CARTELERA › PLASTICA. UNA CASA Y UN TAMBOR, DE PAULINE FONDEVILA

La posibilidad de una isla

Radicada en Rosario desde 2006, la artista francesa le dio forma a su primer libro. Con una prosa poética potenciada por el límite idiomático, entre lo autobiográfico y la ficción inverosímil, es la reescritura de su "diario de náufrago".

 Por Beatriz Vignoli

En el principio fue la enciclopedia. Una de arte, hallada en algún momento entre 1997 y 2002 en algún lugar de Francia, en la biblioteca de una Escuela de Bellas Artes en El Havre o en Lyon; y cuatro estudiantes (tres chicos y una chica) jugando a ver "dónde se ubicaría nuestro apellido si acaso entráramos en la Historia del Arte. El mío casi siempre se situaba justo antes de Fontana. Es un detalle que me hace sonreír hoy", escribe Pauline Fondevila en su flamante primer libro, Una casa y un tambor (Iván Rosado, 2014), la pata literaria de un corpus de obra multimedia que abarca la plástica.

"Ni siquiera sabía que Lucio Fontana era rosarino; yo lo tenía como italiano", recuerda la artista francesa radicada en esta ciudad desde 2006 en una breve entrevista en su galería de arte Oficina 26, en la planta alta del Pasaje Pan de Rosario. Su modestia contrasta con su impresionante carrera artística internacional, que puede seguirse en http://www.paulinefondevila.com. Escrito en su segunda lengua en una prosa poética potenciada por el límite idiomático, entre lo autobiográfico y la ficción inverosímil, mitad parodia seria y mitad diario de artista contemporánea, el libro es la reescritura de su "diario de náufrago", que continúa y describe en uno de sus tramos su experiencia "Lejos de todo, lejos de ti; una conferencia en una isla", la performance que ella dirigió el 6 de junio de 2010 en una isla del Paraná con Agustín González como "conferenciante náufrago", ante un público sin cámaras ni celulares. En 2012, su registro en dibujo de la performance fue premio adquisición del LXVI Salón Nacional de Rosario.

"Quiero escribir la enciclopedia del olvido, la enciclopedia del náufrago. Un monumento para los marineros perdidos, los cantantes solitarios, los dibujantes de la oscuridad, los artistas valientes, los escritores inquietos... Dibujar todos esos personajes y sus obras", escribe. Y la dibujó: L'encyclopédie du naufragé (La enciclopedia del náufrago, 2012) es una serie de 252 dibujos en bolígrafo sobre papel con reescrituras en francés de pasajes de su diario (que fue escrito en castellano). Los dibujos se expusieron el año pasado en el Centro Regional de Arte Contemporáneo Languedoc Roussillon (CRAC LR), Francia. Mientras que las imágenes arman una enciclopedia de ejercicios de estilo (una borgeana heterotopía entre cuyos próceres se cuenta Horacio Quiroga), los textos urden la ficción del diario de un náufrago, género de la literatura moderna desde aquel Robinson Crusoe de Daniel Defoe que fundó (de paso) la novela inglesa. En la ficción, entre los restos de un avión estrellado surge una biblioteca que incluye parientes del libro: Los autonautas de la cosmopista (diario de viaje por Julio Cortázar y Carol Dunlop) o Arrivederci amore mío, de Agustín González. Siempre la obra de Fondevila hace intertexto con otras producciones, como la serie de bicicletas por Fernando Traverso. Y según cuenta ella en varias entrevistas, la inspiración para su idea de isla vino de La invención de Morel, novela de Adolfo Bioy Casares.

"No hay isla sin náufrago: isla, náufrago", sonríe Pauline, mientras una de sus manos parece dibujar una isla en el aire y la otra pone el tipito. En el diario y en la obra gráfica, el náufrago era un personaje masculino. "Para el libro le cambié el género, hice una náufraga mujer", cuenta. En ciertos pasajes relata el proceso creativo de sus dibujos. Estos despliegan un universo personal agridulce, con cierto dejo al largometraje animado Yellow Submarine (1968), de George Dunning. La ficción de naufragio le sirve para narrar una experiencia real: la soledad y la autosuficiencia en que se vive en esta época.

Quizás sea una metáfora de su llegada a Rosario, donde hizo todo lo contrario de aislarse. Revitalizó la escena artística local, y formó con el dibujante y guitarrista Ariel Costa una familia y un trío musical de folk rock: Los Normales, donde ella canta y toca el tambor, mientras completa la sección de cuerdas el actor Ilya Miljevic. El libro se cierra con la letra de una de sus canciones, "La casa".

Pauline Fondevila nació en 1972 en la ciudad portuaria de El Havre (Francia) un 5 de mayo, cuatro años exactos antes del secuestro del escritor argentino desaparecido Haroldo Conti, autor de Sudeste; dice que la coincidencia se tornó significativa cuando la invitaron a intervenir este año una pared del Centro Cultural Haroldo Conti, ex ESMA. La muestra forma parte del ciclo "Dos paredes" y cerró anteayer.

Un ser de su invención, la muñeca P. (por Pinocho, Pauline, personaje y quizás poupeé) es alter ego y lugarteniente de su autora. Hay tres versiones de P. Una fue tallada en madera por el escultor catalán Oriol Pont. A "la versión criolla, hecha en parte con maderas nativas, la fabricó el escultor Emiliano González, radicado en Cañada de Gómez", cuenta Pauline. La muñeca P. protagoniza puestas en escena donde "toca" el tambor o "dibuja" inmensos murales en homenaje a los "marineros perdidos", como denomina Fondevila a los escritores o artistas con una muerte trágica y una obra fuerte. La intervención en el Haroldo Conti incluyó, entre piezas de cerámica diminutas, a una P. náufraga "dibujando" el universo vivencial y narrativo de ese autor, centrado en el delta del Tigre: un paisaje de estuarios y canales.

"Construir una isla es como construir una utopía", dijo Pauline en una entrevista en video (desgrabada y traducida del francés para esta nota con la colaboración de Julio Quinteros) con motivo de su muestra en el CRAC LR. "Además, en los últimos años, he utilizado mucho la figura del marinero perdido, ya sea para evocar una familia de artistas o como un alter ego posible. La isla vuelve por ese sesgo, y el alter ego deviene náufrago, pero un náufrago feliz, exaltado, incluso en lo más fuerte de su melancolía. Otro camino que me ha llevado a la isla es mi radicación en 2006 en Argentina, en la ciudad de Rosario, a orillas del río Paraná. En este río existe lo que se llama 'la isla', una especie de archipiélago muy extenso y cubierto de una selva baja y densa, a la que se accede en barco y donde se puede pasear y perderse. Es bastante impresionante como paisaje, el río marrón, la isla tan verde; es la naturaleza salvaje que mira la ciudad. Los artistas la han pintado, los escritores la han descrito; es también, en sí misma, un motivo artístico de esa parte del mundo".

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La muñeca P., el alter ego y lugarteniente de Fondevila
 
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