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Martes, 7 de febrero de 2006

CULTURA / ESPECTáCULOS › EL ARTE ROSARINO NO ENCUENTRA LA MANERA DE SALIR DEL CÍRCULO

Mercado con oferta y sin demanda

El descenso en los niveles de adquisición de obras de arte no tuvo freno desde los años 70. Los intentos de la Municipalidad, cristalizados en la creación del Macro, no son suficientes para articular una política, mientras la provincia y la Nación brillan por su ausencia. Los aportes más efectivos provienen del sector privado. Artistas locales consagrados en Buenos Aires tienen más dificultades para ser reconocidos en la ciudad en la que producen su obra.

 Por Pablo Montini*

Según varias investigaciones históricas, el artista rosarino poco pudo hacer frente a las expectativas de un mercado de arte reducido: sólo podía conformar a los colegas, estrechar redes sociales entre pares. Esta situación parece no haber cambiado en la actualidad, cuando los agentes encargados de dotar de valor simbólico y económico a las obras de arte desaparecieron del campo plástico. Lejos quedaron los 60's, cuando la pintura del Litoral triunfaba entre las capas medias en una ciudad que había consolidado su proceso de industrialización posibilitando el acceso de jóvenes profesionales con una fuerte formación cultural y política al mercado del arte. Los cambios en la estructura económica, social y política del país ocurridos a partir del golpe del 76 y las sucesivas crisis económicas achicaron considerablemente este mercado. Recién a partir de 1995 y hasta el 2000 volvieron a surgir los indicadores de crecimiento del mercado artístico nacional; pero en Rosario el descenso en los niveles de adquisición de obras de arte no tuvo freno desde mediados de los 70 hasta nuestros días.

La falta de proyectos culturales a largo plazo en el área estatal produjo un marcado desinterés en toda la ciudadanía por el arte producido en la ciudad. Esta situación se complejizó aun más en 1999, con la ruptura operada en el espacio de mayor visibilidad del arte rosarino, el Museo Municipal de Bellas Artes "Juan B. Castagnino", cuando el up date artístico incorporó al arte contemporáneo en las reglas del arte local. La indiferencia se vio exacerbada con las exigencias interpretativas que el arte actual plantea al público, a la crítica especializada y a los escasos medios de comunicación locales que tratan el tema.

La tarea de concientización social sobre el arte contemporáneo emprendida por la Municipalidad de Rosario desde diversos proyectos -﷓en la que se destaca la creación del primer museo de arte contemporáneo del país (Macro)-﷓, no ha sido suficiente. La actual administración socialista aún no ha podido iniciar una política de adquisiciones que, además de saldar deudas con las colecciones, tenga como correlato la activación del mercado de arte. Pero seguramente esta labor será más difícil de emprender desde el gobierno provincial, que no ha demostrado hasta el momento política cultural alguna. Aun más lejos está el Estado Nacional, a quien le cuesta gestionar cualquier ayuda que no se dirija a sus instituciones. Y es evidente que estas entidades gubernamentales no consiguen articular ningún proyecto cultural en conjunto.

Más efectivos suelen ser los objetivos de las instituciones culturales financiadas con aportes privados. Respecto al fomento del mercado de arte, la Fundación arteBA ha lanzado diversos programas entre los que incluyó al Museo Castagnino/Macro. Por una parte, otorgando a estos museos un monto de 5000 dólares, los empujó a la adquisición de obras en la feria; y por otra, luego de ubicarlos como "taste makers" salió en búsqueda de un posible público que validara al arte contemporáneo allí alojado a través de sus compras. En este plan la ciudad se vio representada por 20 potenciales coleccionistas que fueron invitados a la feria, mostrando las estrategias de arteBA para lograr la expansión del mercado artístico.

En Rosario, los agentes vinculados a la comercialización artística no prodigan ninguna acción clara para el desarrollo de un mercado. Actualmente, las galerías de arte tradicionales han dejado de ejercer sus funciones culturales y económicas, abandonándose a la venta de obras históricas. No más exhibiciones ni promoción de nuevos artistas ni más intentos por formar el gusto artístico de la burguesía rosarina a través de charlas, invitaciones y conciertos, ningún nuevo mailing-﷓list de posibles compradores. Como corolario, los espacios comerciales muestran un formato de exhibición cercano al de los bazares, en donde todo se expone sin orden, ni historia, ni precio, demostrando que la trastienda ha ganado a cualquier renovación. Las galerías rosarinas sólo se encargan de promover y vender un tipo de figuración más o menos tradicional, evidenciando que se expone la obra en función de la clientela y marcando la sumisión a una demanda que no alcanza a satisfacer la extensa oferta.

En contraste con la uniformidad de lo expuesto en las galerías tradicionales, el desarrollo de los "espacios emergentes" se muestra diferente, nucleando las propuestas "más jóvenes" vinculadas directamente a las reglas conceptuales del arte contemporáneo oficial cuya máxima parece ser la heterogeneidad. El nacimiento de los espacios alternativos ocurrido en las postrimerías del siglo pasado -﷓donde se entrecruzan proyectos educativos, curatoriales, artísticos y comerciales-﷓ se halla vinculado a la necesidad de rellenar los vacíos que quedaron por el retiro de las instituciones estatales. Estos espacios reflejan hoy cierta vitalidad que se expresa en la creciente venta de obras de artistas rosarinos y parecen ser los más interesados en fomentar un mercado de arte manteniendo periodicidad en las exhibiciones, dejando catálogos o estudios críticos sobre las obras o difundiendo sus actividades a través de distintos medios. Aquí, las técnicas de mercadotecnia son más acentuadas e incluyen la promoción y la capacidad de atraer opiniones gracias al apoyo que reciben de la crítica de arte. En estos ámbitos hace falta un emprendedor que relegue el provecho económico inmediato en favor de un aumento del capital simbólico, que posteriormente se trasformará en valor económico. En este sentido, se destaca el proyecto "Cultura Pasajera" en el Pasaje Pam: una agrupación de espacios independientes que buscan la creación, exhibición y comercialización de obras de arte. El hecho de que las obras exhibidas para la venta en este ámbito sean colocadas con su respectivo precio muestra el interés en acercar al arte local al grupo de posibles consumidores.

Por otra parte, existen evidencias de que los propios artistas han empezado a preocuparse por la ausencia de una de las patas modernas del campo artístico: su mercado. Esta inquietud es un fenómeno reciente ya que siempre tuvieron sentimientos contradictorios frente al valor que el dinero emana hacia sus obras. A los artistas les cuesta mucho aceptar que tienen una "profesión" y prefieren encuadrar sus actividades dentro de la "vocación", hecho que complica aun más el escenario. Tampoco parecen despertarle interés las políticas generadas dentro del propio campo, y pocos plantean una discusión acerca de la escasa inversión económica (estatal o privada) en temas culturales.

En el mercado de arte rosarino prima la venta directa y el intercambio de obras entre artistas; además, los pocos recursos que por él circulan condicionan económicamente la realización de las obras. A su vez, el escaso número de coleccionistas dentro del sistema artístico argentino lleva a los artistas a especular sobre el gusto de estos potenciales compradores haciéndolos volver tras sus éxitos pasados. Con todo, los artistas rosarinos "consagrados" por el mercado nacional y por la crítica porteña son apenas reconocidos en la ciudad donde producen sus obras.

No obstante, en la construcción de un mercado de arte local queda claro que se están dando los primeros pasos, acordando en cuanto a estas carencias; las opiniones dejan traducir la necesidad y el síntoma, como se palpitó en el seminario sobre coleccionismo de arte contemporáneo realizado en el Macro, en las charlas de coleccionistas patrocinadas por arteBA y la revista de artes visuales Ramona en el Museo Castagnino ó en el proyecto "Trastienda Curada".

(*Fragmento del texto M.I.D.A. --Mercado inexistente del arte--, número 1 del Proyecto "Trastienda Curada" de Cultura Pasajera Ediciones, Rosario, 2005).

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Una de las muestras del proyecto "Trastienda Curada" del Pasaje PAM.
 
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