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Domingo, 30 de diciembre de 2007

TELEVISIóN > LA SORPRESA LLAMADA SAMANTHA WHO?

¿Quién es esa chica?

Christina Applegate, que ya había formado parte de aquel ácido retrato familiar y social que fue la versión original de Casados con hijos durante los años de Bush padre, ahora produce y protagoniza una serie que se perfila como uno de los pocos intentos por revivir a la sitcom: Samantha Who? Y de paso, ofrece sin bajadas de línea grandilocuentes un retrato de la conciencia norteamericana tras siete años de Bush hijo.

 Por Hugo Salas

Hace ya tiempo, para ser francos, que la sitcom atraviesa una dura crisis. A diferencia de las series de una hora, cada vez más sólidas y efectivas dentro de la producción televisiva estadounidense, aquel género menudo y ligero que en otros tiempos supiera ser su buque insignia fue viéndose progresivamente condenado a la repetición, el estancamiento y –aún peor– a la explotación de ese humor campechano y ramplón que los del país del Norte advierten muy del gusto de su público interno (baste recordar éxitos recientes como The King of Queens o Everybody loves Raymond). Tras los finales de la decana Frasier y la irregular Will & Grace, el triunfo del género “drama risible” (Desperate Housewives) amenazó con sumir a la comedia en el olvido. Tan mal están las cosas que hasta las últimas temporadas de Los Simpson han sido mediocres, por no decir horrorosas.

No obstante, donde hubo Seinfeld, Friends quedan, y poco a poco comienzan a aparecer sobre la pantalla señales que auguran la vuelta de un humor algo más complejo y sofisticado que el de maridos idiotas con esposas inteligentes. (Una hipótesis descabellada: los períodos de bonanza de la comedia estadounidense, al menos la televisiva, coinciden con las crisis de los gobiernos republicanos o el auge de los demócratas. Los fundamentos, más adelante.)

Como fuera, uno de esos raros pero atractivos estertores –queda por ver si de muerte definitiva o resurrección– puede verse por estos días en la pantalla de Sony, Samantha Who? El planteo argumental es sencillo: su protagonista, Samantha, acaba de despertar de un coma de ocho días, para descubrir que padece un severo caso de amnesia; no recuerda nada anterior al accidente. Es cierto, en principio suena tan novedoso como una comedia sobre una disparatada mujercita llamada Lucy casada con un cantante cubano de nombre Ricky Ricardo, pero –ver para creer– los guionistas han sabido encontrar una vuelta de tuerca bastante eficaz: Sam no era una buena chica, ni siquiera una persona del montón. Cómo decirlo... era eso que en el original denominarían bitch y que en buen rioplatense traduciríamos “una yegua”.

A diferencia de los caminos tradicionales que la amnesia encuentra en el melodrama, aquí el drama del reconocimiento se escenifica sobre un espejo detestable. Todo está dado para jugar la partida de la redención, sin duda, pero ese cambio, ese pasar del mal al bien, pone al mismo tiempo en jaque cualquier noción esencialista de la personalidad. Esta mujer sin pasado no puede reconocerse en aquella que poco tiempo atrás traicionara repetidamente a su ex, torturase a su secretaria y se desempeñara como vicepresidenta de una agresiva empresa inmobiliaria, pero tampoco en esa ingenua niña que trae todo el tiempo a colación su amiga de la infancia (a la que abandonara para hacerse “popular”, eterna obsesión estadounidense). La tarea de reconstrucción de su identidad la pone, por así decirlo, frente a la evidencia de la identidad como una nada.

Desde ya, semejante trama no deja de ofrecerse como fantasía idónea para un público, el estadounidense, que desearía no reconocerse en las elecciones que ha tomado en estos últimos diez años, pero más allá de este trasfondo cultural (o coincidentemente con él), no deja de ser curioso que este retorno a la comedia irónica sea de la mano de Christina Applegate, protagonista y productora. Tal vez más de uno la recuerde como la mejor amiga de Cameron Diaz en La cosa más dulce (uno de los peores guiones mejor actuados de la última década), pero antes de eso, Applegate fue durante muchos años una de las cuatro estrellas de la sitcom que marcó un giro drástico en la comedia familiar, convirtiéndola en un discurso sobre el espanto: Married with Children, versión original de la telúrica y pasteurizada Casados con hijos.

Antes incluso que Los Simpson (y sin duda, de un modo más extremo; su padre de familia, Ted Bundy, jamás podrá ser adorable como Homero), Married... supo poner en escena –durante esa larga decadencia del reaganismo que fueron los gobiernos de Bush padre– la desintegración total y completa de los reflejos de solidaridad, cooperación y afecto que había instaurado el nuevo sistema socioeconómico. Allí Applegate interpretaba a una adolescente imbécil, fácil y previsiblemente exitosa, la versión irónica del white trash que hoy encarna en nuestro hermoso país, con toda seriedad, buena parte de las concursantes de Cantando, Bailando y Patinando (siempre vamos atrasados). En éste, su nuevo proyecto, la gran comediante redobla la apuesta y extiende el eje irónico a la clase media, pero no se ríe ya –como Seinfeld– de sus pequeñas manías y obsesiones, sino de sus condiciones éticas de posibilidad. Produce, de paso, una sitcom como no la había hace rato, y para quienes disfrutamos del género, no deja de ser una buena noticia.

Samantha Who? se da los martes a las 15.30 y repite los domingos a las 12.30 por el canal Sony.

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