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Domingo, 21 de junio de 2009

Un Cristo de la modernidad

 Por Jose Pablo Feinmann

El Comandante Guevara decía (en el más duro de sus textos: El Mensaje a la Tricontinental) que Estados Unidos era el gran enemigo del género humano. Hoy, ese enemigo hace un film sobre su figura y es sin duda el mejor que se ha hecho. La teoría del foco –que es impecablemente antimarxista– es la creación personal de Guevara. Fracasó en toda América latina. La guerrilla no galvaniza a las masas. Los campesinos bolivianos terminan denunciando al hombre que los fue a liberar. Como yo considero que la lucha revolucionaria sólo puede llevarse a cabo con un poderoso aparato de ideologización y movilización de masas, preferiría no hablar de alguien que ha elegido un método tan opuesto. Admiro a un hombre que ofrece la vida por sus ideas. No lo hicieron los popes de la guerrilla montonera argentina, que mandaron a morir a otros en medio de una estrategia terriblemente equivocada a la que llamaron delirantemente contraofensiva. El Che hizo el foco en Bolivia y ahí entregó su vida. Su derrotero final es crístico. Su sufrimiento no tiene parangón. El asma, en la selva húmeda de Bolivia, era previsible que lo atormentara hasta inutilizarlo. Que Inti Peredo aprenda quechua. Que les hable a los campesinos sobre las glorias de la revolución cubana es tan conmovedor como insuficiente. Los campesinos, dice el Che en su Diario, lo miran atónitos, no entienden nada. El martirologio hace de los derrotados, triunfadores. No hubo mayor fracasado que Jesús de Nazareth, y hoy el Papa que reina en su nombre es poderoso. Y la religión que se inspiró en él lleva adelante una guerra en nombre del Padre del muerto de la Cruz. Con el Che, lo mismo. Gana su batalla en el piletón de Vallegrande. Se ríe aun muerto. Por tanto, no está muerto. Vive en la esperanza. Seamos como él, dice Castro. Si se quiere ganar, mejor no. Si se busca transformarse en un símbolo eterno de la rebeldía contra la injusticia, mejor sí. El Diario del Che en Bolivia (en que esta correcta y cuidada película se basa) es uno de los textos más desgarradores, más dolorosos que ser humano alguno haya escrito. Tanto sufrimiento sólo podía engendrar un mártir. No ganó ninguna batalla. El jefe de la Revolución Cubana fue Fidel, que contó con el campesinado, la descomposición del Ejército batistiano y una increíble distracción histórica de los Estados Unidos. Acaso ganó la batalla de Santa Clara, pero su enemigo era demasiado débil y estaba carcomido por vicios definitivos, insolubles. En Cuba, era él o Castro. Fue Castro, que no era un aventurero sino un político. Y hasta un socio del Kremlin, cosa que Guevara le reprochaba. Se tenía que ir. En la selva boliviana, entre otros libros, leía increíblemente la Fenomenología del Espíritu. A él y a sus hombres los derrotan y los matan fácilmente. En este film, al menos nadie le hace pronunciar frases póstumas de compadrito que no le teme a la muerte. El sargento Terán hace fuego y el Che muere como cualquier ser humano. La foto del piletón de Vallegrande no aparece en el film, pero es fundamental en la mitología de Guevara. Es un Cristo que sonríe rodeado de asesinos torpes, que quieren lucirse mostrando los lugares por donde entraron las balas. Permanecerá como ya lo sabemos: un símbolo de la rebeldía. Y más: de todas las rebeldías. Pero su lucha es un eslabón más de los terribles fracasos de las guerrillas latinoamericanas, vanguardistas, solitarias, de espaldas al pueblo. Lo lamento: uno sabe que hay un montón de gente que lo odia a uno porque dice esto. Guevara es una especie de James Dean, de Eva Perón y hasta de Jim Morrison. Tocarlo es ofender a muchos. Pero si no señalamos las debilidades fatales de toda lucha solitaria que se basa en la arrogancia de los líderes, sólo ayudaremos a equivocar caminos del futuro. El ejemplo es el de Guevara. Su metodología de lucha, no. Curioso: esa metodología –su doloroso, crístico fracaso– hizo de él el mártir que es y el símbolo que alienta la rebeldía en la conciencia de muchos. Acaso sirvió para eso.

Che: Guerrilla, la segunda parte del díptico sobre Guevara filmado por Steven Soderbergh con Benicio del Toro, se estrenó el jueves pasado.

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