CULTURA / ESPECTáCULOS › PLASTICA. LAS EXPERIENCIAS DE STUDIO BRóCOLI POR EL MUNDO

El arte de jugar a hacer cine

Fundado en 2006 por Mauro Guzmán y Nancy Rojas, el proyecto crece en distintas latitudes y difunde su método: medios mínimos, improvisación, velocidad trash a lo Ed Wood y una puesta centrada en la naturaleza expuesta del actor a lo Grotowski.

 Por Beatriz Vignoli

Una Londres convertida temporalmente en Argentina 2001 por los disturbios de agosto del 2011 fue el escenario del rodaje del primer capítulo de una nueva miniserie en curso de 4 capítulos por la productora rosarina Studio Brócoli, que filmó el segundo en noviembre del año pasado en Mérida, Venezuela. "Ahora participamos a un subsidio municipal de artes visuales en Rosario y ganamos un premio para hacer una performance que estrenaremos el 11 de mayo en el CEC", anunció Mauro Guzmán el domingo pasado en una charla con esta cronista y con Nancy Rojas, el otro 50 por ciento de Studio Brócoli. El viaje a Londres fue posible gracias a una residencia Gasworks, la beca internacional del Gasworks Open Studio, donde se presentó la performance Linda Bler: Possessed Artist. Antes hubo una beca Kuitca y una obra en el Rojas.

"Aquello que parecía un juego ahora es real", reflexionan los artistas, para quienes hubo un cambio a partir de la obra Puré de tomate (2010), presentada en el Centro Cultural Ricardo Rojas de la Universidad de Buenos Aires, en el ciclo "Performances. Revolución. Rojas", curado por Matías Umpiérrez. Una locura de "viajar un mes entero, todas las semanas, con un elenco de actores; actuar en Calle Corrientes, comer una pizza y volver", resume Guzmán.

Studio Brócoli empezó como ficción conceptual de productora de cine en 2006, cuando Guzmán y Rojas comenzaron a realizar su trilogía de nueve videos en una misma casona de calle Laprida y San Lorenzo. Medios mínimos, improvisación, velocidad trash a lo Ed Wood y una puesta centrada en la naturaleza expuesta del actor como proponía Jerzy Grotowski, tal el "método Brócoli". Linda Bler (el alter ego de la estrella atormentada a la que Guzmán le pone el cuerpo y Rojas la mirada de la cámara), vomita pintura en una alusión a la catarsis grotowskiana en la primera parte, basada en El exorcista y otros clásicos del terror. La segunda parte (la Trilogía del amor trágico, inspirada en tres films de Leonardo Favio) integró la videoinstalación Autocine Guzmán, que en 2008 obtuvo el Primer Premio ArteBA Petrobras de Artes Visuales y se mostró en dicha feria en mayo de ese año. La tercera se basó en Los pájaros, King Kong y Tiburón. La serie se vio como videoinstalación en una sala de arte de Rosario en 2009 y como video en el VII Festival de Cine Underground de Rosario en 2011.

A partir de un viaje a la Argentina la investigadora venezolana Joana Vázquez, quien con Elizabeth Marín Hernández integra el Comité de la Bienal de Arte Contemporáneo de la Universidad de Los Andes (ULA) en Mérida, se entusiasmó con la obra de Studio Brócoli al punto de centrar su tesis en el proyecto Linda Bler, Artista poseída. Así fue como la escuela de Arte de la ULA invitó a los rosarinos para una intensa visita de nueve días en la que tanto la institución como sus invitados pusieron en juego saberes y articulaciones entre cine, video, performance, teatro, televisión y mucha buena onda.

"Llegamos a Venezuela con las segundas elecciones de Chávez", evoca Rojas. "Llegamos, nos pasan cosas, se nos abren los poros, escuchamos las historias de la gente... siempre trabajamos con un equipo de gente que en algún momento enloquece y confía plenamente en nosotros", se entusiasma Guzmán. Ni bien llegaron, realizaron la performance e instalación Linda Durmiente como parte de la 2da Bienal Internacional de Arte Contemporáneo organizada por la ULA. Titulada "De lo material a lo virtual", la Bienal se llevó a cabo del 1 de noviembre al 15 de diciembre de 2012. Al otro día Guzmán y Rojas dieron una charla en la Universidad y otra en el 9º Simposio Internacional de Estética que tuvo lugar del 1 al 3 de noviembre como una actividad conectada con la Bienal. Después enseñaron el método Brócoli a través de un workshop.

Luego emprendieron un "casting marciano", o serie de audiciones de donde surgieron los protagonistas del segundo capítulo de la miniserie: La alienígena. Allí se mezcla un motivo clásico del cine de ciencia ficción con la popular telenovela venezolana: una tradición despreciada por las propias élites culturales locales del país que la produce, recuerda Rojas. Todo culebrón tiene un galán y dos mujeres rivales en la lucha por su amor. El de La alienígena se llama Luis Alberto y lo encarna Adrián Preciado, un profesor de la Universidad. El papel no surgió del casting, cuyo registro en video está previsto que constituya una futura obra. Allí en un momento se oye la voz en off de Guzmán preguntarle a Diarleth García (que dará el papel de la heroína): "¿Qué harías si fueras un marciano?". Y Diarleth improvisa un breakdance ralentado, con ruiditos. "Te dan una mala noticia", le indica Guzmán a Oriana Zapata, quien luego en la ficción será la novia del galán. Y Oriana despliega todo el histrionismo del melodrama.

Sólo hubo un fin de semana para bocetar el guión y elegir las locaciones con la ayuda de la gente de la ULA. El rodaje se realizó en tres días. "El día en que empezamos a rodar murió Favio", se emociona Guzmán. El genuino entusiasmo de los colaboradores venezolanos se hace patente en las filmaciones y en las fotos. "Esa gente va a estar para siempre como adentro de uno", recuerda Guzmán. "Fue una experiencia muy radical, muy bella", añade. "Radical y bello" reenvían al arte. De allí, Studio Brócoli nunca se fue, por más que sus integrantes sientan que se apropian de técnicas de producción de las industrias del cine y de la televisión, o transiten esporádicamente por el teatro.

La frescura de la experiencia Studio Brócoli va y viene desde un estudio casero hasta las salas de arte más prestigiosas del mundo, o se permite pensar sus propias prácticas a través de conferencias en universidades (el cerebro verde hierro es la especialidad de Nancy Rojas, la mitad más académica y conceptual del dúo). El alienígena es un tema recurrente en el arte contemporáneo rosarino, particularmente en la obra de Adrián Villar Rojas de la década pasada. Pero Studio Brócoli le da una inflexión única: tierna, paródica, híbrida, trash.

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Rojas y Guzmán en pleno rodaje de La alienígena, de Studio Brócoli, en la ULA, Venezuela
 
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