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Domingo, 23 de julio de 2006

MUSICA > T BONE BURNETT

El producidor

Sam Shepard dudaba de su cordura cuando, en 1975, lo conoció de gira con Bob Dylan: ante sus arranques de predicador enloquecido, sospechaba que T Bone Burnett no tenía control sobre su lado oscuro. Pero demostró una genialidad compatible con sus iluminaciones: como brillante productor, estuvo detrás de Elvis Costello y Roy Orbison y fue el encargado de bandas de sonido legendarias, como la de El Gran Lebowski. Ahora, con un disco nuevo, y otro que recopila sus canciones esenciales, es momento de redescubrir a un hombre que parece hablar en lenguas después de tanto silencio.

 Por Rodrigo Fresán

Producidor. Me gusta mucho más como término y –aunque la Real Academia Española lo considere sinónimo– me parece mucho más acertado y preciso y explícito y, sí, enrarecido que productor si lo que se trata es de definir a alguien como T Bone Burnett. Porque, de acuerdo, Burnett es dueño de un irreprochable y envidiable prontuario detrás de las consolas y, dicen, su toque es oro. Y ahí están discos como Spike y King of America de Elvis Costello (junto al que formó el efímero pero inolvidable The Coward Brothers y con quien compuso la bellísima “The Scarlet Tide”), el August and Everything de los Counting Crows, el Mistery Girl de Roy Orbison (y director musical del especial para la HBO Roy Orbison and Friends: A Black and White Nigth), el How Will the Wolf Survive? de Los Lobos, el A Wonderful World de Tony Bennett y k. d. Lang, el Revival de Gillian Welch, el Love & Hope & Sex & Dreams de los BoDeans, Thunderbird de Cassandra Wilson... Todo esto sin contar su tarea como recopilador y regrabador para las formidables bandas de sonido de The Big Lebowski (suya es esa genialidad de utilizar “The Man in Me” de Bob Dylan para las secuencias alucinógenas), The Ladykillers, Cold Mountain, de las biopics de Jerry Lee Lewis (haciendo cantar a Dennis Quaid) y Johnny Cash (haciendo cantar a Joaquim Phoenix y Reese Whiterspoon), de la parodia folkie A Migthy Wind y de la multimillonaria O Brother, Where Art Thou?, que se llevó el Grammy a álbum del año en el 2001. Bueno ese T Bone Burnett también, además, es este T Bone Burnett que acaba de sacar The True False Identity, su primer disco en catorce años y sale de gira por primera vez en dos décadas. Aleluya.

El Reaparecido

Junto a The True False Identity (sin lugar a dudas, ya, uno de los álbumes del 2006) T Bone Burnett ha editado, también, su primera antología: Twenty Twenty: The Essential T Bone Burnett. Y me parece tan interesante que el adjetivo para bendecirla haya sido essential y no best. Porque Burnett –uno de los mejores– es algo todavía más importante: alguien esencial dentro de la historia del rock norteamericano, nota no al pie sino a la cabeza de todos los grandes nombres, y acaso el único tipo que puede vanagloriarse de haber girado junto a Bob Dylan en la Rolling Thunder Revue ‘75 y, tanto tiempo después, haber hecho un millonario de su hijo Jakob (quien, en plan solista, es telonero de los actuales conciertos de Burnett) produciendo el segundo y triunfante disco de The Wallflowers. Pero la leyenda de T Bone Burnett no necesita de los cimientos, paredes o tejados de leyendas ajenas y él lo sabe y así, en las notas que escribió para Twenty Twenty, leemos: “Esta es la manera en que quería cerrar el libro sobre estas canciones escritas por un hombre muerto, y abrir el libro de una nueva vida que estoy comenzando luego de cuarenta años de vagar por el desierto”. Y el tono de predicador poseído no es algo impostado o pasajero. Según Sam Shepard, otro de sus habituales socios creativos Burnett (nacido como Joseph Henry Burnett en 1948 en St. Louis, Missouri y educado en Fort Worth, Texas, donde grabó por primera vez en 1965 junto al Legendary Stardust Cowboy) ya daba miedo cuando se paseaba por los escenarios de la Rolling Thunder Revue vestido como golfista y anunciando un Apocalipsis inminente. “Era el único en todo el tour del que yo no estaba seguro que tuviese algún control sobre su lado oscuro y violento.” Burnett le señalaba a Dylan párrafos claves de la Biblia y le agradecía que le hubiera dado una razón para vivir y, años más tarde, se casaría con la cantante cristiana Leslie Phillips, a la que convertiría en la cult-chanteuse Sam Phillips y de la que se divorció no hace mucho. Burnett grabaría varios discos muy buenos que vendieron muy poco (a destacar The Criminal Under My Own Hat, de 1992) y un buen día se cansaría de todo eso, decidiendo llevar una vida de servicio y consagrarse a los otros. Y –alabado sea el producidor– le fue muy bien.

La segunda venida

Ahora, con The True False Identity –las fotos del cantautor que aparecen en portada y cuadernillo fueron tomadas por Jesse Dylan, el otro hijo, y en ellas aparece como uno de esos norteamericanos ancestrales y ermitaños como Hawthorne o Thoreau– Burnett considera que ha llegado el momento de volver a dar la cara y la guitarra y la voz. Según él, este es un disco que sólo podría haber grabado con la experiencia acumulada por años de maduración y las ideas bien claras. Un álbum tumultuoso de sonido rítmico y empantanado –doce canciones divididas en dos grupos: “Art of the State” y “Poems of the Evening”– en las que Burnett, con tres bateristas más la guitarra amorfa de Marc Ribot, arroja primero la mierda contra el ventilador y después el ventilador a la cloaca. De algún modo, moderno y fuera del tiempo, The True False Identity recuerda un poco al encomillado “Love and Theft” de Bob Dylan: un disco tradicional y free al mismo tiempo donde todo el tiempo se alude a las miserables pequeñeces de una gran nación. “La idea –explicó Burnett– era borrar esa línea inexistente entre la comedia y la tragedia. Vivimos en la era de la polución del lenguaje donde las palabras no significan nada o significan cualquier cosa. Por mucho tiempo sentí que no tenía nada que decir. Ahora tengo la impresión de que se avecina una nueva revolución de arte y ciencia y religión y yo quiero ser parte de ella.” Por el momento y a la vanguardia, The True False Identity –amparado en la ecuación política + religión = comedia negra– es un disco donde las palabras recuperan su significado y suenan como frases locas de un sermón cuerdo: “Las máquinas siempre hacen lo que les dices que hagan / Siempre y cuando hagas lo que te dicen” (“Zombieland”), “Esta versión del mundo no permanecerá por demasiado tiempo” y “Cuando salgas de este autoengaño / Vas a necesitar una transfusión de alma” (“Palestine Texas”), “Cowboy sin ganado, guerrero sin guerra / Ya no hacen impostores como John Wayne” (“Fear Country”), “La honestidad es el más subversivo de todos los disfraces” (“Hollywood Mecca of the Movies”). Versos fundiéndose con detalles percusivos y riffs distorsionados que por momentos recuerdan a Tom Waits y por otros a exactamente como debe sonar la parte de adentro de la cabeza de alguien que habla en lenguas después de tantos años de silencio. Alguien que tuvo que perder la fe en todos los demás para recuperar la fe en sí mismo. Y por supuesto –”Porque sólo yo me hubiera permitido salirme con la mía”– es claro, es obvio, no podía ser de otro modo: The True False Identity está producido por el producidor T Bone Burnett.

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