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Domingo, 13 de diciembre de 2009

CINE > HáBLAME DE LA LLUVIA Y LA CUESTIóN ARGELINA

La lluvia lo lavará

La directora de El gusto de los otros avanza sobre uno de los terrenos más problemáticos y delicados de Francia: la responsabilidad y la culpa alrededor de Argelia. ¿Qué hacer con esa culpa? ¿Cómo pacificar entre franceses y descendientes de argelinos los fantasmas de aquellas atrocidades? Hace unos años, Haneke dio una respuesta fugaz y lacerante en su película Caché (escondido). Ahora, con Háblame de la lluvia Agnès Jaoui intenta otra, bastante más complaciente.

 Por Mercedes Halfon

Agathe, una feminista devenida política en campaña, producto de la necesidad de completar el “cupo femenino” en las elecciones venideras, debe viajar a su pueblo natal en el sur de Francia, a encontrarse con su hermana Florence para resolver cuestiones de su madre muerta y de paso, conseguir un par de votantes. Lo sabemos: volver es arduo, con la frente marchita se complica, pero con la frente demasiado alta hasta puede ser peor. Emergen los rencores familiares agazapados, los amores caducos, los sueños que no llegaron ni a la esquina. Agathe y su hermana Florence se llevan mal. Es que Florence es una mujer insatisfecha de un modo casi infantil, odiadora de su marido, de sus hijos y hasta del cambio climático, resentida con el cariño maternal que no recibió en igual medida que su hermana triunfadora. Todo esto explica que este encuentro esté muy lejos de ser el de las hermanas de Sensatez y sentimientos en una brumosa pradera, en este caso, francesa.

Ese es el núcleo de mujeres de la nueva película de Agnès Jaoui, realizadora y actriz francesa, quien encarna aquí a la urticante Agathe. Como en El gusto de los otros y Como una imagen, Jaoui hace un cine de corte intimista: en Háblame de la lluvia, otra vez se trata de glosar a la burguesía ilustrada francesa, pequeñas historias con personajes intelectuales o artistas, en este caso una feminista y (luego aparecerán) cineastas, gente bien pensante en general, que tiene que enfrentarse, por alguna situación particular, con sus propias ideas y prejuicios sobre los demás y sobre sí mismos.

La casa familiar devenida en casa de Florence y familia tiene, entre las pertenencias a las que se les busca un destino, a Mimouna, la niñera argelina que las cuidó de pequeñas. Mimouna quiere a Florence y a Agathe tanto como a Karim, su propio hijo. “Sería feliz si te casaras”, le dice a la feminista. “No quiero irme y dejar a Florence”, dice sobre la hermana menos querida y más aniñada. Ya no hay plata para pagarle, pero la vieja Mimouna se queda igual, como otro aquerenciado objeto de la casa, e inclusive llega a sentirse mal por la necesidad de buscar otro trabajo. Karim, por su parte, es el único que parece no naturalizar el servicio doméstico de su madre. Quizá porque, además de trabajar de recepcionista en un hotel, Karim es montajista de cine documental, un área que históricamente se ha prestado a resaltar las contradicciones ideológicas, plano a plano.

Hace falta Karim, un argelino de segunda generación, para unir esas castas que parecen separadas desde la sangre. El y su amigo Michel están filmado un documental sobre “mujeres de éxito” y quieren entrevistar a Agathe, que, orgullosa, se somete a su interrogatorio. Pero, ¿cómo tomar en serio los planteos feministas de Agathe cuando se le pasa por alto la delicada situación de Mimouna ejerciendo el trabajo doméstico como destino natural de una mujer (primero) de un sector social desfavorecido (segundo)?

Viendo Háblame de la lluvia y cómo estos duros conflictos se disuelven al final como en un vaso de agua tibia, queda claro que estamos muy lejos de los planteos revolucionarios de La batalla de Argel, de Gillo Pontecorvo. Agnès Jaoui le habla a otro tiempo histórico. Pero también lejos de la mirada corrosiva de Caché (escondido), de Haneke, y su flashazo sobre la culpa francesa en la descolonización. Jaoui plantea este problema entre otros de menor importancia y en el final, manto de piedad mediante, pacífica, como si para ser felices y olvidar las culpas, las contradicciones de clase, no hubiera que hacer otra cosa más que relajarse.

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