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Viernes, 29 de abril de 2011

A LA VISTA

El renacimiento

Un paso individual pero significativo en el camino a la ley de identidad de género

 Por Valeria Licciardi

El pasado viernes 15 de abril mi corazón latió muy fuerte: quedó firme la sentencia de la jueza Elena Liberatori que reconoce la identidad de género a seis chicas trans, incluida entre ellas yo. La presentación fue realizada por el equipo de abogados de la organización 100 x 100 Diversidad, que nos hizo obtener nuestro DNI con la identidad que tenemos, que fuimos contrayendo y con la que nos sentimos libres.

No tener DNI es más trágico que perderlo. Les aseguro, y ya saben cómo se siente una cuando lo pierde... Significa la negación del derecho básico y cosas básicas: acceder al sistema de salud, conseguir trabajo o tener aportes jubilatorios u obra social, firmar contratos y hasta votar. Yo hasta el momento no usaba tarjetas de crédito ni realizaba operaciones bancarias, me resultaba incómodo tener que aclarar datos de mi vida íntima.

La conquista me gusta más que el logro. Todo lo que tenga cierto riesgo y me demande más trabajo es el lugar hacia donde me dirijo. Si veo algo que no sirve en un lugar determinado, lo cambio y lo ubico en otro lugar. Eso hice con mi vida.

Muchas personas abandonan los estudios, otras personas no van a votar para no pasar por la situación indignante de hacer fila en la mesa de hombres. Estadísticamente está comprobado que el 64 por ciento de la comunidad trans no termina la escuela primaria y el 20 por ciento no termina el secundario.

La ley de identidad de género busca asegurar el reconocimiento mediante el cambio de nombre y sexo en el documento y de esta manera acceder también a otros derechos.

Hay otros países que cuentan con la ley de identidad de género: Holanda, Italia, Alemania, Suiza, Nueva Zelanda, Australia, Turquía, algunos estados de EE.UU., Uruguay, Colombia, Bélgica, Finlandia, España, Canadá, Sudáfrica y Suecia desde 1972.

La identidad en nuestra nación es un tema que deberíamos seguir tratando; por nuestra historia y por nuestro futuro, estaría bueno que nuestro país se tragara una lupa y mirara su interior sin excusas, ser corajudos y jugarnos a ser lo que queremos ser. La identidad de una persona ampara el derecho a no ser discriminado, además del acceso al mundo. La identidad no es sólo un nombre y un apellido, hay una historia, costumbres, empieza en el nacimiento y se desarrolla durante toda la vida.

En mi caso, no hubo nada especial ni raro, simplemente me desarrollé de la manera que yo quise y se fue dando con el tiempo. Me crié en Adrogué con mi mamá, mi papá y mis hermanos David (28), Magalí (20). Recuerdo que jugaba con la barra del barrio y en el colegio me juntaba con chicas, fui al mismo colegio desde jardín, así que todos vieron cómo me fui desarrollando. Nunca me atrajo una mujer, ni desde el sentimiento ni físicamente. Nunca tuve relaciones con una mujer, y no es una cosa que tenga negada, simplemente no me pasó. De mi papá heredé la capacidad, el emprendimiento; de mi mamá, la sensibilidad.

Siempre fui autodidacta, empecé reciclando ropa, vendiendo productos vintage, fui vestuarista, asistente de producción, actualmente trabajo en un restaurante, y estudio teatro.

Haber obtenido el DNI hace que tenga ganas de hacer muchas cosas y creo que lo que me pasa es eso; de chiquita fui muy curiosa y eso me hace investigar todo el tiempo y querer ver, hacer cosas nuevas, y si algo de eso nuevo me gusta lo quiero experimentar. Estudiar es algo que valoro mucho, tener esa posibilidad es genial para cualquier ser humano. Me gustan las carreras humanísticas, también me gusta viajar, tengo en plan ser azafata, porque me gusta volar. Voy a seguir estudiando y ahora tengo todas las posibilidades de seguir investigando y ver qué ser con todo eso. Mi deseo en lo personal es poder llegar a ser mejor persona, y lo principal siento que lo he logrado: sentirme reconocida en mi identidad, dignificada, como diría Eva Perón.

Me gustaría aprovechar este medio para agradecer a todos los que hicieron posible con sus energías, sus palabras y su compañía que esta celebración se haga realidad: a Martín, Charly y Hernán de 100 x 100, a Moroca y su equipo de abogados, para Alba un cariño especial, a mis compañeras de lucha Paula, Martina, Julieta y Romina, a mis amigas del alma: Naty, Romy y Agus. A mi familia, por enseñarme a ser leal con mis sentimientos y con mis valores, eso también me ayudó a tomar decisiones; a mi mamá, que no me aconsejó nada especial, su compañía ya era un consejo; a mi psicóloga Norma, maravillosa, a los que me quieren, Carmen, Germán, mi perro Jorge y compañeros de mis distintas labores. Gracias por estar y ayudar a que muchas cosas se modifiquen, crezcan y se transformen.

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