostienen globos rosas. Se empujan, corren y se desesperan con temas de Shakira: ¡y saben todas las letras! Parece un festilindo gay, mientras Maluco Beleza –-vaya novedad– es un bodrio.

  • 4.15 am. Barsucho de San Telmo. Clásico. Dos posters de Bob Marley, cuatro de Pink Floyd y cincuenta de Led Zeppelin. Suena Dazed and Confused y la cerveza –nueve pesos la Wasteiner– pega psicodélica a esta hora. Ojos chinos. Mística setentista. Charla de borrachos. Amistad rocker.

  • 4.30 am. Sitio vecino en el que no se puede caminar de tan chiquito. Alberto Verenzuela, el de la Bersuit, acoda la barra con un trago y se escucha un viejo tema de The Clash: es Cristian Aldana pasando música. ¿Lo tenían? Alguien, metro noventa y pico, se está chamuyando una gringa hermosísima –tal vez irlandesa– y la invita a correrse 20 metros: Mitos Argentinos. A esa hora no se puede caminar. Mayoría alcoholizada y el musicalizador va a lo seguro: Piojos, La Vela, Redondos, Stones. Es la clase trabajadora divirtiéndose. Rareza: acá todavía se saca a bailar y se chapa grueso.

  • 6.15 am. Regreso. Los primeros camiones del día esquivan autos en zigzag. El 51, repleto, devuelve a los lindes suburbanos a los cumbieros de Constitución y la cresta de la ola, ya sin plata, es el Panchos 95 de Pavón. Un paty y una coca bajativa salen seis pesos... la lechuga, a esa hora y en ese lugar, es la más rica del mundo.

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