rosario

Lunes, 8 de enero de 2007

CIUDAD

Furia en el barrio toba por el crimen de un joven

El cuidador de una quinta le disparó a un toba de 23 años porque, argumentó, había entrado a robar. La familia y los vecinos del joven quemaron la vivienda del homicida a modo de venganza.

Un joven toba de 23 años fue muerto ayer a la tarde de un disparo por el cuidador de una quinta a la que habría entrado a robar con otro. El autor del crimen dijo que había actuado así para terminar con las rapiñas que permanentemente se venían produciendo. El episodio ocurrió aproximadamente a las 16.40, en una quinta ubicada en calle Maradona 6100, al sudoeste de Rosario, donde se encontraba en una casilla Ceferino Díaz, de 61 años, que cumple tareas de cuidador de la huerta.

Según informó la policía, en esa circunstancia entraron dos jóvenes con intenciones de robo sacando Díaz un revólver, efectuando un disparo que hirió de muerte en el cuello a Armando Luis Alberto, de 23 años. Díaz declaró que los reiterados robos que sufría, tanto de sus cultivos como de cables telefónicos, lo motivaron para hacer justicia por mano propia, aunque, sobresaltados, los tobas aseguraron que Luis Alberto Armando -el joven muerto- sólo pasaba caminando por el frente de la casa de quien lo mató.

Momentos después, una brigada de la comisaría 19ª detuvo a Díaz y en esos momentos se congregaron frente a la casilla unas 300 personas de la comunidad toba, reclamando una ambulancia, a pesar que el joven había fallecido. También, unas quince personas prendieron fuego a la casilla que terminó destruída, y varios grupos comenzaron a robarse las chapas, mientras que los más jóvenes se llevaron los sembrados de lechuga en cajones.

Una autobomba del Cuerpo de Bomberos Zapadores que llegó al lugar para extinguir el fuego fue apedreada, continuando la tensión unas dos horas, interviniendo autoridades policiales para dialogar con el cacique Catalino Fernández, quien estaba acompañado de un abogado, llegándose a un acuerdo para retirar el cadáver que fue trasladado al Instituo de Medicina Legal, poniéndose fin al incidente.

La versión de los aborígenes fue que el joven asesinado había sido baleado cuando se dirigía a un quiosco de la zona, y que no había pretendido entrar a la quina a robar. Además, aseguraron que Alberto trabajaba como oficial albañil y su compañera está embarazada de ocho meses. El disparo se produjo con un revólver calibre 22 que fue secuestrado por personal de la comisaría 19ª, el mismo lugar donde el autor del crimen quedó detenido.

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Lo vecinos del barrio rodean la vivienda del quintero, que arde al fondo de la imagen. Los tobas aseguraron que el joven muerto sólo pasaba caminando por el frente de la casa.
 
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