CULTURA / ESPECTáCULOS › TEATRO. MIGUEL FRANCHI VUELVE CON GERMINAL TERRAKIUS AL BERLíN

La mirada crítica del humor

El actor sostiene que "hay un montón de cosas que, con el filtro del ridículo, de la parodia, aluden directamente" a la realidad. Y pide que se redistribuya la riqueza para saldar las discusiones sobre a qué asignarle presupuesto.

 Por Edgardo Pérez Castillo

Desde su paso por el Inodoro Pereyra de Norberto Campos y su participación en Teatro Abierto, a principios de los 80, Miguel Franchi sostuvo una trayectoria que nunca perdió contacto con el entorno social y político. De hecho, su ya clásico Germinal Terrakius posee una profundidad crítica que se sostiene en las hilarantes ocurrencias de ese periodista que, perseverante, sigue soñando con ganarse algún puesto elecciones mediante. Esta noche, por caso, en su primera aparición pública del año Terrakius comenzará a lanzar su candidatura para el 2011, además de analizar los acontecimientos deportivos más relevantes de la última temporada --en disciplinas alternativas como los "concursos de separadores de espirales o bonsai rítmico"-- y de proponer una inédita cata de sodas. Como bonus, el show contará con la participación de Julio Franchi, el hijo-músico que adelantará las canciones de su próximo disco, sucesor de ese buen debut que fue Mi sentimiento. Todo el combo, desde las 23, en Berlín (Pasaje Zabala 1128).

Y si bien para este 2010 Franchi ya tiene en carpeta algunos nuevos proyectos --de la mano de David Edery forma parte del elenco de Sacco y Vanzetti, próxima a estrenar, y personalmente prepara un trabajo de divulgación con textos de Shakespeare y Molière--, el director del grupo El 45 Teatro no se separa de ese personaje que surgió a principios de los 90, en Firmat, donde Franchi trabajaba fundamentalmente con un público infantil. Después de dos años, el regreso del actor a Rosario marcó un quiebre para el personaje. Como suele ocurrir, la llegada a la gran ciudad implicó el abandono de la inocencia.

Ya instalado entre el público local, Terrakius se planta en el absurdo y el ridículo sin que ello lo aleje de una postura crítica que es, también, la de Franchi. "Eso es permanente --reconoce el actor--. Cuando tengo que actuar voy leyendo los diarios, miro en la televisión algo que tenga que ver con los últimos diez días, porque siempre algo de eso hay. Hay un montón de cosas que, con el filtro del ridículo, de la parodia, aluden directamente a ciertas cosas. Hay un montón de tipos que nos dan mucho material. En la política hay mucho material, te la sirven en bandeja".

Como una de las cabezas de El 45, Franchi viene trabajando en un concepto de independencia que se sustenta en la producción sostenida, más allá de un posible respaldo estatal. "Hace unos cuantos años empecé a pensar así: para sostener la palabra independiente el planteo tiene que ver con que uno puede llevar proyectos a los estados, provinciales o municipales, y muchos de ellos resultan atractivos y reciben apoyo de distintas maneras, pero nosotros presentamos proyectos que realizaríamos de todos modos, aún sin apoyo del Estado --explica Franchi--. En los grupos que participo lo pensamos así, incluso estamos midiendo permanentemente nuestro presupuesto para ver en qué porcentaje dependemos o necesitamos de la ayuda estatal. Ese porcentaje tratamos de mantenerlo siempre en un mínimo".

Sin embargo, hay una profundidad mayor en el concepto del director, que amplía: "En realidad muchas de estas preguntas se las tendrían que hacer al público. A mí se me hace que hay un circuito en el que nos preguntamos y contestamos cosas a nosotros mismos. Yo creo que en el último año lo más importante fue la participación creciente de los artistas en los conflictos obreros y sociales. Para mí la mejor obra que hice el año pasado fue participar en el conflicto de Mahle. Para asociarnos con cosas más importantes que pasan en la sociedad. Después es muy difícil discutir algo cuando el ciudadano no votó, en una plataforma o en un plan de gobierno, determinadas acciones culturales. Yo puedo llevar un proyecto, pero en ningún lado está escrito que me tenían que ayudar. ¿Por qué el Estado me tiene que salvar?".

Lo presupuestario, también, tiene cabida en el razonamiento de Franchi: "Se instalan discusiones como si la cuestión fuera decidir si vacunar o hacer funciones de teatro de títeres. La gente quiere las dos cosas. Y si alguien me dice que no le alcanza la plata, y le reviso las cuentas y veo que de verdad no le alcanza, le digo: `Tenés razón, no te alcanza porque no le aplicás impuestos a las grandes ganancias, a las grandes rentas y a los ricos`. Empecemos a discutir de arriba para abajo. ¿Vos me querés hacer discutir si prefiero una vacuna o una función de títeres? Yo no quiero discutir éso, quiero discutir por qué no hay una política de impuestos que socialicen la riqueza. Lo que pasa es que no se animan a tocarle el culo a los ricos".

Desde su proyecto de Acción Cultural en Movimiento, los miembros de El 45 trasladan esta filosofía a su vasta producción, sobre la que Franchi concluye: "A veces los teatreros nos jubilamos pensando que todo nuestro repertorio fue inmaculado, y no es verdad. Pero de todos modos, con todos sus defectos, nuestras obras están con la cabeza puesta en éso, y respetando sobre todo a los que tienen la cabeza puesta de otra manera. La verdad disfruto de muchas cosas de mis colegas, soy un entusiasta. Otros producen de otra manera, no creo que la nuestra sea la única, pero a mí es la que me sale, la que siento".

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Franchi trabaja un concepto de producción sostenida más allá de un posible respaldo estatal.
Imagen: Sebastián Granata
 
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