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Domingo, 29 de noviembre de 2009

MúSICA > EL FENóMENO DE ONDA VAGA

La nouvelle vague

Empezó como un grupo de amigos en una playa uruguaya, pero la onda enseguida llegó a Buenos Aires y empezó a florecer en terrazas, galerías de arte, fiestas y cuanto lugar estos músicos coparan con su repertorio acústico. Un año y medio después, los Onda Vaga son el fenómeno de la escena independiente, llevan mil personas por show, fueron invitados por Fito Páez a compartir escenario, nominados a los MTV Latinos y tuvieron una primera gira por Europa. Pero ellos se siguen considerando un grupo de amigos con entusiasmo compositivo felices de poder cantar juntos.

 Por Natali Schejtman

Una conformación veraniega, amiguera, casi casual se convirtió en el último éxito del indie local. Empezaron como cuatro jóvenes que pasaban sus vacaciones en las playas de Cabo Polonio (ese pueblo desconectado, horizontal, infinito y dolarizado de la costa uruguaya) y como cosa natural hacían canciones y las tocaban con sus instrumentos. Dos de ellos, Nacho Rodríguez y Marcelo Blanco, eran integrantes de Doris, una banda de rock con ribetes de Pixies reubicados en la Argentina del 2001; otros dos, Marcos Orellana y Tomás Justo, eran parte de Michael Mike, otra banda de rock con influencia hip hop. El repertorio obligadamente unplugged iba a abrirse paso en un bar del lugar y había que ponerse un nombre que mezcló chiste, la necesidad rápida, palabras polisémicas y hasta el dato de la curiosa traducción en francés (vague vague, muy simpático). Quizás, una especie de cadáver exquisito en ojotas fue lo que terminó de rotular a Onda Vaga. El entusiasmo fue contagioso: ellos sabían que ahí había algo.

TODO A PULMON

Las olas y el viento quedaron como el innegable espíritu de una banda que se escucha en la ciudad, a veces con auriculares en el epicentro de los subtes o en la calle, entre bocinazos y motores. Al volver de la playa, Onda Vaga, que ya estaba teniendo más forma (siempre vaga) de banda, sumó a Germán Cohen, integrante de Satélite Kingston y la Orquesta de Salón, una voz más y un trombón para el sonido acústico, que completa la formación de instrumentos: cajón, guitarra criolla, cuatro, trompeta. Nada de cables, aunque ahora la corriente dejaba de ser marina y volvía a estar al alcance de los dedos. Dice Nacho Rodríguez: “Me andaba rondando por la cabeza la idea de tener una banda que no usara electricidad, había visto una, donde tocaban Martín Buscaglia, Martín Morón, Gustavo Montemurro y otros uruguayos, totalmente acústica y me emocionó mucho, me pegó fuerte. La verdad que yo pensé que la banda tenía potencial, siempre creí en Onda Vaga”. Lo acústico es una de sus insignias y una de las marcas que dejó el Polonio: “Lo acústico es la pureza del mensaje intacto. Llega a los oídos de todos sin intermediarios, sin artificio. Eso es, para mí, casi sagrado”, dice Marcelo Blanco. Y Nacho agrega que una de las ventajas es “la facilidad y movilidad que eso nos permite. Tocar sin sonido nos permite prescindir hasta de escenario”. Así fue como tuvieron un 2007 de presentaciones: terrazas, galerías de arte, fiestas, y pronto el público fue aumentando. Durante el ciclo de shows en el Konex (que termina hoy), van a verlos unas 1000 personas por domingo: “El tema de lo acústico no puede ser axiomático cuando te proponés tocar para mil personas. Ahí no hay chance más que microfonear los instrumentos, a menos que nos den el Teatro Colón y convoquemos una orquesta y un coro para acompañarnos, cosa que me parece imposible pero a la vez me ilusiona”, continúa Marcelo. Para los shows actuales, el staff fijo de la banda sumó a Alvy Singer como contrabajista, Facundo Flores en percusión y Santiago Castellanbai en tuba. “Me parece que la experimentación instrumental por ahora viene más por el lado de incrementar la sonoridad, sin modificar lo acústico del proyecto”, dice Germán Cohen.

Vale la pena hacer un plano detalle de los shows. Tanto en la terraza doméstica en la que ofrecían las primeras muestras como en el playón del Konex se avista un público joven con muchas “ondas”: desde el pantahippie hasta la campera deportiva, desde el delegado estudiantil hasta el joven entrepreneur, todos convergen y conviven para escuchar a estos chicos divertidos y energéticos. Las chicas gritan bastante y todos bailan. Las canciones generan eso: son cumbias, rumbas, canciones que pasan por distintos géneros a la vez, movedizas y contundentes, ejecutadas con la chispa de los músicos que arengan con una simpatía glam, dulzona y barra brava.

Desde el nombre, Onda Vaga tiene algo de pachorra y relajo, que por lo visto no atenta contra lo profesional y la constante actividad. Este año se fueron de gira por Europa y fueron nominados a los premios MTV Latinos. Al cantar los cinco generalmente al mismo tiempo también logran una sensación comunitaria. Juntos generan la idea de la música como salvación para las penas individuales: el mismo hecho de cantar no sólo los divierte, también parecería salvarlos de los “mambos”. Y las canciones –pegadizas como las carcajadas y la angustia de los otros– suelen contar historias de amor, loas a mujeres, algo de sexo y viajes interiores y exteriores. Precisamente, “Mambeado” (y si por ahí el miedo me viene a buscar de nuevo/ Voy a recordar lo que cantamos juntos/ una vez, mirando el cielo) es un canto a la vida después del infierno, un bálsamo musical y una de las canciones que eligieron Adriana Calcanhotto y Moreno Veloso para interpretar en su versión en Buenos Aires, durante la semana que pasó. “Gilda” (interpretada junto a Fito Páez en el disco), una oda a una mujer mareante y de “secreta guarida”, excusa para esbozar referencias varias. “Como que no” es un cover del uruguayo El Príncipe aggiornado de manera inteligente a la Argentina con pibes en la placita, en el paco y en el raggaeton. Además de otros covers, hay canciones que se cruzan con sus otras bandas.

La manera de componer es a la vez individual y grupal: “Por lo general componemos las canciones por separado y las mostramos y decidimos si se hacen o no... Eventualmente cuando hay alguna muy buena idea que está dando vueltas y el que la trajo no puede definirla nos juntamos para darle forma. La parte de los arreglos, o sea lo que va mas allá de la composición en sí, lo hacemos entre todos”, dice Germán.

Desde que empezaron, las presentaciones fueron muchas. Meses enteros haciendo shows semanales, dándose a conocer en vivo o vía My Space y You Tube, hasta que grabaron Fuerte y caliente, disco editado en septiembre del año pasado. Ellos ya habían sido invitados a La Trastienda para tocar con Fito, y ahora Fito sumaba su voz y el piano a la nouvelle onda, como lo hicieron también Pablo Dacal y Andrea Prodan. “A mí me encanta hacer discos, el momento de grabar, de armar arreglos, creo que el disco es algo”, dice Nacho. Marcelo agrega algo que aporta mucha contemporaneidad a la banda: “Yo creo que nuestro disco fue muy importante a nivel difusión, no necesariamente como disco físico en sí, sino también en su formato pirata, bajado de la net o escuchado vía My Space. Grabar las canciones nos permitió llegar mucho más lejos de lo que hubiéramos llegado sólo tocando en vivo”. Tal vez algo de eso tenga que ver con que el público haya crecido tanto: la banda gusta, sí, y tiene una magia palpable en sus presentaciones en vivo (sobre todo en verano y al aire libre, quizás), pero el sonido acústico no supone un mandato de la inmediación por sobre todo: la banda aprovecha todas las vías de difusión facilitadas en esta era.

ONDA ONDA BUENA ONDA

La génesis de la banda que parte del grupo de amigos es conocida y vista. En este caso también sucede que hay bandas, más y menos de fantasía, amigas de Onda Vaga, que hacen apariciones en sus shows y de las que a veces algún vago es miembro estable o músico invitado. Esa red de boy bands aporta otro componente lúdico a las sonrisas y miradas hipercómplices de la banda en acción. Heroes of Loud And Magic u Os Caras Do Peixe (que toca hoy a la noche) son dos de ellas. Esta segunda cuenta incluso ya con un pequeño hit llamado “Sexo” que parece haber sido compuesto también de vacaciones y entre risas (un chico le trata de hacer entender a una chica en portuñol que “Estoy falando de facer un yeiyo”). La ligereza y la compulsión por caer a todos lados con una guitarra y hacer un fogón en un living forma parte del ADN del grupo, algo visible arriba del escenario (cuando éste existe) y abajo. Dice Marcelo: “Siempre en nuestro grupo de amigos hubo esa energía compositiva juguetona de crear canciones entre nosotros para divertirnos. Todos tocamos algún instrumento y a todos nos eleva cantar juntos una buena canción. Es una forma de seguir siendo niño a pesar de la edad y las obligaciones”.

Nunca es muy fácil dilucidar por qué una banda empieza a convocar. A las virtudes propias quizá se le puede agregar una mayor empatía por el sonido latinoamericano que en una de ésas no era tan asumida hace 10 años por parte de la audiencia joven. No por nada el vínculo con Manu Chao es estrecho (hoy tocarán junto a él en All Boys). Pero Onda Vaga no deja de estar en un lugar tan fronterizo como la costa misma, trayendo algo que no vemos cotidianamente. Marcelo concluye: “Yo creo que tenemos mucho de gran ciudad, por haber crecido en una, pero a la vez Onda Vaga es escapista. Te dice ‘estas luces te encandilan, bajate de la moto, prendé una vela y subite a la ola’ ”.

Onda Vaga toca hoy a las 22 en Ciudad Cultural Konex (Sarmiento 3131). También, antes de que Manu Chao se suba al escenario en la cancha de All Boys.

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Imagen: Xavier Martin
 
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