satira

Calabacita mía

Por Rudy

Es difícil, lector –y usted que nos conoce lo sabe tan bien como nosotros–, hacer humor en estos días tristes. Porque hay hechos insoslayables, desde lo público y también desde lo personal, lo más íntimo, que nos afectan (y nuevamente, usted lo sabe tan bien como nosotros). De pronto, hay hechos que no dan lugar para el humor, y que tampoco se pueden (ni se quieren) dejar a un costado y seguir como si nada hubiera pasado. Porque algo pasó. Y quiero decirlo con claridad: algo “nos” pasó. O más claro aún: “Alguien” nos pasó.

Y podría explayarme en esta columna sobre la tristeza y la “falta” que seguramente comparto con usted, lector, con usted, lectora. Y seguramente usted estaría de acuerdo más allá de sus ideas políticas, más allá de su forma de pensar. Porque usted, nuestro lector, nuestra lectora, es alguien que piensa. De la manera que sea, con su matiz personal, pero es alguien que piensa. Y suele pasar que la gente que piensa necesita, desea, extraña a “la otra gente que piensa”. Quiero decir, aquellos que ponen en juego las neuronas, que proponen cambios, que amplían os paradigmas (o sea el conjunto de las situaciones posibles).

Y estamos tristes entonces, porque falleció un hombre, Néstor Kirchner, que sin duda propuso, nos propuso, incluso a los humoristas, debatir, ampliar el conjunto de “posibles”.

Hagamos un poco de historia. En 1989 Angeloz decía: “Se puede, se puede, se puede”, y Menem le dijo, nos dijo: “No, no se puede, solamente yo puedo” y durante más de 10 años el discurso predominante era ése. “Solamente Carlos puede”, y tanto fue así que ¡¡¡De la Rúa logró triunfar proponiéndonos el aburrimiento!!! ¿Es creíble, es pensable, imaginable, que el aburrimiento pueda ser la carta de triunfo para un presidente de la Argentina? Lo fue, lo fue.

Y después, todos sabemos lo que pasó. Y en 2003, otro discurso propone un nuevo debate sobre los derechos humanos, sobre Latinoamérica, sobre inclusiones y exclusiones, sobre la deuda externa, sobre la Justicia. Con pasión, con argumentos, con todo (menos aburrimiento, eso sí). El debate no ha terminado. Néstor Kirchner no cerró ese debate, pero lo abrió. O al menos, ayudó a abrirlo.

Y los humoristas, que no podemos hacer otra cosa que reflejar la realidad, nos encontramos también con estos nuevos temas. O en todo caso, si los temas no eran nuevos, sí lo era, lo es, lo sigue siendo, la forma de debatirlos, de pensarlos.

Y después del miércoles pasado, lector, la tristeza por la muerte, pero también, en algún lugar, el recuerdo de su vida, de su vitalidad, de ese hombre, “que supo abrir la puerta para ir a pensar”.

Seguimos la semana que viene, lector.

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