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Domingo, 22 de abril de 2012

VALE DECIR

Cómo me hice rata

Por alguna extraña razón, el escenógrafo Yann Falquerho está convencido de que, a veces, la gente quiere vivir como una mascota enjaulada. La evidencia no niega su hipótesis; al fin y al cabo, su hotel Hámster Villa es un éxito. Desde su inauguración en 2009, su “concepto único” es prestar atención a un nicho poco explotado: aquel que ofrece a los huéspedes la experiencia de comer, dormir y jugar como un hámster.

Así, por 150 dólares la noche, el francés y su socio Frederic Tabary alimentan con semillas, dan de beber a través de tubos, disponen pila de aserrín a manera de colchón y ofrecen una rueda gigante en cada habitación para echarse a correr. Como bonus, hay disfraces de roedores para humanos obsesivos de interpretar bien el rol.

Ubicado en la ciudad de Nantes, el hotel está emplazado en un edificio que data del 1700 y ofrece jaulitas como habitaciones, a las que se accede a través de una escalera. Atractivo para niños y adultos, Yann sostiene que el interés por la propuesta se mantiene gracias a la idea de “convertir a las personas en animales” y no descarta ampliar la empresa replicando hábitats de otros animales. “Casas especiales de perros o gatos pueden volverse populares”, piensa en voz alta.

Y agrega: “Cada vez que alguien viene a hospedarse, le preguntamos ‘¿Por qué quieren entrar en nuestra casa?’ y la respuesta siempre es la misma: ‘Es tan extraño que quería verla. Nunca he estado en un lugar donde pueda convertirme en hámster’”.

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