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Domingo, 22 de enero de 2012

SALI

A comer en carritos al paso

 Por Carlos Godoy

A la sombra del planetario

El puestito del tío, con los pies en la tierra

El puestito del tío, ubicado a metros de la avenida Lugones, sobre Dorrego, es una marca indeleble en la gastronomía de la zona. Este carrito cuenta ya con once años de historia, y todas las mañanas es atendido por su dueño, Oscar, mientras que otros dos empleados se hacen cargo de los turnos de la tarde y la noche. Más allá de la informalidad obvia que conlleva estar sobre la calle, todo se ve muy tranquilo y ordenado, aceitado como el funcionamiento de una familia que se conoce desde hace tiempo. De hecho, el carrito se mantiene en el mismo lugar porque ya es un agregado del paisaje barrial. Como las rotondas, los árboles, la parquización y el omnipresente Planetario. Es otro atractivo que suma y convoca a los que hacen deportes o a los que simplemente pasean por allí. Así, se ven sentados en las numerosas mesas sobre el pasto clientes con indumentaria deportiva que almuerzan luego de hacer ejercicio en el parque, y también familias enteras que se acercan en autos o solitarios que llegan en motos.

De la comida no hay mucho para decir más que, si hace once años que mantiene la clientela, debe ser definitivamente buena. Choripán, morcipán, sandwich de vacío, de bondiola, churrasco, hamburguesa. No hay favoritos, todos comienzan a salir a eso de las once de la mañana y siguen saliendo hasta las doce de la noche, siempre acompañados, a elección del comensal, por variedad de salsitas recomendables para probar con el mismo ímpetu que un sabor de helado nuevo.

No se trata simplemente de comer un sándwich de carne recién hecho y al paso. Se trata de vivir una experiencia. Acomodarse, solo, acompañado, en familia, bajo la sombra de los árboles si es de día, disfrutando del viento fresco que pasa a través de los árboles si es de noche. Y, en ambos casos, sentir por un momento que se está en un lugar diferente de los habituales que ofrece la ciudad. La clientela, sean oficinistas, taxistas, vecinos, e incluso parejas en plan de una salida romántica y gasolera, aprovechan el paisaje y la comida por muy bajos precios.

El puestito del tío es tan popular que hasta tiene página de Facebook, donde sus fans dejan comentarios y recomiendan el lugar. También suele estar incluido entre los mejores choripanes y sándwiches de bondiola de la ciudad, en muchas de las más conocidas guías de turismo, que le reconocen ser un bastión de la Buenos Aires real. Esa que no necesita de diseño de interiores, de polos gastronómicos o de mozos cancheros. Tan sólo de buena carne y abundante chimichurri. El puestito del tío cumple con esta premisa.

El puestito del tío queda en Av. Dorrego 4050 (entre Figueroa Alcorta y Lugones). Horario de atención: lunes a domingos, de 11 a 24.


El río, la costanera, los aviones

La parrilla de José Luis, una postal de Buenos Aires

Todo porteño con una idea básica de la demografía de la ciudad lo sabe: para comer un sándwich de bondiola al paso hay que enfilar hacia la Costanera, en especial a la porción que está frente a Aeroparque. Allí, la costanera tiene una doble particularidad. Por un lado, permite ver los aviones que salen y aterrizan, otorgando al paisaje un cierto aire de romanticismo ruidoso, de vacación y de escape. Por el otro, se descubre la imponente orilla del Río de la Plata, con todo lo que eso incluye: barcos que arriban al puerto, el gran muelle del Club de Pescadores, parejas caminando de la mano y varios individuos con sus cañas de pescar en las barandas de la Costa, sin demostrar pruritos por la contaminación del agua. Lo que se dice un paisaje típico en la ciudad.

En la cabecera sur de la Costanera, justo frente a Aeroparque, se encuentra La parrilla de José Luis, un carrito amarillo que tiene doble remolque. Uno sobre la vereda, el otro sobre la calle. El carrito es de los más pintorescos: tiene bombitas de luz que cuelgan desde los chapones que hacen de techo y caen como en las ferias de las películas. Hay sillas para sentarse para comer y mirar el río que parece mar.

José Luis, el propietario, lleva muchos años en el negocio. Su familia, unos 45 años atrás, supo tener otro carrito cerca de la dársena en la que se encontraba Ski Ranch. Hoy, José Luis administra el carrito que lleva su nombre, y se muestra como un verdadero entendido tanto en lo que respecta a los números como a la preparación de la carne.

La bondiola la hacen a la plancha o a la parrilla, lleva sal y limón. Según aseguran, es más sabrosa y sana que la hamburguesa porque es un corte muy noble. Eso sí: hay que cocinar la carne a más de 70º, para luego servirla con pan francés.

Como José Luis vive en Mataderos, trae todas las mañanas carne fresca y bien seleccionada desde su barrio. La clientela oscila, al igual que en toda la zona, entre empleados del aeropuerto, familias que van con sus hijos más chicos a ver despegar los aviones y mucho taxi que busca aquí un descanso al deambular diario. Obviamente los mediodías son los más agitados y los fines de semana llega toda la gente que sale a pasear por la Costanera para distenderse. Buena parte del éxito de la propuesta se basa en una política de precios más que accesibles. La vedette de la casa es el sándwich de bondiola con salsa criolla, por $14. Un plato generoso, capaz de competir con cualquier fast food internacional, y salir ganando en la pulseada.

La parrilla de José Luis queda en cabecera sur de la Costanera, frente a Aeroparque. Horario de atención: lunes a domingos, de 12 “hasta que se vaya toda la gente”.


Un hombre de barrio

El carrito de Puppo, donde reina la bondiola

Hace unos pocos meses, algunos medios gráficos y de televisión sacaron a luz un debate gastronómico sobre la popularidad creciente y decreciente de algunos platos de la comida rápida argentina. La principal pregunta en discusión fue: ¿el sándwich de bondiola está destronando al choripán? La respuesta de los dueños y vendedores de los carritos fue contundente: el 90% de los clientes piden hoy sándwich de bondiola. Según esta estadística callejera, muy pocos siguen fieles a su estilo conservador pidiendo el que en su momento supo ser el sándwich telúrico más popular del fast food local, el consabido choripán.

En El carrito de Puppo, ubicado en el barrio General San Martín, a metros del campus Migueletes de la Universidad San Martín, piensan lo mismo: el sándwich más popular del momento es el de bondiola. Las razones de este cambio son varias, pero sin duda la principal es que este corte de carne genera más tranquilidad en el cliente, ya que no esconde nada: es 100% carne de cerdo, un animal que además goza de una estimación creciente (con recomendación presidencial mediante). En cambio, pocos saben qué hay realmente dentro de un embutido. Y la sabiduría popular sabe que, como mínimo, tiene una presencia más avispada de bacterias.

El carrito de Puppo es una marca en el barrio. “¿Quién de los vecinos de San Martín no se comió nunca un sándwich al paso en El carrito de Puppo?”, pregunta por ejemplo un grupo de Facebook que junta fans del lugar, los que no dudan en contar sus aventuras e historias personales relacionadas con este local. Estudiantes de la universidad pero también de escuelas secundarias vecinas, taxistas y remiseros, familias completas, señoras que compran allí el almuerzo y lo llevan a sus casas. Todos ellos pasan cada día por El carrito de Puppo, haciendo crecer su nombre. Y todos recuerdan a Puppo como un personaje entrañable que supo conquistarlos, con su amabilidad y su tenedor.

La especialidad de la casa muestra a las claras que no se trata de un destino dietético: la Bondiola Super Panceta, un sándwich enorme difícil de terminar. Más aún si se lo acompaña de papas fritas. Pero no sólo de bondiola vive el hombre. Los muchachos que atienden aseguran que, por ejemplo, el sándwich de vacío, por $16, sale bastante, e incluso es lo que más se pide por delivery. También hacen mucha propaganda de las salsas caseras, que aseguran que son el gran secreto de El carrito de Puppo. Desde criolla a chimichurri, pasando por provenzal y otros sabores intensos.

Un carrito barrial, carnes contundentes, precios amigables. Una trilogía difícil de vencer. Una trilogía que tiene un ganador.

El carrito de Puppo queda en Perdriel 3490, Barrio General San Martín. Teléfono: 4713-7870. Horario de atención: lunes a sábados, de 12 a 23.


Fotos: Pablo Mehanna

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