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Miércoles, 2 de mayo de 2007

CULTURA / ESPECTáCULOS › EL DIA QUE WILBUR SMITH ESTUVO POR UNAS HORAS EN LA CIUDAD

"De joven era omnívoro, leía todo"

El autor africano, best seller en todo el mundo, vino a Rosario a presentar su último trabajo, El soberano del Nilo.

 Por Edgardo Pérez Castillo

Al repasar los números que acompañan al nombre de Wilbur Smith, las cifras apabullan. Porque con sus más de treinta novelas, el autor africano logró superar la venta de 70 millones de libros, traducidos además a una veintena de idiomas. Sin embargo, el éxito no parece importarle demasiado a Smith, quien a lo largo de su extensa trayectoria logró combinar el placer y el trabajo, haciendo de sus extensos viajes, y de sus incursiones en el mundo de la caza y la pesca, auténticos caldos de cultivo para esas historias plagadas de aventuras. Ante ese panorama, Argentina no fue la excepción, y de paso por el país para presentar su último lanzamiento, El soberano del Nilo, pudo aventurarse en campos salteños para darse el gusto de la caza, y navegar los lagos y ríos del sur en busca de truchas. Fugaz, su paso por Rosario no le dio chances de probar suerte con la fauna del Paraná. A pesar de ello, antes de su presentación en Ross Centro Cultural el autor nacido en Rodhesia a principios de la década del 30 dialogó con este medio.

Instalado en una de las salas de conferencias de un moderno hotel céntrico, Smith se comporta con una gentileza propia de su sangre sajona, y se permite un salto en el tiempo para recordar sus pasos iniciáticos en la literatura: "Mis primeros escritos fueron obviamente trabajos para la escuela. Creo que mi madre tenía algunos de esos trabajos, pero no los he visto en muchos años, aunque sí recuerdo algún trabajo que hice para Literatura Inglesa. Por supuesto, si sos bueno en algo éso es lo que quieres ser, y durante mis estudios disfrutaba mucho de lo que tuviera que ver con la lectura, la escritura y la literatura inglesa". Dentro de ese vasto terreno, Smith no hacía distinciones. De hecho, el novelista no duda en afirmar: "Era omnívoro, leía todo, cualquier cosa que tuviera a mano. Y de no haber tenido nada a mano hubiera leído la guía telefónica".

Mientras tanto, el fervor por las letras se alternaba por un espíritu aventurero que parecería una suerte de herencia familiar. "Mi padre y mi abuelo vivieron en Africa. En particular, mi abuelo era un soldado y un comerciante, solía tener vagones yendo y viniendo de la costa al interior del continente. Así que conoció Africa cuando era todavía joven. Después mi padre siguió sus pasos: él era cazador, tenía su propio avión y volaba alrededor del continente, y yo volaba con él. También era pescador, granjero, así que tenía una vida plena de aventura. Todo eso empezaba a formar parte de mi repertorio, porque sólo escribo de cosas que conozco, que hice o he experimentado. Y de lugares por los que estuve", relata.

Bajo esa metodología, sus primeras experiencias literarias cobraron forma de relatos cortos, paso previo a su exitosa primer novela, Cuando comen los leones. Sin embargo, hubo antes un paso fallido. "Empecé escribiendo historias cortas, que eran aceptadas, y publicadas en revistas, y después hice un intento con una primer novela, que fue un desastre total --admite Smith--. Nadie la publicó, era un libro horrible, en el que cometí todos los errores de los novelistas debutantes. Así que dejé de escribir por un año, y después la picazón volvió a mí, entonces escribí mi segundo libro, basado en las cosas que conocía. Después de eso fue una pelota de nieve, que comenzó en Africa Central, lo que era Rodhesia y hoy es Zambia, donde yo vivía. Después continuó en Zimbabwe, así que me moví bastante por Africa".

Impulsado por la buena aceptación de esa primer novela publicada, el escritor continuó alimentando su placer por los viajes, el que aun hoy lo lleva a recorrer el mundo. "Disfruto mucho de viajar con mi mujer, incluso por estos días. Viajo mucho por Europa y Estados Unidos, y mi mujer es asiática, así que viajamos mucho a Rusia, Moscú, San Petesburgo. Y tengo una caña de pesca que me lleva a conocer muchos ríos del mundo, y tengo una escopeta, que me lleva también a otros continentes. Mi suerte es poder combinar placer con trabajo", reconoce.

Y más allá de sus tours inspiracionales, la etapa dedicada a la creación seduce también a Smith: "Soy un escritor, tengo que escribir y encuentro una recompensa enorme al escribir. Para mí la creatividad es un placer. Es un placer soñar tramas, personajes, vivir con ellos y desarrollarlos hasta que ellos son tan reales como cualquier otra persona que puedes conocer en el mundo. Lo desafortunado de este mundo es que, a medida que vas envejeciendo, tu reserva de energía se reduce. Así que lo que has hecho a los treinta no puedes hacerlo a los sesenta. Entonces lo que he hecho es desacelerarme un poco. Antes escribía un libro todos los años, ahora lo hago cada año y medio. Y supongo que dentro de un tiempo escribiré un libro cada tres años. Pero el placer sigue estando presente".

En ese marco el género seleccionado por el autor seguirá siendo seguramente el de las aventuras, al que Smith considera en plena vigencia. "Las historias existieron antes de la escritura. Las historias narradas se remiten hasta los fogones cuando todavía vivíamos en cuevas. Creo que en todos nosotros hay una necesidad de tener historias, fantasías, imaginación, cosas que nos distraigan de la vida cotidiana", concluye.

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"Empecé escribiendo historias cortas. Luego intenté con la primer novela. Un desastre", admite Smith. "Las historias existieron antes de la escritura. Se remiten a los fogones cuando se vivía en cuevas".
Imagen: Alberto Gentilcore
 
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