Dom 09.05.2004
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MODA

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Montaron un desfile con una sola modelo sobre la que superpusieron toda la colección al mismo tiempo. Acuchillan maniquíes. Publican panfletos contra las modelos top. Usan retazos de colecciones viejas. Y hasta lanzaron un perfume envasado en un frasco imposible de abrir. Ya eran estrellas antes de vender una sola prenda. Y hoy son los favoritos de clásicos como Lagerfeld e iconoclastas como Rei Kawakubo. Sepa quiénes son Viktor & Rolf, los holandeses que sabotean a fuerza de arte las pasarelas del mundo.

Por Victoria Lescano

Los holandeses Viktor Horsting y Rolf Snoeren hicieron el camino opuesto a los demás couturiers: empezaron desarrollando ropas y conceptos satíricos sobre el mundo de la moda en galerías y museos para recién después saltar a las pasarelas; del mismo modo, lideraron la lista de los diseñadores favoritos sin haber vendido una sola prenda ni tener una boutique.
Desde que egresaron de la escuela de arte Arnhem, en 1993, sus acciones de moda remiten a maniquíes acuchillados y otros literalmente ahorcados por lazos de satén, panfletos contra las modelos top, la puesta en miniatura de una hipotética tienda V&R y un perfume sin olor envasado dentro de una botella símil Chanel Nº 5 que es, además, imposible de destapar –y que aun así vendió las 200 unidades de su edición limitada.
No tardaron en aplicarles rótulos como “Los Gilbert and George de la moda” o “Los nuevos surrealistas”. Y ellos no dejaron de renovar sus títulos. En 1994 bautizaran PVC o “Ropa pasiva y violenta” a la colección experimental con variaciones para deformar vestidos y siluetas. Hicieron muestras conjuntas de moda y fotografía junto a Inez Von Lambeede y Vinohd Matadin (sus compatriotas y pioneros en difundir el estilo holandés en las páginas de la hiperexclusiva revista Visionaire). En 1998 la galería parisina Thaddaeus Ropac tituló “La apariencia del vacío” el homenaje que V&R rindió a Dior y Schiaparelli, con vestidos y pantalones dorados desarrollados con errores de corte y confección y plasmados en papel de envolver regalos.
Su primera aproximación a las pasarelas de verdad se produjo en julio de 1999, anticipando el invierno 2000, y tuvo la osadía de mostrar una sola modelo –Maggie Rizer– parada en un pedestal y sobre la que superpusieron una colección entera de vestidos y abrigos bordados en finos cristales: la mannequin parecía una santa matrushka. Cuando no tuvieron dinero para puesta ni desfile idearon un afiche con la pancarta “Viktor & Rolf de huelga”, que distribuyeron entre los editores de moda. Todos guiños que lograron la complicidad tanto de un purista de la alta costura, Christian Lacroix, como de la radical Rei Kawakubo.
El acting más reciente del dúo consistió en la edición de un catálogorevista compilando todas las apariciones en la prensa de moda durante la década de existencia de la marca. Hay recortes de publicaciones especializadas como la Vogue francesa y norteamericana, el Sunday Times, Purple Prose, Jalouse y Self Service. Y su publicación coincidió con una retrospectiva celebrada entre octubre de 2003 y enero de 2004 en el Museo de la Mode et du Textile de París.
Entre sus páginas se encuentra una fotografía que muestra el sorprendente y casi pasmoso parecido físico entre ambos. La foto está tomada en 1993 en ocasión del desembarco en París, más precisamente durante su participación del certamen para jóvenes talentos de Hy’eres, cuando pregonaban las virtudes de “Boot”, una instalación con ropa del 1800 convertida en harapos. Ellos rodean esos raros atavíos vestidos de manera muy simple: Viktor, con una camisa de estampas escocesas fuera del traje y chaleco sastreril; Rolf –algo regordete–, con camisa en composé con la de su coequiper de diseño (no se cansan de afirmar que no son novios pero que tal vez lo fueron), un pantalón blanco, cinturoncito negro y zapatos marrones. Imágenes tomadas a V&R diez años más tarde los muestran más abocados al cuidado estético: Rolf se sumó a la ola del fitness que llegó a la moda y comparte las mismas gafas y el mismo corte de pelo de Viktor. Para sacar partido del raro efecto que provocan, decidieron ser los modelos exclusivos de Monsieur, la colección para el invierno 2003-04 que en un gesto muy V&R mostraron ya no en Roma o Milán sino en una antigua estación de trenes de Florencia: con la ayuda de un valet se calzaron y desfilaron trajes de ejecutivos, universitarios, tuxedos en denim y satén de raso, remixes de estilo militaria consombreros con pompón detectivesco y jacqués en color arena con estampas de galeras.
El listado de sus clientes, que a mediados de 1990 sólo tenía al Groninfer Museum (la entidad que habitualmente les compra cinco trajes de cada colección) y al Central Museum de Utrecht (les encargó la realización de los uniformes de sus guías), creció cuando, en el invierno 2000, decidieron quebrar las barreras del arte y hacer una producción industrial que de inmediato se vendió en veinte cadenas de los Estados Unidos. Se inspiraron en la ropa deportiva y el estilo casual norteamericano, tuvo jeans, joggins y remeras con un sello símil lacre con sus iniciales y también pantalones, vestidos y chaquetas con estampas de las estrellas y las rayas de la bandera estadounidense. Resultó la primera colección de “moda lista para usar”, con jeans cotizados en 70 libras y chaquetas en 300, y accesibles si se las compara con las 4000 libras de costo de sus demás atuendos, que en ocasiones colgaron de los percheros de una tienda de rarezas en Londres durante varias temporadas hasta que finalmente se vendieron.
En octubre de 1998, y a modo de vaticinio para la moda 2000, dibujaron una rara silueta llamada Atomic Bomb Shape y presentaron trajes de chaqueta y pantalón cuyos exteriores –con patchworks de rescates de algodones que habían sobrado a Coco Chanel y a la casa Balenciaga en los ‘60– recordaban los trajes de arlequín. Otra marca de fábrica fue la inclusión de exagerados rellenos en los torsos de las modelos. Mientras que la prensa especializada los comparó con una célebre colección de Comme des Garçons llamada Dress Meets Body Meets Dress, Rei Kawakubo estuvo encantada de prestarles ropas de su marca para que ellos lucieran en el saludo de cierre del desfile.
Para la primavera 2001, los tuxedos y las camisas con jabot cambiaron las campanitas por los ruedos y los cuellos rematados en cintas doradas y plateadas y una puesta en escena con modelos con perfectos peinados garçonne y guantes que, en claro tributo a los musicales de los ‘40, desfilaron con pasos de zapateo americano.
El dramatismo se acrecentó con la colección Black Hole (Agujero Negro), presentada en el Museo de Arte Decorativo de París, en marzo de 2001, ocasión para la cual V&R pintaron sus caras de negro con el mismo betún chic que el eximio maquillador Stephane Marais destinó a embadurnar los rostros, cuellos y extremidades de las modelos. La ropa osciló entre vestidos en homenaje a las mejores galas de Balenciaga, Dior y Chanel en negro absoluto y camisas de cuero con jabot y jeans al tono.
Después de tanta oscuridad diseñaron en blanco y con citas a los trajes de comunión y bodas (la cantante Björk escogió uno blanquísimo y muy ornamentado para cantar en París), y llevaron la severidad azul de los uniformes colegiales a tuxedos hasta que en diciembre de 2002 interpretaron estilos estivales con la colección menos Viktor & Rolf de la historia de V&R. En ella rescataron las flores más extrañas y maximalistas de la botánica, llevaron sobredosis de margaritas, hortensias, rosas y peonías concebidas como estampas de vestidos con líneas de los ‘70 y faldas de gitanas, que aportaron a las modelos un aire de divas flower power cruza con fisuradas de Woodstock devenidas reinas de discotecas del 2000. Pasó que mientras los asistentes al desfile destapaban los diminutos frascos con agua de rosas, las modelos bailaron cual poseídas por un ritual vudú. “Les dimos algunas instrucciones sobre las coreografías, pero ellas realmente se pasaron de copas”, declararon los diseñadores, intentando justificar la sobreactuación.
El ascetismo volvió a las pasarelas en One Woman Show, la colección invierno 2003 que se presentó en un parque industrial de París. La única mujer en cuestión fue la actriz Tilda Swinton, cuya voz y un manifiesto sobre la identidad sirvieron de banda de sonido al desfile. Tilda transitó la pasarela vestida en traje negro y camisa con corbata blanca y variaciones de camisas con hasta ocho cuellos encimados que le dieron un aire mas andrógino que los trajes que usó en el film Orlando. Al cierre posó rodeada de dieciséis modelos vestidas, maquilladas y con el pelo rojo a su imagen y semejanza. Ellos declararon a Harper’s Bazaar sobre los conceptos de diseño: “Quisimos sintetizar los elementos más representativos de nuestras ropas, los juegos con las capas, el volumen, la sastrería, lo masculino y lo femenino. Tilda es nuestra musa desde que hace dos años apareció en nuestro estudio de Holanda buscando un traje para asistir al festival de Cannes. Descubrimos que las ropas tomaban otro sentido en su cuerpo, algo así como si ella diera vida a nuestros diseños”.
Esa temporada el fuego cruzado de elogios continuó en una entrevista a la revista ID, donde la actriz declaró: “El corte de Viktor & Rolf es genial y, como los dibujos de Rafael, uno no puede figurarse cómo fueron trazados. Si bien se inspiran en los diseños para Hollywood de los vestuaristas Adrian y Edith Head, los comienzos de Yves Saint Laurent y los excesos del estilista del glam rock Freddie Burretti, los resultados no se parecen a nada conocido”.
Las últimas noticias sobre Viktor & Rolf indican que en 2005 lanzarán una fragancia, esta vez verdadera y apta para ser descorchada en coproducción con la firma cosmética L’Oreal. Mientras tanto, cuando no diseñan variaciones sobre la ropa masculina ni estrategias para subvertir la etiqueta de las pasarelas, suelen viajar a Escocia para visitar a su amiga Tilda, a quien afectuosamente llaman The Glorifier (en relación a un término que en la jerga perfumera se aplica a los perfumes de prueba) y también a sus hijos Honor y Xavier, los mellizos de cinco años que los dejan jugar con su colección de autos y ya declararon ante la prensa de moda y arte: “Viktor & Rolf son nuestros mecánicos favoritos”.

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