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Domingo, 12 de julio de 2009

FAN > UNA ACTRIZ/CANTANTE ELIGE SU PELICULA/CANCION PREFERIDA: CRISTINA BANEGAS Y LA CANCION DE JULES ET JIM, DE TRUFFAUT

Cirujeando de la realidad

 Por Por Cristina Banegas

Es una película que vi cuando era muy joven, calculo que un poco después de su estreno, en el cine Lorraine, que era donde íbamos a ver buen cine.

Justo hace unos días me llegó por correo un disco de regalo de una amiga francesa en el que ella hace “Le Tourbillon”, la canción de Rezvani que canta Jeanne Moreau en la película. Me trajo muchas imágenes. La luz de la película, que es algo inolvidable, esa casa donde ellos tres conviven, las actuaciones perfectas, los paseos en bicicleta, en coche, el muelle, ese triángulo amoroso, esa poética trágica del amor.

Yo había visto Los 400 golpes, pero fue esta película la que me enamoró del cine de Truffaut. Yo era muy joven, pero creo que lo que me impresionó es el trabajo con la emoción y los sentimientos, la sensibilidad extrema y sutil que atraviesa toda su filmografía y me hizo ser desde entonces una fiel de sus historias, de su cine.

Y, por supuesto, Jeanne Moreau. Ella como la diosa objeto del amor de esos hombres. Esa actriz magnética, intensa, inteligente, misteriosa, amabilísima. Uno no podía mirarla sin amarla. De una sensualidad extraordinaria. Siempre recordé mucho esa canción que canta ella en el film, acompañada por una guitarra. La estoy escuchando estos días de nuevo por el cd que me mandó mi amiga, y me parece que contiene la historia, la emoción, la tristeza y la desolación que produce el final de Jules et Jim. Tiene esa estructura circular, como de canción infantil, y es cantada con esa voz única y hechizadora de Jeanne Moreau.

Esta canción la he cantado como parte de las partituras subjetivas que construimos los actores cuando actuamos. La tarareaba en voz muy baja, secretamente, cuando hacía Romeo y Julieta. Aunque no tenía nada que ver con la época isabelina, ni con el género, pero en la subjetividad y en el imaginario todo es posible y todo puede cruzarse y asociarse. La actuación nunca es literal, por suerte. Adentro siempre hay otras historias, diferentes, personales, paralelas a la narrativa de la obra. Así que la canturreaba mientras hacía unas acciones en una escena. Como los actores estamos siempre rasguñando, cirujeando de la realidad fragmentos con los que construimos, fue parte de mis partituras personales de trabajo. Y creo que la usé más veces, porque es muy, muy íntima, irrenunciable. Una canción indeleble. Para siempre. Como Jules et Jim, que es una película para siempre.

Cristina Banegas está ensayando Medea de Eurípides, en el San Martín, con dirección de Pompeyo Audivert, la versión es de ella y Lucila Pagliai. También se la puede ver en TV en la serie Tratame bien. Y da un taller sobre La Improvisación y el Texto en el Excéntrico /Unsam.

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Jules et Jim (1962)
fue una obsesión de François Truffaut desde que leyó la novela semiautobiográfica de Henri-Pierre Roché, a los 23 años, cuando todavía no había dirigido su primera película y se dedicaba a la crítica de cine. La historia atraviesa varios años, desde antes de la Primera Guerra hasta la posguerra, y sigue a dos amigos bohemios, aspirantes a escritores –el tímido austríaco Jules, interpretado por Oskar Werner, y el más extrovertido Jim, interpretado por Henri Serre–, que pasan una larga temporada juntos, compartiendo las mujeres que el segundo consigue. Hasta que entra en sus vidas, como un torbellino, Catherine (Jeanne Moreau), una belleza que les recuerda a una estatua griega que los ha hipnotizado. Catherine se casa con Jules y se convierte en amante de Jim. Conforme pasan los años (y la guerra, donde por un momento los protagonistas pelean en ejércitos enfrentados) el relato va adquiriendo un tono cada vez más melancólico, expresando el dolor por el paso del tiempo, la pérdida del amor y de la inocencia.
Uno de los elementos más recordados por los fanáticos de esta película esencial que el director de Los 400 golpes filmó antes de cumplir treinta años, es la música de su colaborador habitual Georges Delerue, y en particular la canción de la que habla Cristina Banegas en esta página, “Le Tourbillon” (“El torbellino”). De ella se ha dicho que resume en su letra la turbulencia que desestabiliza las vidas de sus tres protagonistas; en la película la interpreta Moreau, con esa “sexualidad cerebral” que la convierte en la quintaesencia de la chica nouvelle vague. En palabras de Truffaut, “una presencia luminosa, una puta de fin de siglo que se encamaba con cualquiera”.
 
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