rosario

Sábado, 8 de enero de 2011

CORREO

Bicentenario

Se fue el Bicentenario, y resulta imposible no hacer un balance del año que se fue, y de estas últimas décadas. Recuerdo cuando en mi infancia veía como algo muy lejano el cumpleaños número 200 de la Patria que coincidiría con mis 50 años. En aquellos años pensar en un país consolidado y próspero parecía tan lejano como poco probable. Estábamos gobernados por presidentes inconstitucionales que a sangre y fuego habían irrumpido en el poder para "bien de la Patria". Luego el regreso del General Perón y la esperanza de millones de argentinos de recuperar el Estado Bienestar que otrora nos había regalado el General. Pero Perón ya estaba grande. No pudo el viejo y se murió en el intento, volvieron los mezquinos y voraces de siempre a golpear los cuarteles y una nueva dictadura me encontró transitando un secundario temeroso, documento en mano, cabeza gacha ante los Falcón verdes que impunemente transitaban las calles desapareciendo personas, destruyendo familias. Nuestros sueños juveniles eran derribados por el terror, la persecución, las guerras, el cierre de fábricas, el desempleo, la inflación, el individualismo, el vaciamiento cultural, la especulación, el "sálvese quien pueda".

Así se me fue la juventud, y así el país siguió tratando de encontrar el camino para recuperar la felicidad perdida en tantos años de desencuentros. Llegó el año 2000 y el mundo siguió girando, no estalló, ni vino el apocalipsis, pero entrado el nuevo milenio en Argentina, después del caos, desde el sur vino una pareja por la cual pocos apostábamos y supo devolvernos la ilusión, la esperanza, la dignidad del trabajo, los juicios para los asesinos, con símbolos como bajar el cuadro de los dictadores, con hechos como terminar autopistas, bajar la desocupación, duplicar el presupuesto educativo, implementar la asignación universal por hijo, combatir el monopolio mediático, y que tuvo el valor de mirar al norte y de encontrar en nuestros hermanos latinoamericanos la Patria Grande de Bolívar y San Martín.

Muchos jóvenes entre ellos mis hijos recuperaron las ganas de militar, de participar, de generar el cambio que nos devuelva el país que merecemos. Pero el costo fue alto para uno de esos patagónicos, y en eso dejó la vida, su pasión pudo más que su prudencia y en el año del Bicentenario se nos fue, no sin antes devolvernos la esperanza, la lucha, la pasión, las convicciones. Falta mucho camino por andar, faltan muchos problemas por resolver, pero hagámoslo en democracia, en el respeto por la Ley, por los derechos, por la libertad, por la igualdad, sin discriminar, con coraje y firmeza y sobre todo, con amor.

Arístides Ricardo Alvarez

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