radar

Domingo, 13 de noviembre de 2016

MUSICA > ASES FALSOS

Himnos al amor

Los chilenos de Ases Falsos tienen influencias tan diversas como Franco De Vita, Juan Gabriel Virus y Charly García: entre el rock y la canción melódica, el humor y la melodía, son una de las bandas fundamentales de su país. Acaban de editar El hombre puede, disponible online, vienen a tocar y en charla con Radar, su líder Cristóbal Briceño habla sobre el rock argentino, su hiperactividad y sus insólitas letras.

 Por Juan Ignacio Babino

Se dice que en julio de 2014, el día que Ases Falsos publicó su segundo disco y lo liberó para su descarga, la enorme cantidad de tráfico virtual hizo que el sello Quemasucabeza tuviera que cambiar algunos transistores y máquinas. Más allá de cuánta verdad o mentira esconde la historia, la anécdota sirve para entender un poco el lugar y el peso que ha ido ganando la banda en el actual panorama musical de Chile.

La historia de Ases Falsos se remonta hasta 2005, año en que Cristóbal Briceño, Simón Sánchez y Héctor Muñoz forman Fothers Muckers. En una suerte de segunda vida (seis años, cuatro discos y tres eps más tarde) cambian el nombre por el actual. Y en el epicentro de ambas está Cristóbal, cantante, guitarrista y principal compositor. Él dice: “Imposible que haya sido un cambio sustancial, pues mantuvimos al grueso del personal y sabemos que las personas podemos cambiar pero que al mismo tiempo no cambiamos nunca ¿no es así? Pero por otro lado, claro que intentamos contar un cuento nuevo; sino para qué tomarnos la molestia de hacer que nuestra anterior banda se suicidase”. Hoy día, después de algunos cambios de integrantes, la formación que ya lleva varios años se completa con –además de los ya citados Simón Sánchez en bajo y Martín Del Real en guitarra– Daniel de la Fuente en batería y Francisco Rojas, teclados.

Juventud Americana (2012) fue lo primero que editaron bajo el nuevo nombre, con aquella tapa que es toda una definición: una foto de Juan Gabriel con los ojos a pura luz, todo vestido de rojo. “Es de las luces más cegadoras a la que jamás me he expuesto. ¿Cómo un gusto podría no ser genuino? ¿O es qué todavía creemos en los placeres culpables? Es que si te hace sentir culpa, entonces no es placentero. ¡Claro que me conmueve y lo disfruto a rabiar!”. En 2014 editaron Conducción –aquel que colapsó la web de su sello–. Esta vez todo el diseño, el arte de tapa y las imágenes internas que acompañan cada una de las canciones, está hecho a través de pinturas del francés Jean-Léon Gérôme. Y entre ambos discos puede configurarse la grafía sonora y musical de Ases Falsos: canciones con un definitivo corazón melodioso y pop, el falsete irresistible de Cristóbal bien al frente. Pulso firme, marchante; líneas que rayan con el rock, con el sonido de los ochenta; cierta oscuridad, cierto groove, cierto pos punk. En todo: un sentido enorme y descarado de la melodía: de esa que te arrastra, te carga encima, te lleva. Para dar cuenta de ello vale volver, por ejemplo, a canciones como “Salto Alto”, “Séptimo Cielo”, “La gran curva”, “Nada”, “Al borde del cañón”. “En tiempos de tanta facilidad para oír música, me resisto a definirnos, a predefinirnos antes de siquiera una escucha. En palabras simples: es rock latino, ustedes saben de eso. Me gusta muchísimo el ´Buen Día Día´ de don Miguel Abuelo”.

Juan Gabriel, entonces, toda una definición: porque las composiciones de Briceño tienen mucho de canción melódica. Cursi, si se quiere. Pero aquí, lo que suele así llamarse, es material noble en la hechura. Sin ningún tipo de problemas ni tapujos. O, mejor dicho, cargándose todo eso y desarmándolo suavemente, como una nube chocando contra la punta más alta de la Cordillera. Por ejemplo “Simetría”, donde bajo una guitarra de pulso folk canta: “Te amo de manera insensata y verdadera/ imprudente y convincente, fluye contra la corriente/ no hago caso al comentario de la gente, que no tiene antena para lo que siente” para luego plantar en la mitad de la canción: “y como un pajarito que se ve en medio de un rito/ tengo que tener cautela no romper la frágil tela/ que te cubre y te protege de la gente”.

Él dice e insiste que no configura su lenguaje en modo irónico: “El chiste está justamente en la falta de diseño o, mejor dicho, en la improvisación, en la Gracia, con mayúscula. En la sorpresa, en el olor de una hoja de cedrón que de pronto te golpea. Siempre estoy dispuesto y atento a un momento gracioso”. Pero cierto es que su letrística tiene mucho de eso: de crítica sarcástica, llena de humor ácido. Por ejemplo: una canción dedicada a un jugador de fútbol congoleño que termina en Chile (“Dime africano, ¿qué estás haciendo por acá? ¿Qué te parece el español? ¿Fue drama la alimentación? Toma mi mano/ Venir es fácil, volver no tanto/ Compartiendo una fumada nos vamos a entender, viajero” en “Venir es fácil”), cierto canto contra la autoridad en “La sinceridad del cosmos”, donde dice “dime si has visto alguna vez a un animalito defender a la policía sin estar forzado/Tanto el pastor alemán como los caballos tienen el instinto atrofiado, como los soldados”. Él comenta: “puede entenderse como una especie de himno anarquista, una canción infantil o un jingle de supermercado. Como sea, a mi no me importa. Y ahora que lo pienso, tampoco me gusta la canción”. Y así de sarcástico es al decir: “Este país es un colegio de monjas. Y no de los buenos”.

De aquel lado la prensa no se cansó de ubicarlos como la continuación generacional de algo así como Los Prisioneros-Los Tres-Los Bunkers. Y de este lado, se puede rastrear allí a Soda Stereo, Virus, Miguel Mateos. “Virus es la que más me identifica, los admiramos mucho. Soda nunca me gustó, principalmente por auto imposiciones adolescentes de lo más estúpidas. Es una bandaza. Pero el que realmente me hace reír y llorar es Charly García. No hay nada cómo él, ni habrá jamás”. Y, entusiasmado, agrega: “Lo tengo en mi set personal de Jesucristos”.

Aquellos dos primeros discos son, ciertamente, más desmesurados: muchas canciones, largas. El hombre puede –recientemente publicado en tiendas virtuales y disponible para libre descarga a través de su web– suena más condensado, todo aquel manantial compositivo en su justa medida.

Y Briceño no puede parar. En paralelo mantiene y participa de varias bandas y proyectos: los dúos Niágara y Los mil jinetes (“una pareja muy quitada de bulla”), Las chaquetas amarillas (“rock simple y liviano de espíritu, para disfrutar y envejecer terso”), además de sus ediciones y caprichos solistas, más o menos piratas: Deja un rato piola (2014, co editado aquí en casete por los sellos locales Fuego Amigo Discos y Polvo Bureau) y Cuerpo a cuerpo (2016), La estrella solitaria (“pura música romántica en español, sólo joyas”) y Amigo de lo ajeno. Allí pueden encontrarse, por ejemplo, canciones que llevan por título “Corazón granadín”, “Fuiste un trozo de hielo en la escarcha”, “Nuestro amor será un himno”, o también versiones de Federico Moura, Litto Nebbia, Albert Hammond, Facundo Cabral, Marco Antonio Solís, Eros Ramazzotti, y Franco de Vita y Augusto César, en canciones que también cantaron, por ejemplo, Ricky Martin y Chayanne. “¡Ases Falsos es mi flagelo obrero! Mis lugares más amables son aquellos que están más a la sombra, por supuesto”.u

Ases Falsos se presenta el viernes 18 en Doble-T (La Plata), el sábado 19 en el Festival Otro Río (Rosario) y el domingo 20 en el Teatro Caras y Caretas 2037, Sarmiento 2037, a las 20.

Compartir: 

Twitter
 

 
RADAR
 indice

Logo de Página/12

© 2000-2017 www.pagina12.com.ar | República Argentina | Política de privacidad | Todos los Derechos Reservados

Sitio desarrollado con software libre GNU/Linux.

Logo de Gigared