PSICOLOGíA › ES EL TRABAJO EL QUE CREA AL SER HUMANO

El inconsciente nunca descansa

 Por Sergio Zabalza*

"Hay una homología fundamental entre el procedimiento de interpretación de Marx y de Freud. Para decirlo con mayor precisión, entre sus análisis respectivos de la mercancía y de los sueños" Slavoj Zizek.

En la edición de Rosario/12 del jueves pasado, la sección psicología publicó dos artículos entre los cuales se estableció un interesante contrapunto. Un texto deslizaba que el hombre sólo es hombre cuando no trabaja, en tanto que el otro sugería que el hombre crea el trabajo. Sin pretender agotar el alcance de ambas ponencias, quisiera aportar otro ángulo con el fin de ampliar el debate, a saber: desde el punto de vista psicoanalítico, el trabajo crea al hombre.

De hecho, nadie como Freud para desconfiar del principio de placer. Fue él quien descubrió que durante las horas de descanso el aparato psíquico - o la cadena significante en términos lacanianos- trabaja a destajo para tramitar, en clave cifrada, un mensaje inconciliable con la amada imagen del yo: una suerte de exceso que, sin embargo, compromete las esferas más íntimas del ser hablante bajo la forma del síntoma.

Por ejemplo, durante las soñadas vacaciones suelen surgir aspectos oscuros en la relación con el partenaire que la rutina del año de trabajo ha disimulado tras su torbellino de exigencias. Con probabilidad, conflictos o síntomas propios que solemos atribuir al espejo de nuestro propio narcisismo: la pareja. No en vano, decía Jacques Lacan que: "El inconsciente, es que en suma uno habla --si es que hay hablaser (parletre)- solo". En efecto, monotributista si los hay, el partenaire/síntoma desprecia las novedades y se aferra a la seguridad de las consabidas ilusiones.

Así, tras una anodina tarde de ocio, formular: "él no habla" bien puede sugerir la frustrada expectativa de que el otro se haga cargo de aquello que a la supuesta conversadora le resultaría difícil abordar. O por el contrario: "ella habla mucho" insinúa el cerrado mutismo al que algunos se cuelgan para no comprometerse en una propuesta compartida. En ambos casos la queja aparece como el lugar más viable para ponerse de acuerdo bajo el matiz del sufrimiento y así evitar las incomodidades que acarrea la diferencia, una suerte de alianza para el desencuentro urdida al calor de la fantasía que cada miembro alberga para las vacaciones. En definitiva, un enfoque utilitario cuya añorada mercancía no es más que la expectativa de saciar el narcisismo.

Por eso, en los tratamientos de pareja, una de las premisas que orienta la intervención del analista consiste en cuestionar el "nosotros" que enmascara la alianza inconciente, de forma de hacer un lugar a la diferencia que encarna el partenaire. Se trata de que, por una vez, la fantasía trabaje a nuestro servicio para así convivir con el síntoma.

¿Las vacaciones? Son para descansar.

*Psicoanalista. Integrante Equipo Hospital Alvarez, BA.

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