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Vista al Frente

La disputa entre radicales y socialistas dentro del Frente Progresista parecía circunscripta a la provincia, pero aparecieron las primeras chispas en Rosario. Los reclamos de Boasso y lo que piden algunos allegados para el próximo gobierno que liderará Mónica Fein. Una vice que cada vez se anima más y lidera los reclamos internos.

 Por Leo Ricciardino

Parecía que Miguel Lifschitz, Mónica Fein y Jorge Boasso se habían acomodado en las primeras butacas para ver desde el ring side la pelea de fondo dentro del Frente Progresista Cívico y Social en la provincia. Hasta que el concejal radical habló y dijo: "Me importan un carajo los cargos", para marcar que no estaba de acuerdo con el reclamo de la vicegobernadora Griselda Tessio al gobernador electo Antonio Bonfatti, a quien le pide que abra el futuro gabinete para que se ubiquen allí dirigentes del radicalismo que ayudó, con una buena cosecha de votos, a alzarse con el triunfo el pasado 24 de julio. Claro, el Frente Progresista también gobierna Rosario desde hace muchos años y hoy parece necesario recordarlo.

De qué manera funciona un frente si uno de sus miembros obtiene 120 mil votos -sólo en Rosario- que después contribuyen a engrosar los miles que impulsaron a Fein al triunfo; y sin embargo se queda sin nada. Es lo que debe estar pensando Boasso. Es lo que piensa Boasso desde aquella noche del 24. En rigor, después de Horacio Usandizaga en su momento de gloria, es el radical más votado en la historia reciente de Rosario. Más que Angel D`Ambrosio que había cosechado 90 mil sufragios a fines de los '90.

Hasta que Boasso habló con Rosario/12 parecía que las disputas frentistas se limitaban a la provincia. Que aquí todo estaba superado y no había pujas en torno al funcionamiento de la coalición de cara al futuro. El concejal Boasso es un personaje controversial -para ser suaves- pero es difícil no escucharlo cuando asegura que el Frente Progresista "jamás funcionó a la manera de la Concertación Chilena, el Frente Amplio Uruguayo o el Penta partido italiano". O cuando dispara que los frentes políticos en Argentina "deben dejar de ser uniones transitorias de empresas". Es más, a nivel nacional Hermes Binner como candidato a presidente obtuvo un respaldo inesperado de los votantes porque tuvo en claro que la cosa no era juntarse por juntarse.

El radicalismo ha crecido electoralmente y ese es el centro del conflicto con el socialismo en Santa Fe. Hace unos pocos años atrás Mario Barletta era rector de la Universidad Nacional del Litoral y no el hombre que le arrebató al peronismo el histórico bastión de la capital provincial. Es cierto que llegó en alianza con el socialismo, pero también es verdad que pudo mostrar gestión propia y legar el municipio a un hombre de su riñón político como José Corral. Y en estas últimas elecciones la UCR santafesina dió otro paso decisivo cuando transformó al presidente del comité provincial Hugo Marcucci, en senador electo por el departamento La Capital, también otro bastión histórico del peronismo.

Boasso se queja de que la intendenta electa Mónica Fein lo llamó sólo una vez para reunirse tras los comicios de julio. Asegura que fue un encuentro muy cordial donde ambos se expresaron un respeto mutuo, pero también señala el edil del radicalismo que fue la última vez que se vieron formalmente. Esta situación hizo crecer en el entorno del propio Boasso en los últimos días, un reclamo que -aseguran- no lo tiene al protagonista como impulsor principal. Estas fuentes radicales indican que "el socialismo no debería dudar en ofrecer a Boasso la presidencia del Concejo Municipal a partir del 10 de diciembre". Sostienen que además de legítimo, el pedido tiene que ver con que la titularidad del cuerpo local quede en manos de un representante del Frente Progresista ya que públicamente la diputada electa María Eugenia Bielsa sostiene que debe ser un peronista, el que ocupe el sillón principal del Palacio Vasallo. El socialismo no cederá tan fácil el puesto y tratará de conservarlo para un hombre de su partido.

Una mujer llamada Griselda.

Como todo vice, Griselda Tessio mantuvo el bajo perfil que le confiere el cargo y nunca puso en duda en qué manos estaban los destinos de la provincia a partir de la asunción de Hermes Binner en la Casa Gris. Pero no es verdad lo que dice Bonfatti cuando la cruza señalando que jamás la escuchó abrir la boca en las reuniones de gabinete o en los encuentros de la mesa chica del Frente Progresista que -dicho sea de paso y a la luz de lo que está pasando- no deben haber sido muchos. Ya en enero pasado, Tessio se reunió y firmó documentos partidarios junto a Barletta en los que reclamaban la reglamentación como partido político del Frente Progresista en Santa Fe. Que el socialismo haya decidido no escuchar aquellos primeros conatos de rebelión no quiere decir que no hayan existido. Todo parece indicar que esta "fiebre pasajera" como denomina Binner a los problemas con el radicalismo; son los síntomas visibles de una infección más servera y prolongada en el tiempo que amenaza con salir por algún lado del cuerpo frentista.

La propia historia de Tessio revela un modo de construcción frentista. No hay que retroceder mucho en el tiempo para recordar que el compañero de fórmula de Binner, que había seleccionado oficialmente la UCR era Carlos Fascendini y no la ex fiscal federal. Pero el entonces candidato a gobernador insistió en la figura de esta mujer que no era muy bien acogida dentro del radicalismo -del que su padre fue una figura histórica y relevante, además de llegar a la gobernación de la provincia-, relegando al ex indentende de Esperanza que configuraba en ese momento un espacio más orgánico del radicalismo santafesino y por ende menos confiable para los socialistas. Es decir, en aquel momento había un radicalismo tan derrotado que ni siquiera pudo imponer el nombre que quiso dentro de la coalición. Eso es lo que ha cambiado y no otra cosa.

Con todo, hay que decir que los socialistas conocen como pocos el alma profunda de los radicales. Los conocen tanto que saben en qué momento deben ceder a sus reclamos y en qué otros deben dejarlos patalear hasta que se cansen. Y esto lo reconoce hasta el propio Boasso cuando afirma que hay que ser claros al señalar que hubo y hay radicales que "como no pueden acceder a un puesto expectante a través de una lista de candidatos, toman el camino más corto y tratan de obtenerlo de la mano del socialismo".

La pelea de fondo dentro del Frente Progresista es, obviamente, entre las dos fuerzas mayoritarias que lo componen. Pero hay otros partidos que también han hecho sus advertencias aunque con menos posibilidades de ser escuchados o de tomar decisiones drásticas. Basta recordar la frase del diputado de la Coalición Cívica, Pablo Javkin cuando mencionó que "un Frente político sin horizonte de alternancia en su conducción, se va debilitanto y resquebrajando internamente de manera inexorable".

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