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Domingo, 22 de mayo de 2016

A BRILLAR, BOMBÓN

 Por Martín Pérez

Según le contó Marcos Camino a Lalo Mir durante la visita de Los Palmeras a su programa Encuentro en el estudio, la idea fue de su esposa. Fue ella la que le sugirió al acordeonista y miembro fundador del grupo de cumbia santafesina que hicieran una versión de “La bestia pop”, uno de los temas más antiguos de Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota. A su esposa le pareció, señaló Camino, que el público de los Redondos y el de la música tropical tenían sus similitudes. Confesó que a él le gustaba el tema, pero los que no quisieron saber nada con la idea fueron sus músicos. Por entonces Los Palmeras estaban dejando listo un disco que abriría con una nueva grabación del gran éxito del grupo, “El bombón asesino”, y Camino quería incluir también el tema de los Redondos, pero no había caso. Cuando hicieron una pausa en la grabación para ir a tocar en Entre Ríos, a participar de la celebración por la llegada de la Primavera, el acordeonista vio su oportunidad: les pidió por favor a sus compañeros que sacasen aunque más no sea un par de estrofas para incluir en medio de algún enganchado de temas, y poder así chequear la reacción del público. Ante 40 mil personas reunidas como todos los 21 de septiembre en las barrancas del Parque Urquiza de la ciudad de Paraná, una década atrás el grupo sorprendió tocando por primera vez apenas un esbozo de lo que terminaría siendo su versión de “La bestia pop”, y el público explotó. “Todos se sabían la letra”, recordó Camino, y lo mismo sucedió hace un par de fines de semana durante el recital de Los Palmeras en La Mágica, la bailanta que –semana por medio– acerca la música tropical al barrio de Palermo. Claro que ya no despierta ninguna incredulidad o sospecha que el grupo estrella de la cumbia santafecina interprete uno de los clásicos de esa leyenda única del rock nacional que son los Redondos, sino que la versión se ha convertido en un clásico en sí mismo, que incluso cuenta con la entusiasta aprobación de sus autores originales, el Indio Solari y Skay Beilinson. Por eso hoy, cuando se va a ver a Los Palmeras, se está yendo a ver tanto al grupo de “El bombón...” como a los que cantan “A brillar mi amor” con ritmo de cumbia. Pero, a pesar de tanta naturalidad, del espacio en la cultura popular finalmente ganado –y compartido–, la aparición de “La bestia pop” sigue generando ese segundo de estupor, un instante de vacío, que se llena con la explosión, con el entusiasmo, con el reconocimiento. Al menos los chicos y las chicas de La Mágica empezaron a saltar un poco más alto con cada “A brillar”. Y a corear un cómplice y juguetón “Vamos, vamos Los Palmeras”, llenando la ahora tradicional pero en su momento tan extraña melodía... ¿oriental? del himno ricotero. Más de treinta años atrás, cuando alguno de los primeros temas atribuidos a Patricio Rey llegaban a sonar ocasionalmente en la radio –en programas como 9 PM, conducido justamente por Lalo Mir junto a una jovencita Elizabeth Vernacci–, quienes compartían el secreto disfrutaban de sentirse parte de un extraño contrabando de sentido. Ya sea inquietando a los que se consideraban rockeros con un sonido crudo y extraño (¡y oriental!), como a los que no sabían nada de rock, pero podían sentirse interpelados por letras que convocaban múltiples significados. Esa sensación, ese vértigo traficante, es posible volverlo a sentir cuando el ruludo Rubén Deicas canta inmutable al frente de Los Palmeras eso de “Voy a bailar el rock del rico Luna Park/ y atomizar la butaca y brillar/ como mi héroe, la gran bestia pop”. Versos que no tienen sentido dentro de los códigos de la cumbia, pero que para un rockero de aquella primera época hacen referencia inequívoca a Billy Bond y su rompan todo ante la mirada incrédula –y luego censora– de Tito Lectoure, todos nombres perdidos en un tiempo que ya fue, pero que también se eterniza cada vez que la ceñida poética del Indio encuentra una caja de resonancia. Aunque siempre se negó a explicar el sentido de sus canciones, la única vez que accedió a recorrer uno por uno los temas del debut –en una nota para la revista Cantarock, con la firma de Claudio Kleiman–, el Indio aclaró que “La bestia pop” encerraba una mirada irónica sobre el grupo y el medio en el que se desempeña, es decir, sobre los Redondos y sobre el rock. Una burla cariñosa, que puede estar convocando a brillar como ironizar sobre la imposibilidad de hacerlo. Y esas mismas opciones son las que se invocan, cómplices, cada vez que se lo deja sonar. Cada vez que bailamos el rock del rico Luna Park, cada vez que se enciende en sueños la vigilia, cada vez que afirmamos saber que hay caballos que mueren potros sin galopar. A pesar de tanto clásico castrado por la repetición, de tanto sentido esterilizado por el uso, emociona como aquellas primeras veces constatar que hay algo en “La bestia pop” que se mantiene increíblemente vivo. Y entonces sí, a brillar. O reírse de no poder hacerlo.

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