satira

Sábado, 6 de junio de 2015

Hoy Sátira Hoy

¿Cómo le va, lector, cómo anda? ¿Cómo pasó esta semana? ¿Pasó esta semana, o se quedó atrapado en uno de los días queconmovieron al país, al mundo, a la galaxia y, si nos guiamos por las palabrasde un presidente un tanto excesivo, a la estratósfera, ¡y más allá!

Claro, lector, porque pretender que las cosas que pasan no tienen que ver con las otras cosas que pasan es (al menos en mi modesta opinión de humorista) un buen truco gatopardista, o sea, de “hablar de cambiar algo, para que nada cambie”.

También sabemos, lector, que más allá de utopías, ectopias y atipias y otras pías, el mundo no va a cambiar de golpe, ni mucho menos, porque a nosotros, desde este humilde rincón del planeta, se nos ocurra meternos con el fondo de la cosa, contra el “sentido común”, que nos llevaría a hablar “de lo que está más a la vista”, o de lo que “los que predican el sentido común quieren que veamos primero”. “Lo de siempre: lo urgente no deja lugar a lo importante”, dijo alguna vez Quino a través de la voz de Mafalda.

¿Pero de qué habla este hombre?, se preguntará usted a esta altura, quizá desconcertado porque ya han pasado varios párrafos y todavía no apareció ninguna frase a favor o en contra de nadie o de nada, como sería lo adecuado en un suplemento “políticamente correcto”.

No tema, lector, no le vamos a esquivar el bulto a nada, usted ya nos conoce y sabe que podemos hablar de todo. Si hay algo que nos parezca que vale la pena decir –cosa que no siempre logramos–, a veces por las limitaciones del tema, o por nuestras propias limitaciones, que las tenemos, y muchas.

Pero estábamos preguntándonos, lector, si no se quedó usted atrapado en uno de los días de la semana que acaba de terminar. Esperemos que no, porque en ese caso no estaría usted acá leyéndonos, sino 3 o 4 días en el pasado, o sea, en otra dimensión. Igual, si ése fuera su caso, tampoco sería tan extraño. Sabemos que en nuestro país, y en el mundo, hay gente que atrasa años, lustros, siglos, milenios, eras geológicas enteras.

En sus discursos, y/o en sus actos.

Solamente así se puede entender que haya femicidios, violencia doméstica o en la calle, acoso de toda clase, violencia obstétrica, y que para intentar detener todo eso haga falta, sea necesario, una marcha como la del pasado miércoles.

Y estuvimos allí.

Fuimos para manifestar que no queremos que maten a nadie: a ninguna mujer, a ningún niño o niña, a ningún varón, ¡a nadie! Y para decir que no queremos que nadie maltrate a nadie. Que no se aproveche de su diferencia de fuerza física, poder económico, posición laboral, miedos o inhibiciones del otro, amenazas... ¡de nada, de nada, de nada! para maltratar a otra persona.

Y creemos que la violencia está en la idea de la posesión de otra persona como si fuera un objeto. Está en la sensación de impunidad. Está en la idea de que la víctima “algo hizo”.

También está en ciertas tradiciones, creencias, que a veces son vistas benévolamente. “¡¿Pero eso qué tiene que ver con eso otro?!”, nos preguntan.

De eso, justamente, trabajamos los humoristas: de mostrar que SI tienen que ver, muchas cosas que parece que NO tienen nada que ver entre sí, o de que ciertos intereses tratan de que no sean relacionadas.

Por supuesto, mostrándolo desde el absurdo. Tal vez desde cierto lugar inconsciente. Ese lugar que puede provocar la risa, junto a la reflexión.

Lector, sigamos hablando de la semana. Que empezó sumergida, empapada, en el escándalo del fútbol que está siendo investigado en los EE.UU., que lo estudiarán hasta las últimas consecuencias y, como dice uno de nuestros chistes de este mismo suplemento, si descubren que el fútbol tiene petróleo, capaz que lo invaden.

¡Qué cosa, lector, cuando uno está con unos amigos en un café, y habla de fútbol de salud, de amor o de proyectos, y recibe un lacónico “vos sos un ingenuo, vos no entendés... esto es un negocio”.

Y uno que siente amor por la camiseta, o por lo que sea... no cree, no quiere creer, que solamente se trate de business.

Porque seguimos gritando los goles, porque nos seguimos enamorando, porque seguimos disfrutando de la vida, no podemos, no queremos creer que “sólo se trata de negocios”.

Pero esta semana uno lee que la Justicia de USA investiga a la FIFA, y no puede menos que imaginarse a Griesa poniéndose la camiseta de... de... bueno, del equipo que cada uno deteste. O peor, la del referí.

Y lo vemos cobrando penal a favor de los fondos buitre, aunque la pelota esté cerca del arco de ellos mismos, y todavía no haya empezado el partido.

Y ojo, no estamos diciendo, nada más lejos de nuestra opinión, que los investigados sean buena gente. Para nada.

Pero por algún motivo nos cuesta ilusionarnos, nos cuesta pensar que de verdad los que se acaban de meter con “la corrupción del fútbol” lo hacen para mejorar el deporte. Más bien creemos que lo hacen en reclamo de sus propias apetencias.

El tiempo dirá si estamos equivocados.

Otra vez, el poder. Otra vez, el abuso del más fuerte.

Lector, sabemos que no es lo mismo. No estamos tratando de mezclar las cosas para diluirlas. No pudimos ni quisimos dejar de mencionar el tema de la violencia doméstica, de los femicidios, de los acosos, porque nos duelen. Y porque son unos de esos temas que suelen superar “los límites del humorista”.

Pero este suplemento es sobre la FIFA, y sobre aquellos que la investigan, y que no son, quizá, los indicados para tirar la primera piedra.

Hasta la semana que viene, lector.

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