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Domingo, 21 de junio de 2009

MUSICA > RICKIE LEE JONES EN BUENOS AIRES

La mujer de la casa

Con su deslumbrante debut en 1979, Rickie Lee Jones parecía la hija de Joni Mitchell y Jack Kerouac. Con su deslumbrante segundo disco, Rickie Lee Jones se volvió inconfundible. Una delicada compositora de canciones a la que ningún género le parece negado: entre el pop, el jazz, la bossa nova, el rock, el gospel y el punk, ha creado discos y canciones que pueden considerarse a la vez amigos y lugares a los que ir. Pero por suerte, la semana que viene, vienen a nosotros: Rickie Lee Jones canta en Buenos Aires.

 Por Rodrigo Fresán

La entrada correspondiente de Rickie Lee Jones en la Wikipedia cierra con la frase/información: “Jones también disfruta tejiendo”. El dato arranca una sonrisa porque –por algún extraño motivo– no me cuesta nada imaginar a Rickie Lee Jones tejiendo en una mecedora, en el jardín de su hogar, mientras tararea à la scat. Y menos todavía me cuesta imaginar que fue ella misma quien no pudo resistirse a añadir esa última oración en su info/bío funcionando como uno de esos versos breves y susurrados luego de un verso grande y a los gritos en una de sus canciones.

Rickie Lee Jones (Chicago, 1954) viene tejiendo canciones desde que en 1979 editó Rickie Lee Jones, uno de los más perfectos debuts de la historia de la música que le significó cinco nominaciones en los Grammy (ganó el de Mejor Nueva Artista) y lo siguió (apareciendo en la portada de Rolling Stone en tiempos en que aparecer en la portada de Rolling Stone todavía significaba algo) con Pirates (1981), seguramente uno de los mejores segundos discos jamás grabados en el que brilla y encandila ese momento en “We Belong Together”, donde entra la batería sobre el piano y todo parece ascender a los cielos para arrojarse sonriendo desde las alturas.

Después, Rickie Lee Jones hizo de todo y hoy a nadie se le ocurre recordarla como novia de Tom Waits y, sí, yo recuerdo a Tom Waits como novio de Rickie Lee Jones.

La Rickie Lee Jones que experimentó con el fondo y la forma de la canción en The Magazine (1984) y Ghostyhead (1997). La Rickie Lee Jones que reinventó standards a su manera en las recopilaciones de covers personales en Pop Pop (1991) y en It’s Like This (2000). La Rickie Lee Jones que volvió triunfal y desintoxicada del desierto del bloqueo de songwriter con el relajadamente airado The Evening of my Best Day (2003) y el punkie–devocional The Sermon on Exposition Boulevard (2007). La Rickie Lee Jones que condensó su vida y obra en la triple-antología para la Rhino Rickie Lee Jones: Duchess of Coolsville (2005): tal vez el mejor sitio –aunque Rickie Lee Jones, como Bob Dylan, graba discos enteros y no canciones sueltas– para entrar en la casa de esta mujer que teje canciones y que, en las liner-notes, explica: “Aquí adentro hay canciones que tratan de ventanas imaginarias, de calles, y de los espíritus. Chicos que salen al caer el sol y corren por los callejones que yo domestiqué y que me arrastran hasta el suave color violeta del crepúsculo, riendo, más jóvenes de lo que jamás fueron, en el atardecer de mi mejor día. He aquí a mis piratas y aviadores, arrojados contra el techo del desierto. Belleza insoportable contemplada a través de los ojos de un niño encaramado allí arriba y flotando, con la ayuda de cierta rara gracia, por encima del abismo de varios años en una terrible y solitaria batalla, pero aferrando el mapa que conduce de regreso a mí”.

Hoy admirada por todos y por todas (no hay chica frente al micrófono que no le deba algo y Randy Newman la considera “la mujer más inteligente con la que jamás he trabajado”, y no creo Randy Newman piense eso de muchos), Rickie Lee Jones fue en principio entendida como una mezcla de Laura Nyro y Joni Mitchell pasadas por el tamiz visionario de Jack Kerouac. Ahora –enseguida– Rickie Lee Jones fue Rickie Lee Jones y basta recitar la caprichosa y siempre creciente lista de tracks para comprenderlo: “Chuck E’s in Love”, “Danny’s All-Star Joint”, “A Lucky Guy”, “Juke Box Fury”, “Tell Somebody”, “Coolsville”, “The Last Chance Texaco”, la ya mencionada “We Belong Together”, “The Horses”, “Falling Up”, “Skeletons”, “It Must Be Love”, “Woody and Dutch in the Slow Train to Pekin”, “Living It Up”, “Company”, “Ugly Man”, “Traces of the Western Slopes” y “Stewart’s Coat”, una de las más hermosas love songs jamás escritas y resulta imposible escuchar aquello de “Abrázame, amor, otra vez no puedo dormir / ¿Tendré que besar tu nariz? / Sólo dame el tiempo suficiente para aprender a arrastrarme”, sin sentir un cálido escalofrío.

Vi dos veces a Rickie Lee Jones en vivo. Y verla es creerla todavía más de lo que se la cree cuando se la escucha a solas o en íntima buena compañía. Una artista a la que –jazz, pop, rock, torch-song, gospel, bossa nova– nada le es ajeno y que no tiene problemas en afirmar que no puede escuchar sus canciones sin ponerse a llorar y que lo que la hace derramar lágrimas “es la profunda gratitud por haber vivido tanto tiempo, llegado tan lejos y poder mirar atrás por encima de mi hombro y comprender que somos lo que creamos”.

Rickie Lee Jones, quien sobre un escenario –adelantarse a la próxima y cercana experiencia en directo con sus Naked Songs: Live and Acoustic (1995) y Live at Red Rocks (2001)– demuestra cabalmente “cómo funciona y crece y cambia de forma la idea de un sonido, cómo se ajusta a una nueva información y cómo, también, permanece intacta como algo sólido: una iglesia, un puente”, y cómo una canción es “una entidad que no deja de evolucionar. No está estancada; se mueve. Como un árbol o el trazado de un camino. Es algo vivo, un espíritu que ha sido capturado. Nosotros, los escritores de canciones que también las interpretamos sobre un escenario, sabemos muy bien que así es nuestro trabajo”.

Rickie Lee Jones quien suele pensar en la canción “como una casa que vive dentro de uno”.

Vayan a verla y a oírla, déjenla mudarse dentro suyo, sepan que ya nunca saldrán de ahí dentro.

Afuera siempre hace frío y Rickie Lee Jones –anfitriona perfecta– tiene lana para todos.

Y teje.

Y abriga.

Y te clava las agujas en el corazón como flechas amorosas.

Y, sonriendo, te dice y te canta eso de “Mi casa es su casa”.

Songs, Sweet Songs.

Bienvenidos.

Bienvenida.

Rastros de las colinas del Oeste

Por Rickie Lee Jones

Bajamos y damos la vuelta
Hacia el lado más lejano de las vías
Lolitas jugando al dominó y al poker
Detrás de las casuchas de sus padres
Chicos de ojos vacíos y rostros manchados de pegamento
En un perlado vidrio que salpica
Si nos delatan
Si vienen tras nuestro culo
Les vamos a dar el pase
El pase Cadillac

Llévame ahora
Desde el azul y pálido cuarto te seguiré
A través de los rostros y los rastros del
Tesoro que sigo escuchando dentro mío
Los locos hacen oír sus voces
a través de los chicos lindos
Y de los mejores
Uno levanta las conexiones
Mientras te dan las direcciones
Hacia las colinas del Oeste

Le mentí a mi ángel
Para poder llevarte al centro
Le mentiría a cualquiera
No había nadie alrededor
Y sé que la gente dice de mí
Pero le mentí a mi ángel
Y ahora no puede encontrarme

Lo siento
Lo vi
Lo vi
Riendo
Los podía escuchar
Riendo
Vivos
Los podía escuchar

E. A. Poe
Y Johnny Johnson
Si entrás en el dial
Están llamando
Desde la colina del Oeste.
Quién es el delgado haz de luz
Que te mantiene
estrangulado en la
escenografía
Que sigue mi voz
¿Podés verme?
Entonces seguí mi voz

¿Quién levantó esta barrera?
Que nadie escucha —al Jack
bajo el eje
Cavando bajo la corriente
Alguien trata de volver
¿Pero quién está calificado para devolver
la canción duradera del alma?
Desde las lagañas de sus ojos
Y las estrellas que chocan

E. A. Poe
Y Johnny Johnson
Si entrás en el dial
Están llamando
Desde la colina del oeste.
Quién es la fina línea de luz
Que te mantiene
estrangulado en la
escenografía
Que sigue mi voz
¿Podés verme?
Entonces seguí mi voz —¿me ves?

Esta es apenas una de las canciones de Rickie Lee Jones que, con suerte, cantará en Buenos Aires.

Rickie Lee Jones se presenta el jueves que viene, 25 de junio, a las 21.30 hs en el Teatro Gran Rex (Av. Corrientes 857)

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