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Martes, 3 de octubre de 2006

CORREO

Islas

Durante los últimos tiempos, la población ribereña del Paraná Inferior, y especialmente los ciudadanos rosarinos, vienen sufriendo las consecuencias inmediatas de las reiteradas quemas de pastizales que se realizan en las islas del Delta entrerriano. El humo y las cenizas invaden, de manera recurrente, el aire poniendo en riesgo la salud pública y generando un grave problema de contaminación. Ahora bien, debiendo partir de problemas muy concretos, y precisamente por eso, es función ineludible de los políticos en general, y de los gobernantes en particular, tener visiones abarcativas y proyectivas. Resultan imperdonables, por los perjuicios que pueden causar, las visiones miopes y recortadas. En este sentido consideramos que no puede hablarse del problema ﷓gravísimo, demás está decirlo﷓ de la quema de pastizales en las islas del Paraná Inferior sin hacer mención a la Conexión vial Rosario﷓Victoria. Ésta incrementó las posibilidades de uso productivo de esas tierras porque las bajadas realizadas al puente ofrecen un acceso fácil a islas. Antes de la realización de la obra, resultaba difícil y costoso el traslado del ganado para pastoreo, la actividad productiva más común en las islas entrerrianas ubicadas frente a Rosario. Ahora los camiones jaula ﷓que han reemplazado a los barcos jaula﷓ y las maquinarias pesadas acceden directamente por las bajadas del puente acortando los tiempos de laboreo para las pasturas. Se estima que la actividad ganadera en la zona, que hoy muestra un abrumador incremento (se calcula que en cuatro veces la media histórica), continuará su proceso de incremento progresivo agravando aún más la situación.

Por otro lado, tampoco puede hablarse de un incremento de la explotación ganadera sin hacer mención a la expansión de la frontera agrícola que forzó la soja. Expansión que obligo a la obtención de otras tierras para la cría de ganado. En este caso, los territorios que se están utilizando para esta actividad tienen un valor excepcional por su gran biodiversidad. Además se está desplazando el uso productivo local tradicional, la actividad apícola. Muchos factores se asocian y confluyen para complejizar la trama que impacta de modo relevante provocando la lapidación de nuestros recursos naturales, el daño ambiental a los ecosistemas y sus consecuencias sobre la salud y la calidad de vida de los argentinos.

Podemos mencionar, por ejemplo, la profundización del dragado del río Paraná -que amenaza la preservación de territorios que forman parte del corredor de los humedales más grande del planeta-, la sobrepesca, la contaminación, el turismo, todo potencia y ejerce su presión adicional sobre el Río Paraná y su Delta. Así, cuando la complejidad de los problemas alcanza estos niveles, la aplicación de políticas públicas espasmódicas, reactivas y parciales, lejos de atender a la solución, contribuyen a agravar los problemas y a generar disputas intestinas que terminan oponiendo y generando enemistades entre los propios ciudadanos: hoy los rosarinos se enfrentan a sus vecinos entrerrianos, en triste similitud con el conflicto que separa a entrerrianos de uruguayos. La realización de diagnósticos parciales -inconscientes algunos, y como parte de una política otros- sólo pueden dar lugar a soluciones parciales que, lejos de tender a resolver la tensión entre medioambiente y desarrollo, la agudizan. Estos problemas encuentran su raíz profunda en la implementación de un modelo de desarrollo que sostiene la vigencia de la matriz constitutiva de nuestros países: la exacción centenaria y siempre vigente de sus recursos naturales. Un modelo que asegura la perpetuación del subdesarrollo, la desigualdad y la pobreza de la mayoría y, su contracara, una minoría rica como único destinatario de los beneficios.

Susana García

Diputada de la Nación

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