OPINIóN

Herramientas de participación popular

 Por Juan Rivero *

Tanto el Concejo Móvil como el Presupuesto Participativo son dos herramientas de participación ciudadana y democrática que se deben valorar. Quizás deban sufrir modificaciones que articulen mejores formas para lograr mayor contenido y óptimos resultados. Pero algo es seguro: estos espacios deben continuar. Son el arquetipo de lo simple, de lo popular, de la gente. Son íconos de representación barrial y es bueno tenerlos y ocuparlos. Son espacios para ser protagonista de los hechos y las decisiones.

Desde su génesis estos espacios de participación ciudadana (Presupuesto Participativo y Concejo Móvil) creados en 2002 y 2003, respectivamente, nacieron como respuesta a la crisis de representación política ocurrida en diciembre de 2001. Recordemos que en dicha jornada el pueblo desparramó por todos los rincones cantos de protesta e indignación ante una realidad que oprimía a los muchos en contraste de privilegiar a un sector social minoritario. Como respuesta al manoseo cotidiano, el pueblo no solo lanzó sus gritos de disconformidad sino que también y como hecho saludable salió a la calle, se juntó en una esquina, plaza, club de cada barrio para hacer escuchar su voz. Hecho digno de la democracia. Y así se extendieron por todo el mapa del país y en particular de la ciudad: las Asambleas Populares.

En dichos espacios no solo se discutía qué proyecto de nación queríamos -debate por demás de importante- sino también en qué barrio queríamos y queremos convivir. Aparecían temas como falta de agua, necesidad de tener cloacas, mejor pavimentación e iluminación, mejor sistema de transporte.

Obviamente, el primer tema sobre la construcción de un país justo, solidario y con igualdad social es de necesidad suprema y merece una discusión mayúscula.

Ahora bien, como vecinos también cada uno debe y merece tener espacios para la planificación de qué barrio queremos. Aquí se hace necesario el poder elaborar, idear, debatir con cada vecino y también con los funcionarios ejecutivos y los concejales de la ciudad (Ejemplo: el Foro barrial del distrito sudoeste realizado en 2004 sobre un perfil urbanístico del distrito hacia el 2016).

Por eso defiendo al Concejo Móvil y el Presupuesto Participativo como espacios de participación ciudadana. En este marco, toda discusión para el mejoramiento de ambos es válida si emerge un debate con dicho espíritu constructivo que es de continuarlos, perfeccionarlos y profundizarlos. Toda crítica que encierre en si misma el mínimo atrevimiento para desarticular o desestabilizar dichos espacios merecerán, desde mi humilde mirada, la desaprobación de los vecinos.

A título de análisis de ambas herramientas de participación democrática entiendo como concejal y vecino de la ciudad de Rosario que por un lado el Concejo Móvil es el espacio donde se expresan claramente dos formas de legislación. Es decir, el Concejo Municipal desde su lugar físico, el Palacio Vasallo, es un órgano legislativo que trabaja para la ciudad y el bienestar de la gente y es absolutamente meritorio su funcionamiento, mas allá de críticas a veces bien fundadas y otras con alto contenido de destrucción innecesaria.

Ahora bien, la práctica del Concejo Móvil o itinerante que recala en cada uno de los distritos de la ciudad genera un plus significativo en términos de legislación. Es otra mirada y otro protagonismo del ciudadano hacia el cuerpo colegiado. En definitiva, permite e invita a más participación del vecino. En las distintas jornadas del Concejo en cada distrito confluyen otros marcos de apertura para tener visiones más aproximadas de la problemáticas de cada barrio. Se proyecta desde la realidad concreta. Aparece con notoria significación un planteo del vecino hacia el Concejo y Municipio. Hay otro grado de mancomunión y relación de la gente con el concejal. En concreto se legisla con la gente y en el territorio. En tanto, se articulan y se dimensionan mejores y mayores visiones de las problemáticas estructurales, sociales y políticas de cada lugar y en consecuencia esto permite una construcción más colectiva y por consiguiente con posibilidades de dar respuestas positivamente.

Desde el edificio de 1º de Mayo y Córdoba corremos el riesgo algunas veces de tener interpretaciones no tan acertadas de las problemáticas barriales por el simple hecho de una errada o equivocada interpretación que desemboca, quizás, en formas superestructurales de ver tal o cual situación.

Desde el Concejo Móvil el perfil es otro. En dicho ámbito se rescata la participación ciudadana y se abordan en conjunto las problemáticas de cara a las necesidades y a las posibles soluciones.

En el caso del presupuesto participativo hablamos de cuestiones similares. En cada sector de la ciudad se construye desde las necesidades. Desde las carencias. Confluyen sueños y realidades de los a que veces, poco o nada tienen. En dicho espacio falta llegar a lo más profundo de las expectativas barriales para que logremos más participación y generemos niveles superiores de organización y mayores lazos de solidaridad que nos permita caminar estos tiempos en un estado de plenitud evolutiva. Dichos espacios son ámbitos sociales de construcción desde la gente y con la gente.

* Concejal del Frente Progresista Cívico y Social

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