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Sábado, 24 de diciembre de 2011

VALE DECIR

McBolivia, ¡kaputt!

En 2002 pasó lo imposible: un país derrotó al acorazado de comida rápida más famosa del planeta. Después de cinco años de intentar acomodarse al mercado local, el payasito se quedó sin chistes y McDonald’s tuvo que cerrar las ocho sedes que había abierto en las tres principales ciudades de Bolivia: La Paz, Cochabamba y Santa Cruz. Ahora, un documental –recientemente estrenado en la nación gobernada por Evo Morales– intenta explicar cómo fue la génesis y el desarrollo del hecho sin precedentes. Bajo el título ¿Por qué quebró McDonald’s en Bolivia?, el director Fernando Martínez explora las razones que derrotaron a las hamburguesas mejor recibidas del mundo.

“La cultura le ganó a una transnacional, al mundo globalizado”, adelantó el realizador a la BBC que, para su trabajo, entrevistó a historiadores, nutricionistas, sociólogos, chefs y al que fuera dueño de una de las franquicias, Roberto Udler. Todos coinciden: los motivos no pueden hallarse en el Big Mac en sí, el Cuarto de Libra y otros protagonistas de la cadena. No. El fracaso sólo puede deberse a los consumidores bolivianos.

Aunque muchos hayan justificado el cierre por los precios de los menúes (el doble de cualquier comida típica), los especialistas creen que el apego de los ciudadanos por los productos de la tierra y el valor que les asignan a los platos de largas horas de cocción habrían sido los verdaderos disparadores. Y eso que McDonald’s intentó torcerles el brazo, con aderezos autóctonos (como la salsa llajwa) o melodías folklóricas. Pero no hubo caso. Las papas fritas, sundaes, McNíficas y Angus no pudieron con las empanadas, el pan con queso, los silpanchos y los majaditos.

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