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Domingo, 5 de mayo de 2002

PERSONAJES

El milagro argentino

Con su grupo Flor de Piedra inventó lo que hoy se conoce como la “cumbia villera”. Ahora, con Damas Gratis llenó el Luna Park, desembarcó en Latinoamérica y llevó la música tropical a una nueva dimensión. Pero él sigue viviendo en Villa Esperanza y haciendo “música para los negros”. A los 24 años, Pablo Lescano habla de su rol como gurú de este fenómeno incontrolable, de las mentiras alrededor de la música villera, de la jerga que parece haber inventado, del enfrentamiento con los chetos, del ambiente familiar de sus conciertos y de las diferencias irreconciliables que tiene con Los Pibes Chorros.

 Por Sandra Russo

Por Santiago Rial Ungaro

“Yo quiero tomar”, canta Pablo Lescano, cantante y compositor de Damas Gratis e ideólogo de la cumbia villera, y hace un silencio. El público, en el Luna Park o en cualquier otro baile cumbiero, responde: “¡Cocaína!”. La canción, muy conocida, sigue: “Me compro una bolsa y estoy pila-pila”. En el escenario del Luna, al igual que en la popular, algunos niños pequeños bailan y cantan ésta y todas las demás canciones. Lo que hace más extraña y bizarra la escena es el clima en el que transcurre todo. Hay un sentimiento alegre y tranquilo. Todo fluye con gran naturalidad, en un ambiente armónico y festivo, negro y cumbianchero. Y sano: la gente que está viendo el show es gente humilde y apenas logró juntar la plata para la entrada. A pesar entonces de las arengas (“¿Adónde están los fumancheros?”, “Que venga el viejo de la bolsa”, “Solo me queda por tomar aspirinas” y demás frases de sus fascinantes hits tóxicos) el público es más sano que el de cualquier recital de rock y que el de cualquier pista de baile. La gente baila y canta, las palmas de todos arriba-arriba-arriba y.... ¡vamos los pibes! Es un juego. Nadie puede negar que están colocados, pero por la música, por el swing perezoso, lento, desaliñado, rara mezcla de cumbia colombiana, reggae, ska con un sonido tecno: al teclado de Lescano, con su sonido gordo, viscoso y efervescente se le suma el uso de la pedalera de parte Ricardo Cejas, el guitarrista fumanchero, y el wing del octapad de Angel Navarro (acusado de homicidio) le da un sonido digital pero cálido; un hallazgo sonoro efectivo y contagioso, que se expande (en Bolivia y en Paraguay sus fans crecen día a día) y amenaza con convertirse en un Boom Latinoamericano.

EL PRODIGIO DE VILLA ESPERANZA
Ante el fenómeno, complejo e incontrolable, las simplificaciones: escandalizarse ante la amoralidad del grupo (el sexo casual es una de las otras constantes en las letras); opinar con sarcasmo por cómo desafinan; o soltar gestos superados ante el infantilismo de algunas letras. Todas estas actitudes, que a menudo se toman a la hora de analizar Damas Gratis, sólo son pistas que muestran el desconcierto ante algo original, tan auténtico como decadente. Pablo Lescano, con su teclado colgado y sus arengas, está comandando junto a su banda una ceremonia cumbiera, una celebración pagana y si desafina en el sentido armónico convencional, también es cierto que logra afinar de una forma más sutil: Damas Gratis es un grupo de cumbia psicodélica que vuelve loca a la gente. Lescano grita: ¡Damas! Las (y los fans) responden: ¡¡Gratis!! Su música genera un efecto, al punto tal que grabaciones hechas en su portaestudio han dado la vuelta al país en versiones piratas antes incluso de salir editadas.
“Yo hago música”, dice Lescano en su casa de Carupá, en Villa Esperanza, cuyo nombre parece prometer las esperanza de una revolución productiva, una revolución cumbiera, psicodélica y villera. Claro que lo de psicodélico va por cuenta del periodista. “¿Cumbia psicodélica?”, pregunta Lescano. “No sé qué es eso, no conozco esos mambos de Capital”. Lo que sí conoce Pablo Lescano son los “mambos” de Zona Norte. Ahí mismo, de casualidad nomás, está de visita en su casa (en realidad la casa de sus padres y sus abuelos), Roque, un amigo del barrio con el que Lescano empezó a tocar a mediados de los ‘90 en Capricho de Luna. Para él y para todos, Lescano es “Pablito”, un pibe que ya de adolescente sentía pasión por la música, y por un género musical en particular: la cumbia colombiana. Damas Gratis es un producto, pensado como tal para un público bien definido, que necesita bailar y divertirse: un público cumbiambero. Y la eficacia de este producto radica en su autenticidad, en su orgullo y en un fuerte sentido de la identidad: en una visita no guiada por el barrio (buscando un locutorio en el cual ubicar a Lescano, que a la hora señalada no estaba en su casa), a un par de cuadras de la casa de Pablito están sus tíos escuchándose unas cumbias y bailando en la calle. Ellos fueron losque lo iniciaron a Lescano en la cumbia colombiana, haciéndole escuchar a músicos como Andrés Landero y Niceto Molina, música “re-cabeza, que no conoce nadie”, grabaciones que “sólo los negros conocen”. Démosle la palabra a Roque, que a mediados de los ‘90 invitó a Lescano a tocar teclados en Capricho de Luna. “Todo lo que él hace pega. Eso es lo que tiene Pablito: en el grupo los temas de punta eran todos de él”. ¿Por qué? “Porque tiene picardía. Es una persona muy despierta, pero a la vez muy dada, buena persona”, dice mientras Lescano busca y encuentra unos micrófonos para su viejo colega; sale y entra y vuelve a salir y vuelve a entrar permanentemente requerido por su gente. Y qué gente.
Mientras sirve y convida una coca cola, Lescano me habla de sus tíos: “Son re-jedientos”. Así como Lescano no conoce “esos mambos de Capital”, la Zona Norte tiene su propia jerga y sus propios códigos: “Jediento es una palabra que inventamos acá en el barrio. Son los pibes que están de caravana, tres días sin dormir, todo cortados”, dice y muestra un dedo envuelto en una curita, “con barba, con la remera en la cabeza porque tenés todo el pelo sucio. Eso es ser jede”. La máxima expresión de “lo Jede” son los Jedientos del Rock, grupo de amigos de Pablo, que es el productor de la banda: “Ellos son 11 y Damas Gratis somos 5”, resume en términos musicales. Sin embargo, pocos músicos dan la impresión de ser tan limpios y tan celosos de su imagen como Pablito Lescano, algo así como el Marc Bolan de la cumbia. “Estas zapatillas las compré en México”, dice, ante los halagos que recibe su vistoso calzado. “Eso es algo de negro: querer tener lo que nadie tiene”. Otra de las curiosidades de Damas Gratis es la moda de los equipos de gimnasia, que se van expandiendo desde la Zona Norte a todo el país. “Yo iba a la tele a tocar con Amar Azul y era el único que tocaba con equipo de gimnasia. Me dije: voy a hacer la mía; si pega, pega y si no, bueno, ésta es la mía, andar con equipo de gimnasia, andar así. Hacer esta música. Lo mío siempre fue componer. Y desde que empecé ya hacía canciones con las cosas que me pasaban. Muchas de las canciones de Damas Gratis salieron de un accidente que tuve: choqué con la moto y tuve una fractura expuesta. Estuve 6 meses en cama y todos los días tenía que tomar Ensure, una lata de yogur con vitaminas. Yo te puedo asegurar que si vos tomás ahora no vas a querer tomar nunca más en tu vida. ¡Es horrible! Y le cantaba a la enfermera: Yo quiero tomar, vitamina”.

MIRA ESE GATO CASCOTEADO
Las letras (llenas de referencias “a lo que le pasa hoy en día a la juventud”, frase con la que trata de resumir su postura) son otra de las cuestiones que hace de Damas Gratis un grupo polémico. “Yo no hago apología de nada. Cada chabón lo toma como quiere. Yo prendo el teclado y ahí empiezo. Y me inspiro en lo que me pasa, o en la gente que me rodea. Uno que dice: Tiene la carretilla indomable. Y eso va a parar en un tema. Después, otra vuelta, un productor del Canal 2 me señala una rubia que andaba por ahí y me dice: Mirá ese gato cascoteado. Esas cosas. Lo de Vamos los pibes lo gritó por primera vez el Oveja, uno de los más jedes del barrio, en Gesell. Ponelo, por favor, que se va a morir. Son boludeces, pero tenés que buscarle la forma para que pegue”. Consciente de eso, la nobleza de Pablito Lescano pasa porque cada uno de esos gritos surge con espontaneidad. “Yo no ensayo. Nosotros no fuimos al Luna Park con una lista armada. ¿No viste que yo tocaba un tema y aparecían los trompetistas corriendo atrás y se ponían a tocar? Es todo una gran sanata, a la que de tanto tocar estamos acostumbrados. Nosotros vamos a la tele y nos miramos entre nosotros y la pregunta siempre es: ¿con qué tema empezamos? Pero cuando vamos a grabar, ahí sí ensayamos un día antes, sacamos bien los punteos y después vamos a grabar. Lo mismo con los ¡Vamos los pibes!. A veces lo digo y a veces no. Si llevás algo muy preparado en general es falso.” Esto, que explica el por qué las grabaciones en vivo de Damas Gratis son mucho mas interesantes que las de estudio, es también una de las claves de su sonido. El grupo, alrededor del carismático tecladista, se sitúa en la nada: nadie sabe qué va a pasar ni qué tema viene. Hay que estar atento y dejar que el ritmo tropical fluya. La música, en última instancia, está compuesta por vibraciones, y en contacto con el vértigo de la escena Damas Gratis logra un sonido grotesco, desarticulado pero exuberante y emotivo. La capacidad del grupo para remixarse en vivo tocando fragmentos de sus hits es el sello iniguablable de Damas Gratis, algo que no pueden imitar las decenas de grupos que los copian (entre los que se destacan, claramente, Los Pibes Chorros). Guste o no, el talento de Lescano, inventor y productor del grupo pionero de la cumbia villera, Flor de Piedra, Amar y Yo, y de interesantes exponentes de la cumbia colombiana como Jimmy y Su Combo Negro, es innegable. La cumbia villera es la vanguardia de la música tropical. Claro que, evidentemente, la contracara de esta excepcional intuición de Lescano es cierta inconciencia sobre lo que está cantando. Algo que, por otra parte, él mismo admite: “Yo no soy un analista. Simplemente lo siento y lo canto, no pienso en el mensaje que doy. Y creo que lo que me pasa a mí es lo que le pasa a la juventud hoy en día. Por eso no hay canciones de amor, porque para la juventud eso se perdió. Por más que hay amor, ahora es distinto. Tal vez lo ve un gil o un grande o uno que se sienta todos los días a ver Hadad o ‘Rumores’ y se escandaliza”.
Aunque tenga los pies sobre la tierra y a esta altura, con sólo 24 años, ya sea parte de la historia de la cultura tropical, Pablo Lescano no se preocupa por cosas tales como leer algún libro: “Yo no leo. Olvidate. ¡No leía en el colegio voy a leer ahora! Igual que firmar autógrafos. Prefiero que me den la mano”. O que alcen las manos. O que meneen la cola y que muevan el culito: la música de Damas Gratis es música bailable y expresa la legítima intención de divertirse del pueblo argentino. Y como tal, sus letras, en general, se ajustan y quedan encerradas en la lógica de ese género, en el que las arengas sexuales y hasta violentas (“Esta noche hay que festejar, a un cheto vamo’ a matar”) se suceden junto a los chistes obscenos propios del género. Pero, paradójicamente, la inquietud y la perplejidad la terminan generando algunas de sus mejores letras: “Los dueños del Pabellón”, por ejemplo, es una clara muestra del poder revolucionario de este pequeño gran héroe de la cumbia villera: “Ahora nosotros tomamos el control: somos los dueños del pabellón”, arenga Lescano en uno de sus mejores temas, banda sonora ideal de la anarquía Argentina. O “El pibe de barrio”, en el que se reflexiona sobre si es “justo hacer sufrir a tu vieja/ por un dinero prestado/ si no te lo saca la ley/ te lo saca tu abogado”. En esos momentos, lo que impresiona de Lescano es su sentido común.

PARA LOS GILES QUE LO MIRAN POR TV
Su imagen pública está, por el momento, asociada a sus participaciones de Siempre Sábado, en el que el grupo alcanza momentos de gloria, como en su recordada participación junto a Los Auténticos Decadentes, con quienes compartieron varios shows y hasta lo invitaron a que aportara su teclado mágico para el disco de remixes del grupo. Pero esas excepciones, Pablo Lescano casi no va a la televisión: “Yo no soy un Süller. Todos los otros boludos van para hacerse fama, para hacerse conocidos, para figurar. Se están colgando del barrilete. Y la gente no es boluda, saben por qué no voy a esos programas. Lo que pasa es que lo más fácil es meter a todos en la misma bolsa, pero si vos querés hacer una labor periodística, prendés la tele, anotás los grupos que hacen boludeces, ves de qué sello son y les sacás la ficha a todos. Ves a pelotudos que agarran el bajo así, con toda la mano y saludan a la cámara. Una de dos: o tocás o mandás saludos. Los que quieren escuchar mi músicaestán adentro del baile, no mirando la tarde de Rial. Además, te hacés famoso y después tenés un montón de problemas, se meten en tu vida privada. A algunos programas voy, pero cuando se quieren ‘descansar’ conmigo, no voy. ¿Para qué? Si para mí son giles”. Pablo Lescano no es ningún gil. Por eso es que canta: “Quieren bajarme y no saben cómo hacer/ porque este pibito no va a correr”. Sabe que es un pibito y que la gente lo eligió, a él a y sus canciones. Y que su originalidad se confirma por la cantidad de grupos que lo copian. “Eso no lo pongas que me lo afanan”, dice después de decir una nueva frase ingeniosa. “Por ahí no tiro muchas frases porque después viene otro músico y las graba. Frases nuevas no tiro más. Además, lo que me da bronca es que me copien las cosas más vulgares. Si a vos te gusta la música, creá algo que sea productivo para la movida tropical. Sale Rodrigo y la pega y... ¡salen 20 grupos de cuarteto! Por ahí, si lo harían con estilo, todavía, pero no, ni ahí. Te da bronca, porque la gente le agarra idea a la movida tropical. ¿Pibes Chorros? A ver si nos damos una idea: cumbia colombiana, se escucha en Zona Norte, de General Paz para acá. Y ellos son de Berisso”.
Por su parte, Lescano se las ha ingeniado con sus producciones de hacer distintos tipos de cumbia. “Pero la gente, que no sabe, compra a cualquier gil que imita a esas bandas, o que tal vez ve que tienen el bucito de gimnasia. Yo una vez vi un disco que decía: La Guerra de las Villas. ¿Qué guerra, tarado? Eso es alguna campaña publicitaria de alguna compañía. ¿Dj Yacaré? Ese es un pescado al que no lo escucha nadie. No es cumbia, es marcha. Esa no es música para los negros”. A pesar de todas estas disputas, el tatuaje que tiene Pablito en el pecho, que dice “100% Negro Cumbiero”, tiene hoy en día tanto valor social como lo tuvo en su momento el “I’m Black and Proud” (“Soy negro y orgulloso”) de James Brown en los ‘60 para los afroamericanos y tiene alcance para millones de negros cumbieros, sean de la villa que sea y toquen bien o toquen mal. Una cuestión de identidad, tanto cultural como social. “¿Sabés cuál es la onda? Yo siempre escuché cumbia. Eso es algo que mucha gente tal vez no sabe, pero yo no escuchó rock ni nada”, explica el pibe de oro. “La cumbia se lleva acá adentro, en el corazón”, decía Lescano, exaltado, en un programa de televisión. “Esto es para los giles que dicen: Yo escucho cumbia, pero para joder”.
En cuero, con su teclado al hombro y su tatuaje en el pecho, Lescano arremete una vez más con el comienzo de uno de sus temas, mientras los negros, una vez más, levantan las palmas arriba y arriba: “Todo empezó haciendo temas para que la vagancia se divierta. Después se fue todo de las manos y llegó a donde llegó. El que está acostumbrado a escuchar Damas Gratis sabe que 18 minutos de Damas Gratis es como un discjockey poniendo los mejores 18 temas de cumbia y la gente haciendo pogo a full. En ese sentido, con tanto trabajo ahora tengo un montón de quilombos musicales: tenés que tener un tiempo para jeder. Y también necesitás ir a bailar. Para mí es un trabajo. No me gusta avivar giles, pero si los músicos empezaran a ir a los bailes tal vez harían mejor música”.

DE ALGO TIENEN QUE VIVIR
En la particular mitología de Damas Gratis, la contracara de los jedientos son los conchetos. Hay temas que amenazan matar un cheto para festejar y hay un desprecio furioso hacia los conchetos. “Lo cheto” parece ser una categoría óntica del ser que es despreciable, igual que la policía y los patovicas. Ahora bien, ¿qué es un cheto? Pablo Lescano lo piensa un segundo y en seguida encuentra un ejemplo: “Chetos son los que van a esos lugares que pasan esos temas tipo: Tirá, tirá para arriba tirá. Esa gente que no tiene decisión de nada. Es un gil, ¿entendés? Cheto es alguien que vive de arriba, que no labura. Hay algunos que no laburan porque son jede, porque son vagos, y no les gusta laburar. Hay otros que no laburan porque el padre los mantiene. Esdiferente. Aunque yo conocí chetos que de chetos no tenían nada, que tomaban drogas que yo ni conocía. Lo que sí es cierto es que alguien que tiene plata discrimina, como un negro tal vez discrimina a un cheto. Es lo mismo, pero en distinto sentido”.
Ahora, mientras su música se sigue expandiendo de diversas formas (a Lescano, casi un situacionista, no le molesta que la gente piratee sus discos en casete y en CD: “De algo tienen que vivir”, justifica comprensivo), Lescano sigue con sus proyectos musicales: el más importante es su encuentro con otro outsider: Fidel Nadal, el ex Todos Tus Muertos y ex Mano Negra, con el que ya colaboró haciéndolo cantar en los temas “Alza las manos” y “Mi flor”. “Con Fidel estamos armando algo. Yo le paso algunas melodías y él sale con sus letras diabólicas. El es igual de avanzado en el reggae como yo estoy de avanzado con la cumbia. Y hay una conexión: Cucho, de los Decadentes, me decía lo mismo, que íbamos tan lento que no parecía cumbia, sino reggae. Y también estoy por producir el disco de una minita. ¿Cómo se llama la piba? ¿Sabés que no sé? Vos me pagás y yo te grabo lo que quieras. Esto es un negocio: te gusta la cumbia y a la vez la explotás. Por la plata baila el mono”. ¿Vamos los pibes?

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