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Domingo, 13 de diciembre de 2015

CINE > SE ESTRENA LA PELíCULA DANESA CUANDO DESPIERTA LA BESTIA, UN THRILLER FEMINISTA CON AIRES DE LICANTROPíA

MUJERES QUE CORREN CON LOBOS

 Por Ariel Alvarez

Marie es una chica lánguida, de rasgos extraños y mirada triste. Se sienta frente al médico, quien le examina el pecho, la espalda, las encías. Arreglan una nueva cita. Marie vuelve a su casa. Allí la espera para cenar su padre, junto a su madre, una mujer enferma, confinada a una silla de ruedas, sedada a diario, lo que la mantiene en un estado casi catatónico: hay que darle de comer, bañarla, atenderla todo el tiempo.

Marie se viste con un mameluco para su primer día de trabajo en la empacadora de pescados, la única salida laboral en ese deprimente pueblo pesquero danés. De pronto sus compañeros la arrojan a un piletón lleno de cabezas de pescado podridas. Es un ritual de iniciación. Marie no entiende la crueldad y está cansada de su vida. Hasta aquí, Cuando despierta la bestia (traducción en versión libre del título original Når dyrene drømmer, Cuando los animales sueñan), la película danesa que llega a las salas locales la semana que viene, parece un film de realismo social europeo. Pero de a poco todo cambia.

La chica extraña descubre que ha heredado la rara enfermedad de su madre: los síntomas empiezan con peculiares marcas en su cuerpo y pelo que le crece en el pecho. Se está transformando en un monstruo. El debut del director danés Jonas Arnby es, entonces, el relato del penoso proceso de transformación de una joven licántropa. Pero esa es sólo la punta del iceberg.

No es una historia de hombres lobo (o en este caso una mujer lobo) convencional: de hecho la palabra licantropía nunca se nombra, se presupone. No es una película de terror. No, en este drama la violencia y lo que de verdad asusta pasan por otro lado: por el miedo de los hombres a la sexualidad femenina.

La también debutante actriz Sonia Shul interpreta a Marie, esta joven fría, casi inexpresiva, de personalidad aparentemente delicada, y su actuación la convierte en la heroína de este thriller feminista, que es de lo que se trata esta película: la lucha de una mujer que se enfrenta a un pueblo por no querer negar su naturaleza. Una metáfora de lo femenino que a los ojos de los hombres aparece como algo incomprensible y peligroso, algo que puede cambiar el orden de su mundo conocido.

Es por eso que tiene que ser controlada y es aquí cuando el animal que vive dentro de ella se despierta para defenderse y cambia el ritmo de la película: Marie no acepta tener el mismo destino de su madre (Sonja Richter), convertida en un vegetal por las drogas que el médico y su padre (Lars Mikkelsen) le suministran.

El guión escrito por Rasmus Birch presenta diálogos minimalistas: de a ratos es una película muda, llena de secretos. Muy poco se sabe acerca del mal que acosa a Marie y de la conspiración que el pueblo entero mantiene en torno a ella y su madre. Los abusos de los cuales es víctima por parte de los hombres del lugar son violentos ataques sexuales que pretenden ser disfrazados de bromas pesadas. Y esto es destacable en el guión: las agresiones son a su condición de mujer, su transformación es la excusa de los cobardes.

Esta trama hace inevitable las comparaciones con otras películas que quizá Arnby haya tomado como referencia: Spring (2014) de Justin Benson y Aaron Moorhead, la historia de un hombre que mantiene un romance con una mujer que también es una especie de animal ancestral asesino, y más claramente con Trouble Every Day (2001) el film dirigido por Claire Denis y protagonizado por la feroz Béatrice Dalle, quien encarna a una misteriosa mujer caníbal que es encerrada por su marido médico: él cree que puede curarla.

Arnby también sigue la línea de algunas de las películas de terror escandinavo de las últimas décadas, donde lo sobrenatural se muestra como un problema médico y se mezcla con la existencia, ya de por sí complicada y triste de la clase trabajadora europea, una especie de fin del sueño de la seguridad social en Europa del norte: la clase baja es temida como si se tratara de algo contagioso. Vampyrer (2008), es un ejemplo. En esta película sueca dos jóvenes hermanas también sufren un mal congénito que les trasmitió su madre (única vía de contagio): solo pueden beber sangre, no toleran la comida, se mueven de noche por una ciudad vacía y son perseguidas por un grupo de skinheads. O la perfecta Let The Right One In (2004), dirigida por el sueco Tomas Alfredson, que cuenta la amistad que Oskar –un niño de doce años que es víctima de bullying– entabla con Eli, una “niña” vampiro que es su vecina. Viven en un monoblock sombrío y se encuentran de noche para jugar en la nieve y compartir sus vidas destrozadas por los adultos.

Pero lo que destaca a Cuando despierta la bestia es el tono directo con el que Arnby habla acerca de los problemas de las mujeres en un mundo lleno de violencia machista que intenta dominarlas, y deja, por momentos, todo lo sobrenatural a un costado: “Me estoy transformando en un monstruo, y quiero tener mucho sexo antes de que eso pase. ¿Crees que podés ayudarme?”, le dice Marie a Daniel, el compañero de trabajo de quien se enamora (interpretado por Jakob Oftebro, conocido por su papel en Kon-Tiki, nominada al Oscar como mejor película extranjera en 2012). Él será el único que ayude a Marie: es el personaje puesto por Birch en el guión para aclarar que no todos los hombres son misóginos.

Desde lo visual la película es impecable: un pueblo golpeado por el mar de una belleza desolada, con grandes espacios vacíos que a la vez asfixian: da la idea de que no hay escapatoria. De seguro Arnby usó todo lo que aprendió como integrante del departamento de arte de Bailarina en la oscuridad (el film dirigido por Lars Von Trier con Björk), su trabajo más reconocido hasta el momento.

Cuando despierta la bestia es un relato íntimo, crudo, inteligente despojado de toda pretensión, un muy buen comienzo para Jonas Arnby que supo usar los códigos del cine de terror y cambiarlos para hablar de una mujer que se ve amenazada no sólo por la enfermedad, sino que además se enfrenta a un mundo hostil que intenta controlarla. Pero Marie no quiere ser domesticada. Quizá no pueda serlo.

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