radar

Domingo, 23 de noviembre de 2008

FAN > UN DIRECTOR DE TEATRO ELIGE SU ESCENA DE PELICULA FAVORITA:

Brando y la Hamlet

 Por Agustín Alezzo

Un tranvía llamado Deseo es excepcional: la única traslación al cine de una obra de Williams que le hace justicia, donde auténticamente se plasma el imaginario del autor. Todo contribuye a ello: la dirección, la actuación, la iluminación, la música, la edición. Los cuatro actores realizan actuaciones de una excelencia que no admite mayores diferencias de opiniones. Y sin duda esta armonía se obtiene por estar presente el ojo atento y la mano maestra de Elia Kazan.

Todas sus escenas están trabajadas tan minuciosamente en sus mínimas acciones que destacar alguna se convierte en una elección injusta. Pero seguramente, entre todas las escenas, dos quedan grabadas en la memoria en forma indeleble.

La primera tiene lugar cuando Stella, tras abandonar a Stanley, sube al departamento de su vecina. Stanley advierte su ausencia, diluida su borrachera, y se vuelve muy vulnerable, sin su machismo habitual. Rompe a llorar como un niño y la llama desesperado. Ella decide ir a su encuentro y baja lentamente la escalera al pie de la cual, de rodillas, se encuentra Stanley, para finalmente entregarse a sus brazos. Ya no habrá duda sobre cuál es la base de esa relación apasionada.

Ese descenso por la escalera que Kim Hunter actúa maravillosamente sufrió un corte de 40 segundos al editarse el film, a espaldas de Kazan, con la excusa de que acabadamente representaba un orgasmo. Kazan no tenía forma legal de defender la reinserción de ese fragmento, así que envió una carta al New York Times poniendo en antecedentes al público del hecho.

La segunda escena es el encuentro de Blanche y Mitch, cuando éste, después de descubrir la verdad sobre el pasado de ella, la trata duramente en un comienzo y ella reconoce las particularidades del desenfreno sexual que ha desarrollado en sus últimos años, encontrando como respuesta de parte de Mitch un intento de contacto sexual y a la vez advirtiéndole que jamás se casaría con ella por no ser digna de presentarla a su madre. Blanche lo rechaza fieramente y prorrumpe en gritos que contrastan con su modo habitual de comportamiento, como si a través de ellos se expresara todo el dolor y la decepción que la vida le deparara.

Ambas escenas, magistralmente dirigidas y actuadas, son momentos, entre muchos otros, difícilmente olvidables.

Brando logra que su interpretación de Stanley, sin precedentes, se vuelva inhibitoria para cualquier actor que lo intente posteriormente. Es igualmente insolente, grosero, vulgar, violento, amenazador, como vulnerable, tierno, sensible y sensual. Esa ambivalencia le permite crear un retrato vívido y tan complejo que logra que el espectador, cuando termina de ver el film, tenga la impresión de haberlo conocido íntimamente. Brando confesó que odiaba a Stanley. Diría: “El tiene todas las características que odio de los hombres”.

La Stella de Kim Hunter es inolvidable. Su intensa sexualidad unida a la ternura que ejercita con Blanche encuentran en ella a la actriz ideal. Desgraciadamente su carrera cinematográfica se vio frustrada por integrar las listas negras de McCarthy.

El Mitch de Karl Malden encuentra también a un actor hondo y comprensivo. El dirá de Mitch que su secreto es que odia a su madre, que lo tiraniza, a pesar de afirmar que la ama en la obra, afirma igualmente que interiormente Mitch desearía ser como Stanley.

Vivien Leigh aporta una sensualidad, un encanto femenino y una coquetería exquisitas a su Blanche, quizás en el trabajo más memorable de su carrera. Abarca las complejas, sutiles e infinitas facetas del personaje, quizá más ambicioso y exigente, escrito para una actriz en el siglo XX, con una extraordinaria expresividad.

Así como Hamlet para los actores, Blanche es el personaje que todas las actrices han soñado con abordar, sin advertir a veces, en ambos casos en forma cabal, que representan trampas mortales que muy pocos al dar el salto alcanzan la otra orilla.

La rígida censura que imperaba en esa época tuvo importante participación en esta producción y antes de comenzar el rodaje, tras leer el libro, exigió cuatro modificaciones significativas del original, como la mención de la condición homosexual del joven esposo de Blanche. El haberla descubierto motiva una reacción en ella de profundo menosprecio que provoca su suicidio. Esto explica que repetidamente en la obra se escuche un tema musical tras el cual se oye un disparo. Es el sentimiento de culpa que gravita en ella y que la conduce a la vida extraordinariamente desordenada en el plano sexual, sin lo cual hay algo esencial que no llega a comprenderse en el film.

Tampoco fue admitida la mención de que Blanche hubiese tenido relaciones sexuales con estudiantes adolescentes de su escuela, ni la escena de la violación, que sólo se insinúa en el film mientras que en la obra se desarrolla.

Y por último, el final de la obra. En el original, Stella regresa con su marido, mientras que en la película se separa de él, como represalia de la conducta de Stanley con Blanche.

En suma, Un tranvía llamado Deseo se constituyó en un acontecimiento artístico, y es una de las dos o tres mejores transcripciones de una obra teatral al cine.

Kazan mostró una forma de actuación absolutamente diferente. La dupla de Brando y Kazan mostró una manera diferente de trabajar. Me siento cercano a esa búsqueda que ha perseguido todo el Groupe Theater. Es la misma que perseguimos Fernandes, Gandolfo y yo, una forma y un lenguaje del actor, una búsqueda de una cierta verdad actoral.

La vi en el cine Ideal el día de su estreno en Buenos Aires, cuando tenía 16 años, y el impacto que me produjo continúa vivo en mí y se repite en cada nueva oportunidad en que la vuelvo a ver.

Compartir: 

Twitter
 

En 1947 se estrena en Broadway Un tranvía llamado Deseo, de Tennessee Williams, tres años después de que obtuviera su primer éxito con El zoo de cristal. Elia Kazan, director de teatro y cine, formado en el legendario Groupe Theater de los años ‘30, buceadores del método de Stanislavski, acababa de alcanzar gran notoriedad con la puesta en escena de Todos eran mis hijos, de Arthur Miller.
Al leer la obra, Kazan decide montarla y constituye un elenco encabezado por Jessica Tandy, eminente actriz inglesa cuya trayectoria se desarrolló en las tablas, esposa de Hume Cronyn, conocido actor americano, íntimo amigo de Kazan. Karl Malden, actor que ya había actuado junto a Kazan en cine y teatro, toma a su cargo el personaje de Mitch, y convocan a Kim Hunter, una actriz de teatro, muy joven, para Stella. Y finalmente se enfrentan con el problema de seleccionar quién haría a Stanley Kowalsky. Proponen a Burt Lancaster y a John Garfield, pero ambos tienen diversas dificultades para asumir el compromiso. Entonces Kazan recuerda a un joven actor que está dando sus primeros pasos y que lo impactara poderosamente al actuar tan sólo en una escena de cinco minutos en Truckline Café, una obra de escasa resonancia. El era Marlon Brando.
 
RADAR
 indice

Logo de Página/12

© 2000-2019 www.pagina12.com.ar | República Argentina | Política de privacidad | Todos los Derechos Reservados

Sitio desarrollado con software libre GNU/Linux.