CULTURA / ESPECTáCULOS › PLASTICA. LIBRO Y UNA MUESTRA ANTOLóGICA DEL ARTISTA RUBéN PORTA

La gráfica como huella de lo humano

Renovó la Escuela de Bellas Artes de la UNR y llevó el grabado al nivel de indagación expresiva del mundo. Su poética puede resumirse en la idea de la gráfica como la manera que tienen los objetos de comunicarse entre sí.

 Por Beatriz Vignoli

Gracias a una feliz iniciativa conjunta de la Universidad Nacional de Rosario y el Museo Municipal de Bellas Artes Juan B. Castagnino (Bv. Oroño y Av. Pellegrini), un libro y una muestra antológica del artista gráfico Rubén Porta (nacido en Bombal, provincia de Santa Fe, en 1925; fallecido en Santa Fe en 2005) permiten acercarse a la obra de un artista y docente que a lo largo de sus 40 años de producción, aquí representados, renovó la Escuela de Bellas Artes de la UNR y llevó el grabado al nivel de indagación expresiva del mundo, además de obra múltiple con proyección política.

"Las obras de Rubén Porta tienen imágenes, formas, relieves, colores y texturas; y tienen, además, olores, sabores, sonidos, abrazos", escribe Hugo Cava, artista gráfico, profesor de la Escuela de Bellas Artes de la UNR y curador de la muestra, junto a Marcela Cattaneo como co curadora, de la muestra El desafinado, que podrá verse en la planta alta del Castagnino hasta el 12 de diciembre. Las obras de la muestra fueron conservadas por la familia de Porta, excepto una que pertenece a Guillermo Forchino.

Titulado Rubén Porta, el libro editado por el Castagnino+Macro se presenta el 15 de noviembre a las 19 en la Sede de Gobierno de la UNR (Maipú 1065). Disertará Xil Buffone. Para Marcela Römer, directora del Museo Castagnino+Macro, la labor de Porta como artista quedó eclipsada en vida por la que llevó a cabo como educador universitario: "Un formador de artistas, como lo era Porta, instituye acciones concretas de señalización, ya sea en lo conceptual, técnico o procesual, dentro y fuera del campo del arte. Su obra es un acercamiento intrínseco de la materialidad hacia el concepto y desde ella hacia la resignificación de la postura del artista dentro del campo del arte". Según la crítica, historiadora y socióloga del arte Elsa Flores Ballesteros, "Rubén Porta fue uno de los más importantes artistas plásticos de Rosario, ciudad de la que fue hijo adoptivo".

"Imprimió como director un carácter nuevo a la carrera de Bellas Artes y luego, como vicedecano, contribuyó a construir una nueva identidad para nuestra Facultad (la de Humanidades y Artes de la UNR): abrió los Cursos para la Comunidad, inauguró la Secretaría de Cultura de la Universidad, fue el motor de las reformas edilicias de la Escuela de Bellas Artes que hoy se materializan en el nuevo edificio en construcción sobre la calle Corrientes (cumpliéndose así el slogan de su candidatura a vicedecano del año 1998: "De Corrientes a Entre Ríos"), y también relacionó a nuestra Facultad con muchas organizaciones de la sociedad civil". Así lo evoca Darío Maiorana, rector de la Universidad Nacional de Rosario. Cristina Pérez, directora de la Escuela de Bellas Artes, recuerda en el libro sus hitos más innovadores en dicha institución académica.

¿Pero dónde termina el maestro y dónde empieza el artista? En la vida y obra de Rubén Porta, una cosa era indisociable de la otra. Con actitud ejemplar e inolvidable, con humildad y sentido del humor, Porta creaba enseñando y viceversa. Sacó una prensa de grabado a la calle en 1984. Impulsó transformaciones pedagógicas y arquitectónicas. Muestra y libro revelan a un autor que, en cuanto a su iconología, buscaba y hallaba la figura humana en cada forma incluso la más simple, y hacía dialogar toda la historia del arte en cada composición, desde lo rupestre hasta lo más moderno, otorgando un sentido lúdico a la racionalidad de las formas puras. La obra de Rubén Porta es la puesta en obra de una "sensibilidad collage" abarcadora del entorno de un modo a la vez vanguardista y aborigen. Su poética puede resumirse en la idea de la gráfica como la manera que tienen los objetos de comunicarse entre sí. Estampar es dejar su sello una cosa en otra. El taco podía ser una madera carcomida por las termitas (creadoras de forma y de huella ellas también) o el soporte, un pañuelo. La tinta, como savia, abre vasos comunicantes por donde habla el mundo real a través de signos que transmiten significado.

Estar alerta, estar atento, no dar ninguna cosa por irrelevante era el punto de partida de su búsqueda expresiva. La obra de Porta trans porta. Porta fue un precursor crítico de la idea de red conectada. Asombra que sea de tan temprano como 1982 su serie de los códigos, donde, en un geométrico montaje gráfico, combina unos círculos o mandalas grabados en chapa, que aluden a las fotografías del globo terrestre visto desde el espacio, con tarjetas de IBM obtenidas de los cestos de oficina durante sus años como empleado del Banco Nación. O hace resurgir desde el olvido los emblemas, enseres y cosas sagradas de pueblos que habitaron y habitan América, y tanto sus materiales como la manera de unirlos entre sí remiten a las culturas de los pueblos originarios.

Ocupan un espacio muy importante en su producción las obras que denuncian, ya en plena dictadura e incluso desde el comienzo, los crímenes genocidas perpetrados por el terrorismo de Estado entre 1976 y 1983. Con su capacidad de pensar conexiones y vincularlo todo (pensar es pensar relaciones), Porta en su obra los pone en perspectiva histórica como continuación de otro genocidio, el de 1492. Tupac Amaru y los desaparecidos hacen, así, serie, entre sí y con toda otra víctima de violencia estructural. Porque Porta también combatió desde el arte a otras instituciones represivas, como los manicomios cerrados. Su serie ?Viaje imaginario a las dos O? está basada en un trabajo de campo donde se tomaron testimonios de los internos de la colonia Oliveros. Por ejemplo, la frase ?A veces pasa un pájaro? es un fragmento conmovedor de uno de tales relatos. Las imágenes en el gofrado de ese título se refieren al paso de los días y las noches en blanco, dentro de una celda y fuera de la comunidad de los semejantes. Para hablar de las rejas de la cárcel política, los centros clandestinos de detención y estos otros encierros, Porta echa mano de un repertorio de formas puras y sintéticas análogo al elaborado por precursores modernistas como Torres García y Juan Grela. Es significativo además que la forma de trazar sus signos pictográficos hendiendo la madera, como lo hace en las que podrían llamarse sus xilografías negras, sea físicamente análoga a ciertas marcas que tanto presos políticos como sobrevivientes y desaparecidos dejaron en los muros del horror. Lo humano mínimo, el ínfimo trazo, lo elemental de nuestra condición es lo que Porta expone: allí convergen los albores prehistóricos con la noche negra de los campos de concentración.

Trazo y tinta son vida en la muerte según la obra gráfica de temática política de Rubén Porta, cuyo pathos gráfico se complementa con el de los soportes: frágiles, desgastados, con historia, mortales. En lo estético, esto tiene que ver con tendencias de neo vanguardia, como el arte povera, que estuvieron en boga en la época de sus comienzos, allá por 1960. Hacia los 90 también estuvo presente el juego, a través de su serie Recreaciones y sus "objetos gráficos". Alegría de tocar, juntar, hacer rodar: el juego infantil recobrado en el arte.

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"Fosa Común Cincografía" (grabado al cinc) 192 x 68 cm (1976).
 
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