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Domingo, 18 de noviembre de 2007

EVENTOS > BASTA DE DEMOLER: ARTE, CRUZADA Y URBANISMO

No rompan

Lo que empezó como una carta en un diario barrial y una dirección de correo electrónico donde enviar su solidaridad, se convirtió en un grupo de amigos, vecinos y artistas que se dedican –esto es lo sorprendente– con éxito a salvar edificios históricos a punto de ser derrumbados y reemplazados por torres de vidrio. Hoy a la tarde, sin ir más lejos, festejan sus logros frente a la última fachada que rescataron.

 Por Sergio Kiernan

Todo empezó por una bronca combinada con un fastidio. La bronca, que fue lo primero, fue como medio geológica, aluvional, gradual. Sus materiales fueron los sobresaltos de ver una y otra vez un edificio destruido, sentir un cerco de baldíos. Cuando la bronca se construyó, vino el fastidio de sentir impotencia: todo lo bueno de Buenos Aires estaba siendo demolido, ante la plácida indiferencia de su gobierno y a manos de una industria que no sabe hacer dinero sino destruyendo y reemplazando por algo peor pero más grande.

Exactamente un año después, no hay fastidio –aunque la bronca dura– porque han ocurrido milagros. Los vecinos salieron a la calle para detener las demoliciones de lo mejor y más bonito, y lo están logrando. Usaron la manifestación, el recurso de amparo y la directa politización del tema, que súbitamente apareció en la agenda de legisladores y funcionarios electos. Hoy, a las 19.30, los vecinos de Basta de Demoler festejan lo logrado y siguen en la brecha con un evento en la plaza Vicente López justo frente a un edificio que salvaron, en Montevideo 1250 (foto). Habrá videos proyectados sobre el frente del sereno palacio. Y habrá música de un preservacionista inesperado, Antonio Birabent.

La cosa empezó con una carta que Santiago Pusso le mandó a El Fantasma de Recoleta, uno de los mejores periódicos barriales porteños. Pusso debe ser el militante más inesperado desde que Liniers terminó revolucionario: es un director de coros que nunca levanta la voz y que resulta imposible imaginar indignado. La carta llevó a un encuentro y para fin de año a una sugestión, la de publicar una dirección de e-mail para que otros enojados se sumaran. Así salió en el Fantasma la ya famosa

[email protected]

Resultó que eran muchos y enseguida hubo un grupo. Para marzo se hizo la primera acción, para protestar por la destrucción anunciada de un petit hotel medio feíto en la calle Uriburu. “Fue más familia y amigos que otra cosa”, recuerda Pusso, “pero fue la primera”. Luego siguió otro en Larrea y Peña, y cada vez más gente sumándose. Coco Lantermino, de la Asociación Vecinos de Recoleta, apoyó pese a su total pesimismo de que se pudiera lograr algo. Luego la Fundación Ciudad, Accionar de Vecinos y vecinos que terminaron protagonistas como Amira Barboza, Hugo Cortínez, María Arias Usandivaras. Para mediados de año, los Basta de Demoler ya habían encontrado oídos simpáticos en la Legislatura y tenían contactos con otros grupos de vecinos en armas por toda la ciudad. Fue entonces que encontraron los dos edificios que harían una diferencia. Uno es el de Montevideo al 1200, el otro era el de Callao al 900.

La novena cuadra de Callao fue planeada hace un siglo con la plaza Rodríguez Peña en mente. Hasta hace pocos años, todavía era un raro ejemplo de urbanismo argentino, con su arboleda, el palacio Pizzurno cerrando un borde, un colegio y un lindo edificio francés cerrando un segundo, la vieja casa Mihanovich, un Bustillo de primera agua y una serie de lindos petit hotels y viejos departamentos de baja altura el cuarto, sobre la avenida. En los noventa cayó el primero, luego el segundo y el tercero, y este año el cuarto, el que ocupaba La Mutual. Basta de Demoler hasta se infiltró en el edificio ya cerrado, posando de estudiantes de arquitectura, y fotografiaron sus bellezas: vitrales, boisseries, una chimenea palaciega. Pasaron volantes, descubrieron que todo transeúnte lamentaba la pérdida, le hicieron un velorio a la casa y lograron que el nuevo dueño aceptara dar un consuelo, reconstruyendo en el nuevo edificio –otra aburrida torres de oficinas– tres salones con las mejores antigüedades del original.

Fue un empate. Montevideo fue un golazo. El viejo palacio Bemberg iba a desaparecer, demolido para hacer una torre muy alta y de vidrio. Los nuevos dueños, IQ Plaza, no prestaron la menor atención a los reclamos y Basta de Demoler, con ayuda de la legisladora porteña Teresa de Anchorena, presentaron un amparo.

Lo que siguió fue histórico, porque el juez Roberto Gallardo hizo lugar al amparo y la Cámara porteña lo sostuvo de un modo tan claro que la Ciudad, que por razones casi astrológicas sintió que tenía que apelar, luego desistió formalmente del caso. Entre el juez y la Cámara zanjaron una cuestión enorme: que los edificios no pueden demolerse a las apuradas si están en proceso de catalogación histórica, que el patrimonio es un valor como la ecología, que la Ciudad es “incoherente” y pasiva.

Esto precipitó varias cosas. Primero que una larga lista de edificios históricos no puede demolerse ahora hasta que se defina su status. Segundo un shock de actividad legislativa, que culmina este jueves cuando se vote una ley negociada entre bloques –incluyendo y mucho al PRO– para tener al fin una ley como la gente. Mientras, Montevideo 1250 es indemolible.

Debe ser algo especial pararse frente a un tesoro y saber que está ahí porque uno hizo algo al respecto. Montevideo 1250 será hoy el telón para la video intervención de Leonardo Zamboni y Sergio Schmidt. Y para el vecino Antonio Birabent, que mandó un mail él también y resultó ser tan apasionado por el tema que su nuevo disco se llama Demoliciones, habla de lo perdido y va a ser adelantado hoy en la plaza.

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