satira

Quiero tus dólares

Lector, lector, ¿usted tampoco puede? ¡Mire que para esto no hay Viagra que valga, eh! Digo, ¡cuando la AFIP dice “no”, es “no”! O al menos “por ahora no”, o “esta noche no”, o “bueno, sorprendeme con algo lindo, con una buena excusa, haceme un buen verso, proponeme un viaje, una casa nueva, algún proyecto que me indique que tus intenciones son serias y tal vez te dejo”. Pero si no, no.

Y usted, quizá, despechado, va a buscar afuera lo que no consigue en los lugares legales y legítimos. Se mete en cualquier cueva donde le ofrecen un cambio y dice: “¿Cuánto?”. Y ahí nomás lo tientan, le dicen que usted es un tipo muy comprador, y le venden, lector, le venden...

Pero, ¿era necesario? ¿De verdad tenía tantas ganas? ¿Necesitaba satisfacer su urgencia casi biológica de transformarse en una especie de Increíble Hulk todo verde? ¿O se trata de un síntoma neurótico, tipo demostrarse a usted mismo y a sus vecinos que “usted está más allá”? O simplemente cree que así como la espinaca le daba fuerzas a Popeye, los verdes billetes le darán a usted no sólo fuerza sino estabilidad, confianza, invulnerabilidad, potencia sexual, poder de seducción, supervista, aliento fresco, inmunidad contra la gripe porcina, mirada profunda e imagen de George Clooney ante cualquier presencia femenina.

Algunas frases de nuestra historia: “El que apuesta al dólar, pierde”, “El que puso dólares, recibirá dólares”, “Por cada peso vamos a dar un dólar”, “Queremos un dólar recontra alto”, nos llevan a pensar que la mitología supera, con creces, a la lógica.

Si se refiere a seguridad, no me consta que haya un mecanismo en los billetes verdes que impidan ser afanados; recuerdo sobre todo aquellos tiempos de fines de 2001, en el que “la intangibilidad de los plazos fijos podría haber sido nominada al Martín Fierro a la ley menos cumplida de la República Argentina”, superando por poco a la Ley de Murphy.

O sea, lector: la vida es incertidumbre; y en dólares, la incertidumbre se multiplica por 6,15, o por 5,70, depende del día. (Obviamente, lector, no estoy hablando ni por asomo de aquellos casos en los que realmente se necesita la moneda extranjera.)

Pensar en dólares es más caro, y pensar en euros... bueno, Grecia, España, Italia Portugal, Irlanda... ¿Le digo algo más? ¿Pensar en yuanes? ¡Chino básico!

Entonces, ¿sabe qué, lector? Sigamos pensando en chiste.

Hasta la semana que viene.

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Sábado, 2 de junio de 2012
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