satira

¡Al infinito y más acá!

¿Cómo le va, lector, cómo anda? Qué pregunta difícil de contestar, ¿no? Si lo pensamos un poco, uno no sabe muy bien “cómo anda”. Como dijeran Ortega y Gasset (chiste, ya sabemos que es uno solo), y no Unamuno, como dijera yo en este espacio hace unas semanas: “Uno es uno y sus circunstancias”.

En realidad, Unamuno podría haber dicho “Uno es Unamuno y sus circunstancias” pero tampoco lo dijo. Lo que parece que sí dijo es “venceréis, pero no convenceréis” al enfrentarse al franquismo. Antes había dicho, volviendo del exilio impuesto por el “fascista antes del fascismo” Primo de Rivera, en 1930, “Como decíamos ayer”, frase que también habría dicho Fray Luis de León, casualmente al volver también el de la cárcel, pero en el siglo XVI.

Fray Luis de León habia estado preso “por traducir libros prohibidos”, lo que demuestra que algo hemos mejorado en cinco siglos. Ahora, no hace falta meter preso al traductor, se puede contratar una buena campaña publicitaria, o ningunear al libro en los medios, o cerrar centros culturales. O generar un fuerte movimiento para que la gente haga otras cosas en lugar de leer.

¡Hay tantas maneras de evitar que ciertas ideas trasciendan!

... “Y sin embargo se mueve”, como dijera el también perseguido por la Inquisición Galileo Galilei, al insistir en su teoría de que la Tierra no estaba tan quieta como tantos creían y otros querían, y otros querían que los otros creyesen, y así.

Tiempos muy difíciles, los de la Edad Moderna. No había smartfones ni Wasap ni Tachangou ni ninguna de esas cosas imprescindibles hoy en día para sentir que uno está vivo, o sea, perteneciendo a algo. O cosa parecida.

Pero toda esta perorata no resuelve “ni ahí” nuestra pregunta inicial, ese “cómo le va”. A lo sumo se puede acercar a un tímido “¿cómo le fue, lector?” refiriéndonos, ahora, a su pasado. Y quizás usted nos pueda decir poco respecto de su vida en la Edad Moderna, en los tiempos de Fray Luis de León, o de Galileo, o incluso, los de Unamuno. Porque es probable que no hubiera nacido.

¡Pero para eso están las terapias de vidas pasadas, lector! Usted puede consultar a un especialista, que por unos buenos pesos, dólares, euros o maravedíes –sería lo lógico, al tratarse de una terapia del pasado–, le curará la neurosis de su recontratatarbuelo. Y usted podrá irse de allí tan loco como antes, pero con el alivio de saber que son antepasados están mejor. No es poca cosa.

Si usted cree que estamos delirando, consulte el diario del pasado miércoles, donde verá que la gobernadora de Carolina del Sur, Iunaited Steits, afirma que acaban de tener “la peor inundación de los últimos mil años”.

Y nosotros, curiosos como somos, ridículos como somos, detectores de absurdos como somos, no podemos dejar de preguntarnos: ¿Cómo lo sabe?

¿Cómo puede saber lo que pasó hace mil años? ¿Qué aparato tenían hace mil años para detectar inundaciones? ¿Acaso vivía allí gente de edad milenaria? ¿Hizo “terapia de lluvias pasadas”? ¿O será que (nosotros no creemos esto, pero es necesario incluirlo) la gobernadora exageró un poquito como manera de echarles la culpa a los tiempos, a la adversidad, a las circunstancias, a Ortega y Gasset, a Unamuno, a Fray Luis de León, o a quien sea, menos a su propia gestión?

Pero no lo creemos, los políticos jamás hacen eso.

El asunto, lector, es que por ahora las preguntas “¿Cómo le va? ¿Cómo le fue?” no tienen respuesta.

Entonces, usted ya nos conoce, sabe que hacemos todo lo que podemos por simplificar lo que parece complicado, pero sobre todo por complicar lo que parece simple, vamos a dar un paso al mas allá, y le vamos a preguntar “¿Cómo le va a ir?”

Sí, lector, le estamos preguntando por el futuro.

Y usted puede responder, si quiere...

  • Bien, como siempre

  • Como el tujes, como siempre

  • ¿Cómo me va a ir dónde, cuándo, con quién?

  • No lo sé, todavía no consulté a mi teleprompter

  • n Mire, según Lilita se viene el Apocalipsis, así que yo no me preocupo más

  • A mí bien, pero al país muy mal, como siempre

  • A mí no me va a ir, ¡yo me voy a ir!

  • A mí no me va, ni me viene

  • No sé. ¿Usted sabe algo?

  • Los medios dicen que mal, así que bien

  • No lo sé, todavía no lo pude consultar con mi circunstancia

  • Venceré, pero no convenceré

  • Las encuestas dicen que las encuestas dicen

  • ¡Y a usted qué le importa, métase en sus asuntos!

  • ¿Cómo me va a ir tipo comprador o tipo vendedor?

Y así podríamos seguir y seguir y seguir, lector, Porque del futuro, no sabemos anda, pero nada de nada. En verdad usted podría decir que del pasado sabemos lo que nos contaron, y del presente, lo que nos cuentan, así que del futuro podemos saber “lo que nos contarán”. Pero ya nos conocemos, y ni usted ni nosotros creemos semejante cosa.

Y sin embargo, nos la pasamos hablando del futuro. De eso que no sabemos nada, pero nos gusta creer que sí.

Nos encanta saber lo que va a pasar, justamente, porque no lo sabemos.

Y nos da miedo no saberlo, nos da miedo la incertidumbre, pero... “Eppur, si mueve”. Si supiéramos lo que va a pasar, si tuviéramos la certeza de lo que viene, la vida sería mucho más dura, insoportable y aburrida.

Si no me creen, pregúntenle a De la Rúa. El tampoco va a tener la respuesta, pero se van a aburrir un rato en el intento.

Hablamos de satélites, de agua en Marte, de la masa de los neutrinos, de cosas que tienen poco que ver quizá con la vida de hoy, pero, suponemos, van a incidir con fuerza en “lo que se viene”. ¡Por favor, lector, no confundir “lo que se viene” con “la que se viene”! Son ideas distintas, casi opuestas.

Bueno, lector, de todo eso, de ese futuro que queremos y a la vez no queremos predecir, trata este suplemento. Como siempre, lo hicimos con lo mejor de nosotros mismos. Nuestro humor.

Hasta la semana que viene (ésta sí es una predicción).

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