CULTURA / ESPECTACULOS › LA MUESTRA 18BRUMARIO UNE ENSOñACIONES RIBEREñAS DE DISTINTO CAUCE

La ciudad junto al Paraná inmóvil

La exposición curada por Justo Pastor Mellado reúne fotos y videos de la rosarina Laura Glusman y Río Maruri, una instalación multimedia de la chilena Andrea Goic. Puede visitarse hasta fin de mes en los túneles del Parque de España.

 Por Beatriz Vignoli

"No iré a Madrid... Para mí Madrid no tiene ubicación, o peor, está en todas partes. Pero esa ubicuidad queda demasiado lejos para mí. Por eso no iré", escribe en su libro Ciudadanos de baja intensidad el autor chileno Marcelo Mellado, con una prosa que tiene la música veloz de un torrente que arrastra todo a su paso. "Los ríos chilenos del valle central son así, porque, apenas, la fuente y el mar están separados por 150 kilómetros y el desnivel entre una y otro es apreciable", explica el curador independiente de esa nacionalidad Justo Pastor Mellado en el catálogo de la muestra 18BRUMARIO. Su enfoque, deleuziano, elude el regionalismo: "El Paraná es ancho y lento... es retroversivo, da vueltas y vueltas, se estanca". Son estas "ensoñaciones ribereñas", diversas ya desemboquen en el Pacífico o el Atlántico, las que arman un "diagrama" entre las fotos y videos de Laura Glusman (Rosario, 1971) y Río Maruri una instalación multimedia de Andrea Goic (Santiago de Chile, 1960). Lo fluvial, el clima como "paisaje cultural", sirven de eje a la exposición que puede visitarse hasta fin de mes en los túneles y en parte del muro exterior del Centro Cultural Parque de España (Sarmiento y el río) y que el CCPE organizó con el Consulado General de Chile en Rosario.

El proyecto surgió hace un año, en el transcurso del cual Justo Pastor Mellado modificó la idea inicial de "litoral" y optó por la más dinámica y abarcadora de "fluvialidades". El título, 18BRUMARIO, es un guiño suyo deliberadamente tramposo, casi una pregunta de examen maldita para quienes hayan leído completo El 18 Brumario de Luis Bonaparte y no sólo la tan mentada frase inicial. En otra parte de este ensayo sobre las luchas de clases en Francia, escrito entre 1851 y 1852, "Marx se pregunta por la extraña necesidad que tienen las clases al cumplir la misión que su tiempo les tiene reservada, de vestirse con ropajes de épocas anteriores", señala el curador, quien asegura investigar aquí un análogo "desplazamiento del paisaje natural hacia las fisonomías de las clases de relato, en la literatura y en las artes visuales".

La obsolescencia del Paraná como río en sus nuevos tiempos de "hidrovía" fue lamentada por el escritor rosarino Oscar Taborda (autor del poemario 40 watts y de la novela Las carnes se asan al aire libre) en el coloquio de presentación de la muestra, donde hablaron también los hermanos Mellado y el crítico británico Kevin Power. La charla fue más bien meandrosa y divagante, con algunos raros chispazos de lucidez como el citado, o como cuando los chilenos sugirieron, cada cual desde su disciplina, audaces analogías entre naturaleza y cultura. Estas se detallan y expanden en un gráfico a la entrada de la muestra, a la que acompaña un video en el que los dos novelistas conversan en algo que suena como murmullos. Una lástima que no haya podido estar terminada a tiempo la prevista reedición de Informe Tapia, novela de Marcelo Mellado (el posmodernismo furibundo de cuyos magníficos cuentos es algo así como una cruza entre César Aira y Fernando Vallejo) en la que ríos de Chile, como el Maipo, delimitan feudos beligerantes de poetas amateur.

Ya en los túneles, lo que se establece entre las obras de Glusman y Goic es menos un diálogo que una competencia algo incómoda. ¿Cómo acompañar los serenos, sutiles y contemplativos videos de Glusman, quien inteligentemente se toma de dicha tecnología visual para subvertir y a la vez continuar por otros medios la tradición renacentista del cuadro como ventana; o sus inmensas fotos, que hacen lo mismo con el género romántico del paisaje como tema? Aquí, no sólo representan la relativa quietud del Paraná sino que más bien quedan del lado de la "naturaleza". Si bien son muchas y se les dedica bastante espacio con un montaje que las realza, se hubieran lucido más en un contexto que subrayara la agudeza conceptual de sus dispositivos estéticos y no el motivo, que es una mera excusa. (La desventaja del crédito local se vio agravada por errores de rotulado en la agenda del CCPE y por una foto de catálogo que no ayudó a su Nocturno a hacerse visible.)

Por su parte, Andrea Goic aborda la "cultura". Su videoinstalación Río Maruri no sólo parte de un concepto genial (hacer de una calle un río) sino que se nutre de años de investigación, de colaboraciones de otros artistas y de un espectacular sentido de los efectos especiales. Es una obra de tesis, ambiciosísima, que incluye: (1) un video, o videografía, donde la calle Maruri es mostrada en un loop continuo, alternando veredas pares e impares y borrando el registro de las calles transversales; gracias a un truco de animación digital, todo ondula provocando un efecto sensorial de realidad que es a la vez hipnótico. (2) Objetos (embalaje, valijas); (3) "papelógrafos", o gigantescos textos murales pintados sobre papel obra que la artista encargó a un integrante de la Brigada Chacón Corona, colectivo artístico de intervenciones urbanas. "Los rollos fueron desplegados en los muros de Rosario; en la calle y en la sala de exhibición que me asignó el CCPE", cuenta Goic. "Uno no sabe cómo va hilvanando mentiras, / y uno dice por ellas, y ellas hablan por uno" es uno de los versos del poeta chileno Pablo Neruda reproducidos en gran escala y pegados en un muro del Parque España. Pero lo más sorprendente es (4) una serie de 10 volantes múltiples impresos, cada uno con un número de la calle Maruri seguido de información fotográfica y textual sobre la historia del edificio. Así, Maruri 543 muestra el lote vacío que dejó la demolición de una casa donde vivió Neruda en Santiago, "la única que demolieron en toda la calle", se indigna Goic. Una etapa futura de su proyecto contempla instalar estos papelógrafos allí. Los números 245, 347 y 695 están ligados tanto a víctimas como a victimarios de la represión durante la dictadura de Pinochet; 388 y 433 documentan las degradantes condiciones de vida en los inquilinatos de inmigrantes peruanos, y "Maruri s/n" rescata una décima espinela, rima popular traída por los españoles con que se comunicaban noticias en la llamada literatura de cordel. "Maruri esquina Cruz" es un conmovedor relato de José Santos González Vera, publicado en 1948, sobre la vergüenza como efecto del choque entre lo público y lo privado. Mientras tanto el 329 y el 857 albergan, respectivamente, las historias en imágenes del dentista Rimsky y de la maletería de Juan Puigrredón (sic), hoy en venta. De allí proceden las valijas de la instalación, un envío que se demoró y no llegó para la fecha de la inauguración; pero el montaje de la obra, aún sin ellas, es impecable. El espectador, al salir, bien puede exclamar, como el poeta entrerriano Juan L. Ortiz: "¡Me atravesaba un río, me atravesaba un río!".

Y, redundante, inmóvil, sin orillas, afuera espera el Paraná.

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Andrea Goic aborda la "cultura". Su videoinstalación Río Maruri parte de un concepto genial.
 
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