CONTRATAPA

Orwell, Lowry, Traven

 Por Gary Vila Ortiz

Dice Heidegger en "Holzwege": "Las obras existen con la misma naturalidad que las cosas. El cuadro está colgado en la pared como una escopeta de caza o un sombrero. Una pintura, por ejemplo aquella de Van Gogh que representa un par de zapatos de campesino, va de exposición en exposición. Las obras son expedidas como el carbón del Ruhr o los troncos de la Selva Negra. Durante la guerra el soldado llevaba en su mochila los himnos de HÖlderlin junto a los demás enseres. Los cuartetos de Beethoven yacen en los almacenes de la editorial como las patatas en el sótano de una casa. Todas las obras tienen esa cualidad de las cosas".

"Verklärte Nacht", de Schoenberg; "Divertimento", de Bela Bartok y "Trauermusik", de Paul Hindemith son cosas. La botella de "Grappa dell'Alambico", la caja de los cigarros "Muriel Sweets" que fumo mientras escucho esas músicas (un cigarro Corona no alcanza para las tres), la lata de frutos secos "Salysol", en este caso garrapiñadas de cacahuetes, almendras y azúcar que ya no existen (esas latas, quiero decir), son cosas. George Orwell, Malcolm Lowry y B. Traven, escritores, ¿también son cosas? Le he escrito a un amigo de Heidegger para que me conteste, pero me dicen que fue ejecutado en un juicio menos conocido que el de Nuremberg. Tenía un amigo que conocía mucho de estas cosas y las explicaba estupendamente bien, con la mayor claridad posible para un profano interesado como yo. Se llamaba Raúl Echauri. No compartíamos ninguna de las ideas que teníamos con respecto a la religión y a la política, pero teníamos amores muy parecidos en lo que hace al arte y la literatura. Muchos de mis mejores viajes en la "B", ómnibus que hace añares unía el barrio donde los dos vivíamos con el centro de la ciudad y ahora no existe más, los hice con él.

"En estos largos años ¿qué han hecho los dioses con nosotros? ¿Qué han hecho conmigo? ¿Qué han hecho con mi amor...". (George Meredith)

Tampoco tengo a quién preguntarle. Los dioses me han dejado con amigos que contestan algunas de mis numerosas preguntas. Aunque todavía me han dejado uno (espero que me lo dejen para siempre), Cristián Hernández Larguía, que me responde lo que espero sobre las suites para violoncelo solo de Bach. También me contesta sobre otro tipo de músicas, pero no con el entusiasmo con que lo hace sobre la de Bach. A veces me responde solo, en otras ocasiones hace un magnífico dúo con Gonzalo Garay para contestarme. Por lo cual cuando vuelvo a casa me pongo a escuchar a Duke Ellington.

Me doy cuenta, en este momento de mañana nublada de domingo, que en realidad pensaba hablar de otros temas, más precisamente de uno en particular: ¿por qué mi memoria insiste en recordar siempre juntos a George Orwell, Malcolm Lowry y B. Traven? Mi memoria, no yo, aun cuando soy buen lector de los tres y por Orwell sobre todo siento un profundo respeto, una gran admiración. Pero mi memoria es persistente y en ocasiones diría que aguda y recuerda cosas que yo no recuerdo bien. Además, no necesita que le prepare un té de tilo y le haga hacer unas magdalenas. A ella le bastan y sobran, creo, un llavero, el olor de un cigarro, un viejo cenicero de madera tosca.

Reconozco que siento una gran simpatía por esos tres escritores, pero ignoro si tienen mucho en común. Orwell, creo que más que Aldous Huxley, nos dijo bien a las claras a qué mundo nos íbamos a enfrentar. Sin embargo, hubo quienes se rieron en 1984 porque las cosas no habían pasado como él suponía. Ahora esos mismos lloran porque las cosas en realidad son mucho peores que las que él suponía, y no porque estuviera deprimido por la tuberculosis, por las dificultades que había encontrado en Inglaterra para publicar "Rebelión en la granja" o por el horror de lo que había visto en España durante la Guerra Civil. A pesar de que mi hijo mayor me ha hurtado los cuatro tomos de los ensayos completos de Orwell y sus cartas, sigo pensando que son míos y recuerdo algunos, o aunque sea una pequeña parte. Además, me repito a mí mismo que si los tiene mi hijo mayor es como si los tuviera yo. Mentira, me dice entonces la memoria. No sé qué contestarle.

En cuanto a Lowry, que como Orwell murió joven, antes de los cincuenta, no hay duda de que Bajo el volcán es una estupenda novela, una obra maestra según más de uno, con lo cual supongo que estoy de acuerdo. Eso aún cuando siento un enorme cariño por un breve cuento que publicó con ese mismo título y que es mucho más que un anticipo de la novela. Siento lo mismo por un libro un tanto extraño (no lo he vuelto a ver en las librerías) que reúne la que al parecer fue la su última novela corta, Ghostkeeper, y cinco relatos de su juventud. Ghostkeeper quedó entre sus papeles y no la terminó. Según su traductor "muestra una inspiración misteriosa del último Lowry". Además, según el mismo García Montalvo, "la obra puede leerse como tal, con ese placer musical que procura el esbozo, o como un sutil ejercicio de variaciones sobre la inspiración, la short story y un oscuro tema henryjamesiano".

A diferencia de Orwell y Lowry, B. Traven, cuya vida está rodeada de grandes o pequeños misterios (escribió en inglés y en alemán, tuvo vinculaciones con el anarquismo, utilizó varios seudónimos), murió cerca de los ochenta años. Mi memoria me recuerda que John Huston, que no elegía porque sí las películas que dirigía, realizó una versión de El tesoro de la Sierra Madre en 1948 y también una de Under the Vulcano en 1984. En la primera trabaja Humphrey Bogart y en la otra un formidable Albert Finney.

Digamos, para terminar y hacer del trío un cuarteto, que John Huston dirigió El muerto, de James Joyce (cuento que se encuentra en Dublineses), y que esa fue su última obra maestra pues murió poco después de haberla terminado. Un film tan bueno que los detractores del cine de Huston pensaron que era un milagro que hubiese podido hacerlo. Pero los detractores de Huston saben poco de cine, suelen ser algo "snobs" y además no tienen demasiada importancia.

No respondemos a la intuición de la memoria, la nuestra, y queda pendiente lo de Heidegger, que todo son cosas. El era una cosa, genial sin duda, a quien salvó tener una amante como Hannah Arendt y sigue siendo un nazi filósofo.

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