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Viernes, 27 de noviembre de 2009

MI MUNDO > ADELANTO

Aullido de placer

Junto con sus amigos Jack Kerouac, Gregory Corso, William Burroughs y Gary Zinder, Allen Ginsberg definió la estética de la generación beat en los años ’50: modernos, descarriados, anarquistas de la palabra, buscadores de tesoros sexuales en las rutas americanas. Quería ser Dios, quería ser el ser más brillante de América y logró las dos cosas a su manera. Lo que sigue es un adelanto de la histórica entrevista concedida a Lawrence Grobel en 1985 que la editorial Belacqva acaba de publicar completa en el libro Una especie en peligro de extinción. Doce escritores hablan sobre su oficio, sus ideas y su vida.

Norman Mailer escribió una oda a usted en la que decía: “A veces creo que ese pequeño bastardo judío, esa horrible marica judía, es el hombre más valiente de América”. ¿Qué pensó al leer eso?

–Me gusta Norman. Es todo generosidad y energía, y es muy amable, pero eso fue un poco histérico. ¿Por qué creyó que yo era valiente? ¿Tenía algo en su interior que tenía miedo de mostrar? Ser coherente con uno mismo, con tu cuerpo y tus sentimientos no es gran cosa. Es más fácil que dividirse en dos y convertirse en un esquizofrénico. Desde el punto de vista de la represión puede parecer valentía.

También parece ser un poeta a tiempo completo. ¿Fue necesario, en San Francisco, acudir a un psiquiatra para liberarse de cualquier sentimiento de culpa por no tener un trabajo convencional?

–Fue un poco más complicado. Me preguntó qué quería hacer, en 1945, y yo dije que me gustaría mudarme con Peter, dejar mi trabajo y dedicarme sólo a escribir. Y él dijo: “¿Entonces por qué no lo hace?”. Yo dije: “¿Qué me pasará cuando sea viejo y tenga manchas de pis en mi ropa interior y nadie me quiera? ¿Qué me pasará si me aíslo de la vida normal?”. Y él dijo: “Oh, no le pasará nada. Debería hacer lo que quiera”. Yo dije: “¿Qué diría la Asociación Americana de Psicoanalistas?”. El dijo: “No hay una línea oficial de partido”. Y eso tenía sentido: no había tal línea oficial. Todos somos libres de escoger y crear nuestras vidas con cierto juicio e inteligencia, hacer lo que crees en lugar de asumir la autoridad de una Asociación de Psicoanalistas, un papa, un presidente, un general, un capitán de la industria, incluso un artista o un gurú, a pesar de todo, tienes que hacer lo que creas que es correcto.

¿Ha pagado usted un precio muy alto por su forma de vida? Ha dicho que la homosexualidad ha sido como un koan, un acertijo zen para usted.

–Bueno, debe de haber sido así, porque de lo contrario no lo habría dicho. ¿Me está preguntando qué quise decir con eso? Que me apartó de la mayoría de la gente y me hizo cuestionar mi propia identidad y preguntarme quién soy, es un koan célebre. Un koan es un acertijo relacionado con la mente, personalidad, ego que te hace explorar la naturaleza de la propia conciencia.

¿Cuánto coraje fue necesario para reconocer en público su homosexualidad?

–Ninguno. Más bien diría que necesité mucho coraje para mantenerlo en secreto. Es como ir por ahí mintiendo constantemente. Te provoca una crisis nerviosa. Cuando a los 18 años le dije a Kerouac que era gay dejó de parecerme un problema.

¿Cómo reaccionó Kerouac?

–Refunfuñó y supo que habría problemas. Yo les gustaba a Kerouac y a Burroughs, y ellos me gustaban a mí. Kerouac se quedó un poco angustiado e incómodo porque yo lo quería y finalmente acabamos en la cama juntos algunas veces. El era muy ambivalente con eso, y básicamente heterosexual. No quería que lo agobiara con mis necesidades, pero por otro lado era muy solidario. Así que, dada la cercanía que todos sentíamos como escritores, el mundo exterior donde todo el mundo estaba encerrado en el armario parecía una maníaca carrera de ratas, inquietante. Yo no me sentía inquieto porque aquélla era mi naturaleza, pero sin duda había una situación represiva en la que la gente tenía un amor que no osa decir su nombre. En eso había algo malo, algo realmente enfermo. Pero yo me sentía en una situación perfectamente sólida. Especialmente después de leer a Walt Whitman, que tenía los mismos sentimientos que yo.

Usted empieza su poema “Many Loves” así: “Neal Cassady fue mi animal: me ponía de rodillas y me enseñaba el amor de su pija y los secretos de su mente”. Después describe una excitante noche que pasó con él en 1946.

–Me alegro de que se excitara.

El quería complacerlo y usted cometió un error. ¿Cuál fue ese error?

–Lo está sacando de contexto, lo cual lo hace sensacionalista, no es que no lo sea. No es que esto no sea pero lo está aislando. Déjeme leer el final:

“Levanté los muslos y me bajé los calzoncillos hasta las rodillas/ y me incliné para quitármelos./ Y él me alzó de su pecho, y se inclinó para hacer lo mismo con sus pantalones./ Humilde y sumiso y obediente a su humor nuestro silencio./ Y desnudo al fin con el ángel & griego & atleta & héroe y hermano y niño de mis sueños,/ yazgo con mi pelo mezclado con el suyo mientras él me pregunta:/ ¿qué debemos hacer ahora?/ Y confesó años más tarde,/ penando el que yo no era marica al principio para complacerme y servirme,/ chupármela y hacerme acabar, quizás, o si yo fuera marica eso es probablemente lo que hubiera querido de un cantón idiota como él./ Pero cometí mi primer error,/ y lo hice,/ entonces y allí, mi dueño,/ y bajé la cabeza, y sosteniendo su nalga,/ tomé su pija en erección y la sostuve, sintiendo el pulso y apretando la mía contra su rodilla y jadeando le mostré que lo necesitaba, la pija, para mis sueños de insaciabilidad y de amor solitario. Y allí yací desnudo en la oscuridad soñando”.

¿Me pregunta cuál fue el error? Ser demasiado explícito, en lugar de juguetear con él para lograr que me la chupara, fui y se la chupé a él, y desde entonces nuestros papeles quedaron establecidos.

En una carta a Cassady, usted le dice: “Siempre estaré solo hasta que muera y viviré atormentado mucho después de que me dejes”.

–Es cierto. Eso probablemente se pueda aplicar a todo el mundo, pero llevaré solo la cruz si nadie más lo hace.

¿Siente que siempre ha estado solo?

–Por supuesto. ¿Usted no? ¿No lo siente todo el mundo? Estamos solos. Morimos solos. En nuestro lecho de muerte, ¿cree que vamos con nuestros novios y novias, productores de Hollywood y abogados? Estamos en nuestro lecho de muerte todo el tiempo.

¿Se siente mal por no haber tenido hijos? Eso le habría permitido quizás estar menos solo.

–A veces sí. Sin duda. Pero no estoy seguro de tener el deseo de tener todo lo que acompaña al hecho de tener hijos. Sería muy difícil. Tendría que tener una casa, una esposa, y eso implica mucho trabajo.

En una ocasión quiso escribir un poema largo con los nombres de todas las personas con las que se acostó. ¿Sería muy largo?

–Ya me he olvidado de toda la gente, de modo que ya no es posible.

¿Cuántos polvos del siglo se ha echado?

–No lo sé. A veces pienso en eso y no me acuerdo. He escrito un aparte importante de ese poema, pero tratándose de personas vivas no quiero exponerlas a mis chismes, es demasiado morboso. Es una cuestión estética. Además siento afecto por varios hombres heterosexuales y he mantenido algunos romances, lo cual hace un poco más difícil ser francos. Es el caso de, por ejemplo, Peter Orlosvsky.

¿Puede un hombre tener relaciones homosexuales y ser considerado heterosexual?

–Sí, heterosexuales en el sentido de que no preferirá sobre todo experiencias gays. La gente que prefiere sobre todo experiencias heterosexuales es heterosexual. Hay una infinita variedad entre medio. Según Kinsey, casi todo el mundo lo hace todo en un momento u otro. Dijo que la mayoría de los hombres ha tenido un orgasmo o más con hombres y que la mayoría de las mujeres ha tenido orgasmos con mujeres, y que el número de personas que siente constantemente atracción por las personas de su mismo sexo es de un 5 o un 10 por ciento.

Usted no ha llevado una vida exclusivamente homosexual, ha hecho el amor con mujeres...

–Bueno, ellas me han hecho el amor a mí. He estado enamorado de mujeres, sí. Y me he acostado con ellas.

Usted ha dicho que podría hacerles el amor a muñecas de peluche rubias y calientes. ¿Cómo le suena esto ahora?

–Bastante atractivo.

¿Fue promiscuo después de hacerse famoso como poeta?

–Más. Más promiscuo. La gente sabía quién era yo y quiénes eran mis amores. Y a veces se identificaba y a veces era más fácil hablar con toda claridad porque lo esperaban. Si me gustaba un chico podía hablar con él perfectamente y declararle la atracción que sentía y esperar tener suerte.

Usted ha sido muy elocuente respecto de los placeres del sexo anal.

–Hablé de ello en una entrevista en Playboy porque creía que había llegado el momento de que cierta exploración de esa zona se llevara a cabo abiertamente, porque es la zona de mayor miedo y la mayor ansiedad del machismo. Es también la situación menos horrible y menos aterradora.

¿Es posible alcanzar un orgasmo anal?

–Yo no soy capaz. No es que no lo haya intentado, pero todo el mundo tiene un equilibrio fisiológico distinto. Alguna gente cuando tiene un orgasmo se tensa y alguna gente se relaja. Burroughs ha dicho que ha visto a Dios en el agujero de su culo en el fogonazo del orgasmo. Ese es el simbolismo de las escenas de ahorcamiento en El almuerzo desnudo, el orgasmo involuntario: mira, sin manos.

¿Han cambiado sus hábitos sexuales desde que el sida se convirtió en una enfermedad tan extendida?

–No han cambiado mucho, porque me he estado acostando sobre todo con hombres heterosexuales.

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RETRATO DE ALLEN GINSBERG Y GREGORY CORSO TOMADO EN 1961 POR PETER ORLOSVSKY
 
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