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Domingo, 23 de junio de 2013

TEATRO> CRISTINA BANEGAS HACE EVA PERON EN LA HOGUERA

La voz de la médium

En 1972, Leónidas Lamborghini intervino La razón de mi vida, de Eva Perón, y con ese procedimiento escribió un poema que rescata el valor revolucionario del texto original y se suma a las muchas Evas de la época: la de Walsh, la de Copi, la de Perlongher. Ahora, Cristina Banegas reestrena la puesta de este texto en una actuación poderosa, ritual, que tiene como protagonista a la voz, al sonido de las palabras.

 Por Mercedes Halfon

Vestida de negro sobre un fondo negro, apenas iluminada por una lámpara de escritorio algo extraña, Banegas comienza: “Por él. A él. Para él. Al cóndor él si no fuese por él. A él. Brotado ha de lo más íntimo. De mí a él: de mi razón. De mi vida. Lo que es un cóndor él hasta mí: un gorrión en una inmensa. Hasta mí: la más. Una humilde en la bandada”. Es Eva, no hay duda, pero el canal por el que llega a nosotros está fisurado, la imagen es lo suficientemente plana como para que en lugar de detenernos en el rodete, o en los brazos elevados o el vestido, nos concentremos en otra cosa. En su voz.

Y que la puesta entera tenga esa dirección, llamemos auditiva, es todo un gesto, porque para bien o para mal es en la imagen de Eva Perón donde siempre se dirimen los homenajes y ha sido tomada por tantos lenguajes artísticos, que ya es un género en sí mismo: del affaire Nicola Costantino a Daniel Santoro, de Juan Carlos Desanzo al musical de Broadway que tuvo como última protagonista a nuestra Elena Roger (generando inclusive un curioso orgullo chauvinista), por citar algunos ejemplos. Por eso esta puesta teatral, si bien pone frente a nosotros a la apabullante Cristina Banegas en una actuación que de neutral no tiene nada, deja de lado la disputa por la imagen, para subrayar algo así como el sonido de Eva, o mejor, el sonar de sus palabras.

DE LA ESCENA AL POEMA

No por nada se trata de la puesta en escena de Eva Perón en la hoguera, poema homónimo que Leónidas Lamborghini publicó en su libro Partitas en 1972. Y ese poema es a su vez un trabajo de desmembramiento y remontaje, muy propio de Leónidas, del célebre La razón de mi vida de Evita. Todo Partitas –como el mismo título lo indica– es un libro de variaciones. El procedimiento constitutivo era trabajar al modo del pop, con elementos “ya hechos”, y a partir de ahí reestructurarlos. Por supuesto que no se trataba de un puro juego inocente, un cubo mágico de frases. La recreación del autor estaba dominada por un profundo sentido político (Lamborghini fue militante, colaborador de la campaña de Cámpora y luego se exilió en México) y a la vez experimental. Su trabajo con la respiración de las frases, además de rítmico, generaba nuevos sentidos, combinaciones y jerarquías que aparecían al vaciar los texto de su retórica original.

En esta línea es que Lamborghini interviene La razón de mi vida. El procedimiento podría relacionarse con las vanguardias, pero también puede leerse como una reivindicación. Frente a las críticas a lo doctrinario o la sensiblería de aquel texto, Lamborghini rescata su valor revolucionario: “Para mí los obreros: en primer lugar. Para mí los que estuvieron. Los que cruzaron. Viniendo. Los que en columnas alegres. Los que dispuestos. Los que a todo los que a morir. Para mí los que en diagonales. Avanzaron. Los que hicieron callar. Para mí los que todo el día. Los que reclamaban. Los que a gritos. Los que encendieron: los que hogueras”. Esa Eva rescataba Leónidas, la encendida que encendía y que en ese fuego, como Juana, se extinguió.

DEL PALCO AL ESCENARIO

La Eva de Lamborghini también podría enfrentarse con otros abordajes literarios de la misma figura que fueron realizados, no casualmente, en el mismo período. La Eva que propuso Rodolfo Walsh en Esa mujer, relato que encabezaba Los oficios terrestres, en 1965. Allí era una presencia ominosa y nunca se la nombraba explícitamente. La revulsiva Eva teatral de Copi, estrenada en París en 1970 y que fue interpretada nada menos que por una travesti. La triste proletaria Evita vive, de Néstor Perlongher, en 1975, en el que la heroína no había muerto y tenía una sobrevida lamentable.

Y entre todas está la Eva de Lamborghini-Banegas. 1972 y 2013. Obviamente, el poema que escuchamos en la Casa del Bicentenario, en boca de la actriz, es un poema nuevo, resignificado. Es diferente inclusive de su primer montaje en el Foro Gandhi, prácticamente veinte años atrás. Como dice Banegas: “Cuando, en 1994, estrenamos la obra, con dirección de la gran Iris Saccheri, sabíamos que ese fantasma, sobre el fondo del menemismo, era un fantasma furioso. Ver nuestra patria arrasada sostuvo esa furia”.

Y hay que decir que la pluralidad de voces que Leónidas abre, en su ruptura a la linealidad de La razón de mi vida, Cristina Banegas la encarna y la amplifica. Una inmensa diversidad de registros se hacen presentes, todas las facetas en las que puede ser pensado el peronismo acuden como sombras al escenario: la fuerza mítica, la popular, la maternal, el amor al líder, los discursos infinitos, los actos multitudinarios, los descamisados, el terror que sobrevendría. Banegas es una actriz con un manejo de lo vocal extraordinario –ha llegado a escribir sobre estas cuestiones en un libro de pequeños ensayos de corte filosófico-poético– y hace pleno uso para dar cuerpo a la poesía. Lejos estamos de la declamación. El trabajo de Banegas es puro poema encarnado en toda su complejidad y en toda la complejidad de un movimiento como el peronista. Con matices ínfimos o grandes aullidos, aparecen todos los fantasmas, convocados por esta mujer al escenario. Susurros, gemidos y megáfonos. Voz plena, voz quebrada y voz de trueno. Banegas acaba de ser nombrada personalidad destacada de la cultura de Buenos Aires. Y lo celebra en este rito teatral en el que ella, como una médium de las voces argentinas, es hablada y habla el mejor poema jamás escrito sobre Eva Perón.

Viernes 28 de junio a las 20, en la Casa Nacional del Bicentenario, Riobamba 985. Gratis.

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