CULTURA / ESPECTáCULOS › PLASTICA. BRUNIARD PRESENTA OTRA FACETA ARTíSTICA EN DIEGO OBLIGADO

Los dibujos secretos de Mele

Conocida como grabadora y desconocida hasta ahora como dibujante, la artista presenta una decena de obras a plumín, realizadas entre 1961 y 1963, que se exhibirán (y venderán) hasta el 17 de mayo en la impecable galería rosarina.

 Por Beatriz Vignoli

A veces pasa que un conjunto de obras ocultas, al mostrarse, cambian (para bien, para aún mejor) una imagen de artista, despertando además una pregunta que es tan inevitable como carente de respuesta: ¿Qué hubiera sucedido de mostrarse aquella producción en su momento? El momento, en este caso, fue un breve período: 1961 a 1963. La artista es Mele Bruniard, conocida como grabadora y desconocida hasta ahora como dibujante. Las obras son una decena de dibujos a plumín, en exposición y a la venta hasta el 17 de mayo en la impecable sala de Diego Obligado Galería de Arte (Oroño 29); la muestra puede visitarse de lunes a viernes de 9 a 13 y de 16 a 20, y los sábados de 10 a 13. Considerando la calidad plástica y el despliegue de fantasía que desbordan estos caprichos barrocos, su ocultamiento fue inexplicable. De la misma autora se exponen cuatro dibujos recientes a lápiz color (dos en sala y dos en trastienda) y varios grabados en trastienda.

Mele Bruniard nació en 1930 en Reconquista (provincia de Santa Fe) y vive desde 1942 en Rosario, donde su prolífica trayectoria abarca la segunda mitad del siglo XX y lo que va del XXI. La historia local la sabe ilustradora de los cuentos de Horacio Quiroga, discípula de Grela y xilógrafa. Como tal, editó carpetas de grabados originales y libros de reproducciones. Es esposa del pintor Eduardo Serón, autora del mural cerámico en la planta baja del Centro Cultural Fontanarrosa, ganó consagratorios premios y ninguna colección provincial o nacional de arte, pública o privada, parece estar completa sin un grabado suyo.

Sin embargo, el fantástico jardín secreto que dibujó entre 1961 y 1963 amarilleaba en los cajones. De 1961 son El espinal, El toro, El avestruz y Del mundo vegetal. Unos capullos de bicho canasto, un tronco en forma de toro, unas semillas que brotaron inesperadamente y un repollo cortado al medio fueron la excusa para desplegar, a partir de cada uno de estos objetos naturales encontrados, un mini universo donde la estructura de lo vivo va mutando entre los diversos reinos.

De ese año y el siguiente datan El trío caracol (1961), La pareja (1962), Los gallos y Los formiguris, neologismo este último que nombra unos seres que no se sabe qué son, pero que sin duda están ahí, ya que tienen ojos y se miran entre sí con cara de pocos amigos. Además de crear híbridos increíbles entre animales y plantas, en estos cuatro dibujos mencionados sucumbe Bruniard al horror vacui, horror al vacío, o la tendencia a no dejar nada del plano vacío. Si hay blancos, estos son formas. Lo vegetal deviene figura y los caracoles proliferan al infinito formando tramas; el fluir de la línea añade ojos donde menos se los espera y así es como cada voluta engendra un nuevo ser.

Ya con más vocación de composición y taxonomía, En el acuario antiguo (1963) prefigura los expresivos perfiles de sus xilografías. Pero es imposible no volver a mirar sus dibujos, a pararse frente a ellos a soñar, en surrealista y psicodélica asociación libre; verlos es entrar en un juego cuya complejidad provoca un vértigo inquietante.

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Algunos de los dibujos de Mele Bruniard realizados a plumín, en Diego Obligado.
Imagen: Andrés Macera
 
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