CULTURA / ESPECTACULOS › ARRIVEDERCI AMOR MIO DE GONZALEZ

Un adiós imposible

Un poeta que escribe una novela siempre hace otra cosa. Y ni hablar si encima es psicólogo, músico y jardinero. Y si para colmo de males está en medio del fin de una relación amorosa, el lector estará al horno: la novela puede resultar peligrosamente bella. Para escribir su novela epistolar experimental titulada Arrivederci amor mío (Iván Rosado, 2011), Agustín González (Rosario, 1983) empezó por traducir del italiano, con ayuda de María Flavia Rubí, las cartas que un novio le había escrito a su tía abuela en 1960 y 1961 y que ella todavía guardaba en un ropero cuando las encontró su sobrino nieto en 2010.

Ella ya tenía demencia senil. Conmovido, González rehizo la voz de Franco a partir de ese material, y cuenta que Francisco (apodado Franco) y Susana (también conocida como Susy o Puna) se habían conocido en un barco a Italia en 1958, cuando él volvía de un viaje de negocios por Buenos Aires a su país, adonde ella viajaba para estudiar historia del arte: "Estuvieron juntos el año que duró su formación y se separaron con la promesa de volver a verse". Nunca la cumplieron: "La Susana que le responde en el 2008 fue recreada por mí a partir de lo poco que un nieto puede saber de su tía abuela. No quise reconstruir la historia original sino, por anacronía, darle a ella la posibilidad de hablar nuevamente con su amor y despedirse del mundo".

Ilustrado en su tapa y contratapa por los dibujos a color y en blanco y negro en el personal estilo de comic lírico de Pauline Fondevila (Segundo Premio Adquisición 66º Salón Nacional de Rosario 2012) y encabezado por el único pasaje subrayado por Susana (una cita de Kafka), el libro es una caricia agridulce al alma. Editado por Iván Rosado, fue presentado en el Club Editorial Río Paraná con un concierto informal del dúo Escuche y repita, que González integra con Cecilia Lenardón. Cantaron sentados en un sofá entre amigos. El evento íntimo fue el primero de la serie Escena Doméstica, un proyecto de eventos performáticos realizados en casas y 100 por ciento libres de stress.

Escritas en respuesta a las cartas que recibiera Susy, construidas como lúdicas ficciones por el nieto literariamente travestido en ella, las cartas de Susana pertenecen a ese género menor tan femenino que es la carta no enviada, la que se escribe sabiendo que no se la enviará. Son cartas que nacen muertas como tales, dirigidas a un amado ausente que seguirá siendo ambas cosas y que sólo sirven para preservar la ilusión; aquí son, además, materia de novela. Algo se hace presente: Calabria, 40 años después. Dos cartas de Susana están fechadas en Soverato, adonde viaja en 2009. La última de Franco (desde Spoleto, en 1961) le reprochaba su alejamiento. Un adiós imposible, por lo visto.

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