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Domingo, 30 de marzo de 2008

MúSICA > EELS: DISCOS Y LIBRO

El cantautor entre el centeno

Mark Everett –sufrido, melancólico, tortuoso, brillante– es quizás el heredero más digno de Randy Newman y merezca ser considerado “el Kurt Vonnegut del rock”. Como prueba, el cantante de Eels celebra los diez años de su banda con dos contundentes cajas musicales y un libro de memorias que alguna editorial debería traducir urgentemente.

 Por Rodrigo Fresán

Alguna vez teoricé –y más de una vez lo llevé a la práctica– que no había mejor música de fondo posible para leer lo nuevo de Douglas Coupland y releer lo viejo de Jerome David Salinger que poner a sonar cualquiera de los varios álbumes de Eels. Ya saben: música triste pero cálida, historias trágicas cantadas con una triunfante sonrisa vencida, melodías de cajita de música que se abre y se cierra igual que ciertos ataúdes.

Ahora, por fin, llega el momento en que la música de Eels (que acaba de editar dos robustos recopilatorios celebrando su primera década de vida y supervivencia: uno de pequeños éxitos y videoclips, Meet the Eels: Essential Eels 1996-2006, Vol. 1, y otro de grandes rarezas, Useless Trinkets: B Sides, Soundtracks, Rarities and Unreleased 1996-2007, donde destacan entre muchas otras cosas un par de sublimes covers de Prince) se convierte en el soundtrack perfecto para leer Things the Grandchildren Should Know, primer libro de Mark Oliver Everett, mejor conocido como Mr. E., mejor conocido aún como E. a secas: el perfecto y personal cantautor al frente de una banda llamada Eels que se especializa en componer pequeños himnos para esa inmensa sensación de estar en banda y sonado.

GENERACION E

¡Música rock! ¡Muerte! ¡Gente loca! ¡Amor!, advierte el sticker circular pegado sobre la delicada portada –fondo gris, tipografía clásica, el grabado de un árbol perdiendo sus hojas– de Things the Grandchildren Should Know. Y es verdad y no miente. Todo eso y mucho más aparece ahí adentro y buscar Eels en la Wikipedia y –en el desglose de la entrada– hay todo un ítem/apartado con el título de “Tragedias familiares”. Y, sí, Mark Oliver Everett está familiarizado con la tragedia, y para él la tragedia es algo muy pero muy familiar. Y cualquier seguidor de Eels lo sabe y sabe que Everett vive para cantarlo: porque sus canciones están construidas en buena parte sobre la fúnebre saga de los suyos contemplada con una mezcla de puro sentimiento y lógica científica. Y el día que se filme la biopic de Everett, bueno, ahí está Wes Anderson como director perfecto.

Y es que las tragedias familiares de Everett son muchas, demasiadas. Hermana depresiva y drogadicta y suicida. Madre adorada que sucumbe a tumor inoperable. Padre científico y distante (tema de un reciente y brillante documental Parallel Worlds, Parallel Lives, emitido por la BBC4) y con el que Mr. E. siempre tuvo una relación traumática, al punto de confesar en su libro que la vez que se sintió más cerca física y afectivamente de él fue a sus 19 años cuando intentó resucitarlo, en vano, golpeando su pecho luego de que tuviese un ataque cardíaco. Prima azafata –y su marido– que volaban juntos en aquel avión que se estrelló aquel día contra aquel Pentágono (Jennifer se llamaba y, antes de subir para caer, le envió una postal a Everett desde el aeropuerto que decía “La vida es fabulosa”). Y, ya que estamos (ver el capítulo de su libro titulado “I Love Crazy Girls”), sucesivas novias que lo abandonan y una esposa rusa y dentista que un día lo deja sin anestesia y con la boca abierta.

Todo esto, claro, ya había sido cantado en Beautiful Freak (1996), Electro-Shock Blues (1998), Daisies of the Galaxy (2000), Souljacker (2001), Shootenanny! (2003), el mágnum-opus Blinking Lights and Other Revelations (2005), en las revisiones live en Oh, What a Beautiful Morning (2000), Electro-Shock Blues Show (2002) y el magnífico Eels with Strings: Live at Town Hall (2006), en las figuritas difíciles pre-Eels –firmadas por E.– A Man Called E (1992) y Broken Toy Shop (1993), donde ya hay temas con títulos como “Hello Cruel World”, “I’ve Been Kicked Around” y “Permanent Broken Heart”, y en esa figurita dificilísima (si la ven o la oyen, avisen) que es el fantasmagórico y esquivo debut de 1985, apenas cien copias, Bad Dude in Love, firmado por Mark Everett. Y ya que estamos, explorar también la esquiva figura de ese disc-jockey apócrifo y doble personalidad à la Hyde que es Mc Honky, responsable o irresponsable de This Is Mc Honky!: I’m the Messiah (2000).

Pero no importa el año o la encarnación o la siempre cambiante formación de la banda (E. suele tener problemas con sus bateristas) o sus cambios de humor y de sonido (he visto a Eels tres veces en vivo y una vez fue pop, otra punk y otra delicado ensamble de cuerdas); lo que importa es la inamovible voluntad de entristecer con la tristeza hasta conseguir en el oyente una rara forma de euforia. Everett –tal vez el único heredero digno y posible de alguien como Randy Newman dentro del panorama musical norteamericano– ha conmovido y emocionado desde que casi todos lo escucharon por primera vez en ese agónico pero catártico “Novocaine for the Soul” hasta la íntima majestuosidad de “If you See Natalie”. Y el cómo y el porqué de todas las canciones entre uno y otro extremo se revisitan en las dos antologías (impagables los comentarios de Everett a cada una de las canciones precedidos por ensayos de Giles “Hijo de George” Martin y de Mark Edwards) y se explica en un libro de memorias que poco y nada se parece a la memoir habitual de la pop star de turno. Y es el mismo Everett –apadrinado por Pete Townshend y definido como “el Kurt Vonnegut del rock” por RollingStone– quien se ríe de la cuestión ya en las primeras páginas: “Así que cuál es la clase de ego que se necesita para escribir un libro sobre la propia vida y esperar que a alguien le importe. ¡Uno muy grande...! Y yo sé que no soy el tipo más famoso del mundo. La gente no pierde el tiempo propagando rumores sobre los hamsters que me metí en el culo o cosas por el estilo. Pero he pasado por algunas situaciones cuanto menos particulares y he decidido ponerlas por escrito. Así que ésta no es la historia de un tipo famoso. Es apenas la historia de un tipo que de tanto en tanto se encuentra en situaciones que se parecen a las que vive alguien famoso. Gracias a mi ridícula, en ocasiones trágica y siempre inestable educación, me ha sido concedido el don de una aplastante inseguridad. Pero afortunadamente para mí, he encontrado la manera de enfrentarme a mí mismo y a mi familia, convenciéndome de que todo se trata de una especie de proyecto artístico en constante desarrollo para que ustedes puedan disfrutarlo. ¡Disfrútenlo! ¡Bienvenidos!”.

Y recuérdenlo: Everett bautizó Eels a su banda para que en las disquerías sus discos se ubicaran automáticamente a continuación de sus proyectos solistas.

Everett, por supuesto, se olvidó de que existía otra banda llamada Eagles.

LEVANTAD, CANTAUTOR, LA GUIA DEL ESTUDIO

Y la sorpresa o no es que Things the Grandchildren Should Know –su título es el mismo que el de la última y epifánica canción de Blinking Lights and Other Revelations– ya sea un best-seller en Inglaterra donde ha sido asumido como el mejor libro de auto-ayuda que no intenta ayudar a nadie. Lo mismo, cabe pensar, ocurrirá en Estados Unidos cuando aparezca el próximo otoño boreal. Y no estaría nada mal que alguna editorial en castellano supiera ver el potencial de este pequeño gran tractat sobre sucesivas y fértiles impotencias.

En una reciente entrevista, Everett explicó que habiendo agotado el tema de su familia en verso y en prosa ahora se veía en la rara situación de tener que salir a buscar nuevo material. “Supongo que tendré que encontrar otra familia sobre la que escribir”, dijo. Y agregó: “En cuarenta años tengo planeado escribir el segundo volumen de mis memorias y, si todo va bien, mi objetivo es que sea un libro verdaderamente aburrido”.

No sé por qué pero algo me dice que tal vez haga lo primero, pero difícilmente consiga lo segundo.

Sus nietos jamás se lo perdonarían.

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